Opinión

Sobre la marcha y mi religión / Política for dummies 

Hace algunos meses escribí sobre el matrimonio igualitario y había pensado no volver a hacerlo porque mi posición no fue entendida de manera clara, algunos que leyeron el texto me llamaron tibio, otros confuso, algunos más cobarde y hubo quien mocho.

Soy católico y demócrata: ninguna cosa se opone con otra y eso lo sostengo. Soy liberal porque creo que la máxima de un Estado es proteger la libertad de todos, sí, de todos los ciudadanos. Pero también creo en Dios no solo porque tengo derecho a ello sino porque es lo que quiero y creo. Dando ese contexto quisiera escribir unas palabras sobre la marcha de la familia. Escribo esto antes de que ocurra y estará publicado una vez realizada la marcha.

No sé por dónde empezar, pero empiezo por orden de tiempo con el texto que leí de Trejo Delarbre sobre la destitución de Nicolás Alvarado: “Antes que nada, en una sociedad que quiere ser democrática y abierta tiene que garantizarse la libertad para expresar todas las opiniones, por desagradables que les puedan resultar a algunos”. Nicolás Alvarado fue destituido porque en un texto sobre Juan Gabriel escribió que era un joto y un naco. Alvarado ha defendido su postura con Aristegui, con López Dóriga, con Ciro Gómez y donde ha estado. Afirmó que sigue pensando igual y que escribir el texto en el contexto de la muerte de Juan Gabriel fue su único error.

No discutiré sobre el contenido del texto, no discutiré sobre Juan Gabriel, que me parece que es un constructor de la cultura popular de nuestro país. Discutiré sobre la crucifixión de Alvarado y como menciona Trejo: no podemos vivir en un país que no garantiza la libertad de expresarse a todos y a todas, aunque a algunos les puedan resultar desagradables. Aclaro, una cosa es ser desagradable y otra cosa dañar al otro.

En cuanto a la marcha, lo dejo claro en un principio: no fui, ni he ido, ni iré. Fui invitado en esta ocasión y en ocasiones pasadas. No iré porque nunca participaré en un evento donde se pronuncien mensajes de odio hacia otra persona, espero nunca estar obligado a estarlo. No porque las personas que me hayan invitado me hicieron la invitación para realizar mensajes de odio, sino porque a esas marchas asisten personas intolerantes que entienden la expresión de lo propio como ofensa al otro. Amigos míos irán y doy mi palabra que no lo harán con algún mensaje de odio.

No voy a apoyar ni apoyaré publicaciones en redes sociales como: que dios bendiga las balas con las que voy a matar a unos homosexuales. Nunca, nunca, nunca. Pero tampoco aceptaré que por el otro lado se llame Iglesia retrógrada y se agreda sin argumentos, con mensajes de odio. Eso no nos hace bien a nadie. No es el odio el camino, no es la división sino la unión.

Alguien me dijo que la marcha de la familia será el músculo político de la Iglesia, demostrado en 80 ciudades del país, sin duda la marcha será eso, pero no solo eso. Será la capacidad que tienen las personas que decidieron marchar de hacerlo, porque vivimos en una aparente democracia consolidada. Como lo tiene la comunidad LGBT de hacerlo cuando, como y donde quieran. Entiendo que la marcha tiene diferentes convocantes y depende del estado es el tono de la convocatoria, en algunos estados he leído que convocan a la gente de bien, lo que en esos términos, me parece lamentable.

No se puede estar a favor o en contra de la homosexualidad: no es una ideología, es una preferencia sexual. Es como si alguien estuviera en contra de mí porque me gustan las mujeres y solo por eso. Me parecería absurdo y grave. Como me parece que alguien esté en contra de un homosexual solo por el hecho de ser homosexual, lesbiana, trans o bisexual. A las personas no las define una preferencia sexual.

He leído acusaciones a la Iglesia católica que en lo particular me causan molestia, en algunos sentidos tendrán razón porque existen sacerdotes, laicos y creyentes que lo único que hacen es lanzar mensajes de odio e intolerancia, pero esa no es la Iglesia en la que creo, ese no es el Dios en el que creo. La Iglesia en la que yo creo es la Iglesia de Paco y Pancho.

La iglesia de Pancho es una iglesia que entiende la pluralidad, que acepta a todas las personas en cualquier condición o cualquier preferencia, no solo la acepta y las tolera, sino que va al encuentro con ellas, sin querer transformarlos, sin querer presionarlos, solo querer su bien y el bien de su alrededor. La Iglesia de Pancho sale a las periferias y va con los más pobres del país, es plural, es alegre, es rebelde.

La Iglesia de Paco es una Iglesia de tolerancia, de perdón, de ayuda, de comprensión y de invitación, la Iglesia de Paco es una Iglesia estudiada, docta, especializada en psicología, en teología, en filosofía y en la humanidad. La Iglesia de Paco es una Iglesia de apertura y no de cerrazón.

Y estas dos Iglesias también son la católica, no están separadas, como ellos hay muchos. Esa es la Iglesia en la que creo y no es retrógrada ni intolerante, esa Iglesia también se promueve. Y la democracia en la que creo es la democracia donde sin mensajes de odio se comunican las ideas y cada quien tiene derecho a manifestar lo que desee siempre y cuando no lastimen al otro. Esa democracia nos queda aún lejos, y más por nosotros que por las instituciones.

@caguirrearias


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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

1 Comment

  1. 11/09/2016 at 14:20 — Responder

    Bien, ¿y esto para que? Hasta donde me quedé la iglesia “es una, santa, católica y apostólica”, no dos, no tres. Es una institución basada en dogmas y todos los dogmas son retrógradas por definición. Luego, afirmar que la Iglesia es retrógrada no es un mensaje de odio, es una afirmación basada en la realidad objetiva y comprobable. Ni siquiera es necesario remontarnos a la edad media para entenderlo; a penas el siglo pasado se pronunciaban en contra de los derechos de la mujer y aún hoy lo hacen contra los derechos reproductivos de todos. Un mensaje de odio es, por ejemplo, el afirmar que las familias no conformadas por papá, mamá e hijos bilógicos son un accidente tal como lo hizo una representante del Frente Nacional por la Familia. No confundamos pues nuestras posturas, ni tratemos de suavizar las cosas. No arrojemos la piedra y escondamos la mano. No finjamos que nuestra mano derecha actúa sin saber lo que hace la mano izquierda.

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