Opinión

Izquierda y derecha / Debate electoral

Hablando de las elecciones en los Estados Unidos, aparentemente sería muy fácil distinguir entre uno y otro partido (hablando de los de mayor trascendencia e importancia) por la ideología que representan y que los une con sus simpatizantes. Sin embargo resulta a veces más práctico asociarlos a su color y hasta su animal distintivo.

Ambos partidos, el Demócrata y el Republicano, son identificados por su color característico: los republicanos el rojo y los demócratas el azul (que además son los colores de la bandera de su país), y han adoptado un animal simbólico que les viene heredado de finales del siglo XVIII. Se dice que desde tiempo de la candidatura de Andrew Jackson, sus adversarios lo trataban de “asno” por poco inteligente y terco, por lo que el caricaturista político Thomas Nast, durante su campaña los representó con este animal, mismo que ha quedado para la posteridad. Nast, también fue responsable de identificar a los republicanos con el elefante, esto debido a lo inteligentes, pero fáciles de someter. Virtudes y defectos que hasta la fecha nos sirven para distinguirlos.

En teoría, los demócratas son liberales y los republicanos conservadores. Hay que aclarar que las connotaciones que en la política estadounidense se fijan, no son exactamente iguales a las del resto del mundo.

Los conservadores republicanos no se identifican con el conservadurismo demócrata-cristiano de otros países occidentales, por lo que encajarían en todo caso como conservadores laicos. La doctrina económica que enarbolan es la del liberalismo económico o libre mercado, acérrima enemiga del estado interventor. En sus orígenes, el partido luchó por la abolición de la esclavitud, en contra de sus adversarios demócratas, que en ese entonces se merecían el calificativo de “conservadores” ante la filosofía progresiva que encarnaba el llamado Grand Old Party.

Los demócratas, que se pueden decir el ala liberal de la política norteamericana, no llegan a una ideología socialista. El término de liberal se asocia más hacia el progresismo (centro-izquierda). Aunque desde su formación, el partido ha compartido bajo sus filas una divergencia ideológica considerable, en donde tienen cabida personajes de centro derecha conservadora, centro, liberalismo clásico, socioliberalismo, socialdemócratas, sindicalistas, laboralistas y progresistas. En ocasiones, alguna de las facciones que lo integran puede volverse dominante dentro del partido.

Ambos partidos están jugando su mejor carta para la elección presidencial que se avecina: los demócratas progresistas apostaron por Hillary Clinton, política de profesión, ex primera dama de la nación y ex Senadora por el Estado de Nueva York. Anteriormente Secretaria de Estado en la actual administración. De ella se dice que es reflexiva, no toma demasiados riesgos, y con propuestas que tienden hacia el centro, dando continuidad, en algunos casos, a lo desarrollado por el todavía presidente Barack Obama, su correligionario.

Los republicanos conservadores eligieron a un novato en el oficio, pero famoso en el círculo inmobiliario y en la farándula. Donald Trump se caracteriza por ser más reactivo que proactivo, instintivo y muy disciplinado. De insulto fácil y con una capacidad de persuasión que le ha permitido conectar con un importante segmento del electorado, descontento con la política partidista tradicional.

Las similitudes tampoco se pueden desdeñar. Ambos candidatos comparten generación. Ambos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial. El siguiente inquilino de la Casa Blanca será mayor que su actual ocupante (Obama tiene 54 años de edad). Clinton tiene 68 años, Trump 69. Ambos son caucásicos, profesan el protestantismo y tienen por residencia la ciudad de Nueva York. Quizá la última de las semejanzas es que ambos encabezan el ranking de candidatos presidenciales menos populares en las últimas décadas.

El siguiente paso es que los ciudadanos americanos ejerzan su derecho al voto el próximo 8 de noviembre, elección en la que ambos candidatos tratarán de convencer a los indecisos a que salgan a votar. De tal manera que si la mayoría caucásica aumenta su participación, Trump tendrá más posibilidades de ganar, mientras que si latinos, afroamericanos y demás minorías étnicas son las que acuden en mayor número a las urnas, Clinton tendrá, seguramente, la victoria.

Lo que es un hecho es que de entre ambos personajes habrá de surgir el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, y podría darse una circunstancia novedosa: de ganar Hillary Clinton, será la primera mujer en obtener la primera magistratura del país. De ganar Donald Trump será la primera persona que viva en la Casa Blanca siendo presidente, sin haber ocupado previamente algún otro cargo público en su vida laboral.

/LanderosIEE | @Landeros IEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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