ENTREVISTAS

Contar historias es hacer un inventario de los conflictos de los seres humanos / Entrevista a Alberto Salcedo Ramos sobre el boom de la crónica latinoamericana

Para algunos críticos la crónica latinoamericana periodística hecha en América Latina vive un momento de esplendor. Libros, ensayos, reportajes se suceden a lo largo del continente para tratar de explicar y darle voz a este fenómeno cultural, que no es tan reciente, por un lado, y que tampoco es que sea un boom, como dicen algunos, porque en América Latina la crónica existe desde hace muchos años, y que para algunos tiene nombre y apellido de grandes escritores que hicieron de la crónica un nicho de trabajo para poder sobrevivir.

Por supuesto el nombre de García Márquez nos viene a la mente de inmediato, pero no solo por las brillantes crónicas que escribió el Premio Nobel colombiano en sus inicios en el periodismo en los diarios de Barranquilla, sino también por el uso que le dio en libros excepcionales como Crónica de una muerte anunciada o Noticia de un secuestro. Y si nos referimos a la crónica y a García Márquez, sin duda también tendríamos que hablar de la Fundación para el Nuevo Periodismo, que el Nobel fundó para darle herramientas a los jóvenes periodistas latinoamericanos.

Pero hablar de esta “boom de la crónica latinoamericana” sin mencionar el nombre del periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos es un despropósito, pues el periodista nacido en Barranquilla en 1961 ocupa un lugar central del periodismo latinoamericano contemporáneo, junto a Julio Villanueva Chang, Juan Villoro, Pedro Lemebel, Leila Guerriero o Martín Caparrós, autores y periodistas que son considerados como los renovadores del género en nuestro continente.

Alberto Salcedo Ramos es considerado como uno de los nuevos maestros del género de la crónica, después de haber publicado en revistas de su país como Soho o El Malpensante o en la famosa revista peruana Etiqueta Negra, que dirige Julio Villanueva Chang, y ha sido incluido en antologías del género como “Mejor que ficción. Crónicas ejemplares” que la editorial Anagrama publicó en 2012 o en Antología de crónica latinoamericana, publicada por la editorial Alfaguara en el 2012.

Salcedo Ramos ha retratado como pocos los personajes de la cultura popular de su natal Colombia. Nadie como él ha retratado al famoso “Kid Pambelé” el primer campeón del mundo nacido en su país, famoso por sus excesos y su vida desordenada, quien sin embargo sigue siendo un ídolo de las multitudes de la ciudad de Cartagena.

La editorial mexicana Almadía publicó recientemente una colección de crónicas del periodista colombiano a la que título Los ángeles de Lupe Pintor, en donde el periodista colombiano presenta una crónica excepcional sobre otro boxeador, el campeón mexicano Lupe Pintor, de quien el periodista colombiano nos dice en entrevista que “es un boxeador de un gran corazón, un boxeador que representa fielmente el estilo del boxeador mexicano, que no te da nada por perdido, un boxeador que jamás se entrega, jamás se rinde, le tienes que ganar en el ring porque él no te va a regalar su propia derrota, tú tienes que derrotarlo, él no se va a derrotar de antemano, un boxeador lleno de emotividad, pero también es un hombre inteligente que cuando se retiró del boxeo lo supo entender y llevar una vida distinta y no quedarse estancado en ese vagón del tiempo de color sepia en el que suelen quedarse estancado los boxeadores una vez salen de los reflectores.”

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Cuántos años de trabajo representa Los ángeles de Lupe Pintor que Almadía publica ahora en México?

Alberto Salcedo Ramos (ASR): Este es un libro que recopila crónicas de diferentes momentos, calculó que agrupa crónicas de los últimos diez, quince años, en donde están representadas algunas de las obsesiones temáticas que he tenido, como el conflicto armado en Colombia, el deporte, los héroes, los anti héroes del deporte, los caídos del deporte y algunos de los personajes de la cultura popular.

JMH: Uno de los hilos conductores de este libro, uno de tus obsesiones temáticas como dices, es la región de la costa caribeña de Colombia y sus personajes y tradiciones populares.

ASR: Como yo nací allá es inevitable que hable de ella, cuando hablo se me vienen los elementos de mi región a la boca, de mi cultura, crecí en una zona poblada de ruidos, de voces, una región muy oral, una zona en donde la vida fluye puertas hacia afuera, una región que tiene una banda sonora demencial, llena de ruidos, de música, de estridencia porque en mi región quien habla en murmullos se ve como sospechoso, es visto como si estuviera tramando algo, creo que a eso se debe que mi prosa tanga mucha oralidad, soy un tipo de autor que se preocupa por conquistar el oído del lector, no entrarle por el ojo, sino por el oído.

JMH: ¿Cómo llegan las historias que decides trabajar: las escoges tú o ellas te escogen a ti?

ASR: Las escojo con el criterio de que tengan universalidad, de que me permitan reflejar los conflictos de los seres humanos y de que yo establezca con ellos un feeling, una química, he tratado de contar historias que van más allá de las ventanas que me limitan y eso es algo que le agradezco a mi oficio, que me ha permitido conocer y conocerme.

JMH: Pienso en la crónica del “Champion” el boxeador Rodrigo Valdez, que es una crónica con un ritmo trepidante.

ASR: Es un ritmo muy Caribe, es que en el Caribe dice las dos primeras palabras y ya suena a diálogo, y la tercera palabra ya suena a música, con la tercer palabra uno ya necesita sacar las maracas y es que en Colombia no hay ninguna calamidad, que tarde o temprano que no se vuelva bailable, tenemos una gran capacidad endemoniada de oscilar entre lo dramático y lo folletinesco, entre lo trágico y lo frívolo, entre el horror y el folklore, en Colombia no es un muy largo el camino del país de la rumba al país que se derrumba.

JMH: En la crónica sobre Emiliano Zuleta, el compositor de la canción de “La gota fría” en donde lo escuchamos decir que “crecimos con todo y sin nada”, en una alusión directa a las difíciles condiciones sociales y económicas que vive mucha gente en la región caribe.

ASR: Creo que esa es una crónica nos muestra a un trovador de la cultura popular que podría encarnar la vida de un trovador de cualquier otro país de América Latina, la vida de un hombre aquerenciado en su espacio geográfico, un hombre que ha tenido en el canto una posibilidad de acompañamiento en su rutina de trabajo, un hombre que utilizó la música para expresar su esencia como persona, un hombre que encontró en la música una patria, la música le permitió ser lo que no hubiera podido ser si no hubiera cantado.

JMH: La violencia es otro de los hilos que conducen tu libro, por desgracia me parece un tema inevitable si quiere uno acercarse y hablar y conocer más sobre la historia de algunas regiones del país.

ASR: En Colombia la violencia no es un tema que uno escoja, es un tema del que uno no se puede sustraer, es un tema que hace parte de lo que nos afecta, si estas en la gran despensa de temas y de historias que hay en Colombia vas a tener el tema de la violencia ahí en la mano.

JMH: Otro de los personajes que retomas en tus crónicas es al futbolista Darío Silva, quien triunfó en Europa jugando al futbol, deporte para el cual tenía una condiciones extraordinarias, pero que te dice en algún momento que el futbol solo era un “laburo” más.

ASR: Darío Silva es un personaje que tuvo una vida de irresponsabilidad como deportista, estaba dotado de un gran talento y agradecí mucho su testimonio, porque fue muy sincero, muy humano, pero algo mal en un continente cuando se les exige más a los futbolistas que a los deportistas, algo anda mal cuando un padre se queja amargamente de un futbolista pero le perdona todo a sus políticos, dizque que porque los deportistas deben ser ejemplos para nuestros hijos, los deportistas no están allí porque tengo que constituir un ejemplo para nuestros hijos, si tú vas a educar a tus hijos viendo vídeos de Maradona o de cualquier otro deportista, así te irá.

JMH: ¿Qué simbolizan los boxeadores en América Latina, por qué su figura se vuelven tan icónica, tan grande?

ASR: El deporte es el único lugar en donde aún se encuentran héroes, tal vez también el último lugar en donde aún se encuentran héroes incontaminados, aunque es cierto que cada vez hay más corrupción en el deporte, pero esta aportada muchas veces por los dirigentes y no por los mismos atletas y es que el deporte es una expresión de lo que somos, quien es el truhán o el caballero, el deporte es una puesta en escena de la condición humana, no por nada Albert Camus decía que lo más importante sobre la moral lo aprendió viendo futbol, cuando una aguza el ojo para ver las competencias deportivas termina sabiendo más sobre los seres humanos y por lo tanto sobre uno mismo.

JMH: Nunca abusas del dato duro en tus crónicas.

ASR: Contar historias es hacer un inventario de los conflictos de los seres humanos, pero hay que saber hacerlo de tal manera que no se vulnere la dignidad de las personas, por lo que hay que abordar la historia desde los ojos del otro para tratarlo con respeto y comprenderlo.

JMH: Quería preguntarte sobre el boom de la crónica latinoamericana ¿Qué lo provoca? ¿Existe este boom?

ASR: Creo que se ha exagerado ese llamado boom, porque siempre han existido grandes cronistas latinoamericanos y creo que últimamente la crónica se ha vuelto una moda y eso es lo peor que le puede pasar, ahora yo noto en algunos de los cronistas que han surgido en los últimos tiempos un afán de protagonismo, un narciso, que ha descuidado muchísimo, el compromiso del periodismo con la realidad, ahora hay mucha gente interesada en decirnos narcisamente todo lo que le va pasando y las redes sociales contribuyeron muchísimo a que los seres humanos se volvieran paparazis de sí mismo, antes la gente solo salía desnudo en alguna revista cuando al paparazis te perseguía y te tomaba la foto, ahora el paparazis ya no es necesario, ahora porque tú mismo te desnudas y te tomas la foto, yo creo que ese síndrome del narciso moderno que cree que todo lo que le pasa es noticia, se está viendo mucho en la crónica contemporánea.

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Javier Moro Hernández

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