Opinión

Disentir, asentir, consentir / Opciones y Decisiones

 

La toma de decisiones públicas en México, particularmente hechas de manifiesto en los últimos siete días, ha conformado auténticamente el núcleo de un huracán político. El sensible fallecimiento del cantautor Juan Gabriel, Alberto Aguilera Valadez, acaecido el domingo 28 de agosto, no tan solo enlutó a su país de origen sino al mundo de la música popular de habla hispana. Las decisiones tomadas por su familia respecto de los procesos funerarios respectivos y la disposición final de sus restos, ha conmocionado al gran público en general y a los habitantes de su natal Carácuaro, Michoacán, habida cuenta de la completa secrecía bajo la cual se han conducido las opciones tomadas por su núcleo familiar más íntimo -sin tomar en cuenta el clamor popular-, que en esto sí importa, tan sólo por su magnitud social; a lo que se suma la lentitud, diría yo el pausado goteo, con que se han dado a conocer por los medios de comunicación masiva. Al respecto habré de comentar algunos puntos de disenso.

El otro gran factor de turbulencia política ha sido sin duda la súbita y fugaz visita del candidato por el Partido Republicano de los Estados Unidos, Donald Trump, al sitio del epicentro de las actividades políticas de México, la casa presidencial de Los Pinos, en la Ciudad de México. Y esto literalmente significó que realmente no puso el pie en suelo del pueblo mexicano, ya que dicho candidato-magnate utilizó medios de transportación propios o apoyados por la Embajada de Los Estados Unidos en México, mismos que hasta donde yo tengo conocimiento, tienen inmunidad diplomática, para desembarcar en la residencia presidencial y una vez concluida su visita, retomar de inmediato su ruta de regreso a suelo norteamericano, para pronunciar un discurso -supuestamente climático- en el estado de Arizona, este miércoles 31 de agosto. Sobre este ya presunto agravio nacional, también emitiré mis puntos de disenso, al tiempo que trataré del efecto resolutivo que el asentimiento y/o consentimiento ante dicho episodio asume para nuestro Ejecutivo Federal, y por extensión al todavía private-candidato Trump.

Estos dos episodios acaecidos en el presente tiempo y forma de México, han probado ser verdaderos movimientos telúricos del suelo mexicano. El primero que cimbra el sensible núcleo de la cultura popular de los mexicanos, al tomar súbitamente de relámpago la vida del llamado Divo de la canción; y el segundo, la onda de choque que ataca en forma serpentina el vigoroso corazón del orgullo mexicano, personificada en la lengua viperina de Donald Trump, que ha mancillado la dignidad, el noble coraje de nuestro pueblo, al vomitar su asqueroso veneno tachándonos de “migrantes ilegales criminales”, violadores, ladrones de plazas de trabajo, usurpadores de recursos debidos a sus “veterans”, y otras sandeces que han arrancado el furibundo aplauso de una minoría xenófoba, racista, totalitaria y vindicativa de sus simpatizantes políticos, que anhelan la re-apropiación de su país -contra todo extranjero indeseable- y la recuperación de la grandeza –aparentemente perdida- de su nación. Esto a costa de enlodar al pueblo de México y, por extensión, a los pueblos de Latinoamérica en su conjunto. Su “destino manifiesto” es la amputación de América Latina, toda, del territorio norteamericano. Visión más nazi-fascista no puede haber.

Del primer evento, mis puntos de disenso son: primero, la extremada secrecía y exclusión, con que se ha venido comportando su núcleo familiar. En los días pasados hemos presenciado un duelo, íntimo sí, doloroso sí, pero silente a ultranza y sin escucha sensible y compasiva alguna hacia el pueblo que ha volcado públicamente su cariño y exaltación a la figura de su estrella musical, a la que como personalidad pública, tienen fundado derecho. Su familia materna de Carácuaro está en vilo, por ejemplo. ¿Por qué privarles siquiera de un guiño de atención y de escucha? No lo entiendo y por ello disiento.

La opción de la cremación de su cuerpo, es libre y legítima del todo. Pero no su tiempo de ocurrencia, ni la forma de hacerla, más aún el testimonio de una oración fúnebre -ritual al que el pueblo de México es fiel devoto- y debió haber podido compartirla así fuera en imágenes filmadas. Tengamos presente que la “velación de cuerpo entero” es una tradición popular que envuelve el más profundo sentido emocional y rito simbólico consumado; asimismo, no será lo mismo la honra fúnebre en el recinto de Bellas Artes ante una urna de cenizas, donde hay que decirlo ya no descansa ni el continente ni la figura real del cuerpo que fue en este universo su símbolo vital, la atomización física de su imagen sí importa a la hora buena de honrar su presencia en medio de nosotros. Se llevará a cabo, sí, pero debemos tener presente que el símbolo, lo es todo en el folklore -en la cultura popular- de la que es epítome. Su presencia se tornará abstracta y etérea, muy al gusto de las clases superiores dominantes, pero no de las clases subalternas populares, por ello disiento del tiempo para realizar su cremación y de la forma que asumió. En suma, disiento del hecho consumado al que debe confrontarse la resignación forzada de la masa de sus admiradores. Dijeron sí, a su estancia sepulcral en Ciudad Juárez, mientras Carácuaro permanece sin respuesta, así como el pueblo volcado en Tepito de la ciudad capital, también. Aquí y en China la cultura es la esfera del poder de los símbolos y, recordémoslo, ellos son las banderas, las estatuas de identidad para las culturas subalternas.

El affaire del director general de TV UNAM, Nicolás Alvarado Vale, es mi tercer punto a disentir. La publicación de su columna, No me gusta ‘Juanga’ (lo que le viene guango), (Fuente: Firmas. Milenio.com. 30/08/2016. 12:34 AM). La que cierra diciendo: (Ahora discúlpenme mientras pongo una canción. Se llama “J’suis snob” y la canta Boris Vian). Su enfático disenso de la carrera y exaltación de la figura del cantante como ídolo, “sé bien que soy uno de los poquísimos mexicanos que no asumen a Juan Gabriel como un ídolo”, causó estridencia en las redes sociales y desgraciadamente una defenestración pública que culminó en su salida de TV UNAM. “Agradezco profundamente lo que me ha dado la UNAM en estos meses: la oportunidad de crear, desarrollar y ver cristalizado y fuerte, el proyecto más importante hasta ahora en mi vida profesional, y muchos amigos que seguiré cultivando y con los que seguiré discutiendo y compartiendo ideas”. El rector de esta casa de estudios reconoció la dedicación y la creatividad empeñada por Nicolás Alvarado durante su gestión al frente de TV UNAM, y le deseó éxito en sus futuros proyectos personales y profesionales.” (Cfr.: http://www.cronica.com.mx/notas/2016/981769.html). Separación del cargo a la dirección general de TV UNAM de la cual disiento, porque me parece una reacción excesiva e innecesaria, debo asentir que su lenguaje evaluativo y confrontativo que endereza a una consumada estrella popular, lo pone en la picota de la ira vulgar; pero, su derecho a la libre expresión crítica hubiera debido de ser igualmente respetada y honrada. Claro que su osadía de confesarse “snob” es chocante frente al gran público, pero la inviolabilidad de su derecho a disentir es impecable y digna también de respeto. O, ¿qué pasa en México, que nos hace temblar las corvas frente a nuestros “Oscar Wilde”? Disiento del celo apostólico del Conapred para encender una hoguera, no veo discriminación alguna. Dice el célebre autor: No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.

Pero, el derrame de bilis y adrenalina continúa. El desplante de Donald Trump al festinar intempestivamente su visita, previa invitación del presidente Peña Nieto, para demostrar lascivamente su afán de ser asertivo, prácticamente como estilo único de influencia, lo mostró por enésima ocasión como un candidato a la primera magistratura de los Estados Unidos, que no tiene otro recurso que comportarse como un odre “to spill the guts” (para exprimir las vísceras), hecho que evidencian sus reiteradas ofensas a México y los mexicanos, mientras empuja como ejercicio abusivo de agresión psicológica desde el poder económico cínico, que no de influencia positiva. El private Trump exhibió su soberbia ante el asentimiento del Ejecutivo, quien desde la oficina de la Presidencia de la República, decidió recibir a un tal interlocutor, cuya potencialidad de ser electo por cierto es cada día más remota, aunque sí puso en riesgo el significado de los símbolos de poder de México -que simple y llanamente son políticos-; y por ello disiento enfáticamente.

Quienes consintieron en alentar o silenciar estos vientos huracanados que barrieron el suelo mexicano, tienen el imperativo moral de restaurar el orden debido conculcado y denunciado por los respectivos disensos.

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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