Opinión

Límites de la inmoralidad / Opciones y Decisiones

El otro asunto, que no toca tangencialmente o de soslayo sino de manera central y transversal el controvertido tópico de “la familia”, es el relativo a la educación sexual de los niños y adolescentes que se inscribe en la hiper-discutida Reforma Educativa promulgada por el presidente Peña Nieto.

El punto controversial sobre el derecho de educar a los niños y adolescentes trasciende, desde luego, el aspecto de la reforma laboral del sistema educativo mexicano -del que es acérrima contestataria la CNTE, por los evidentes conflictos de interés que acusa y reivindica-, y que se ancla más bien en el debate que aparentemente propugnan las sociedades de padres de familia, pero que auspicia y lidera la cúpula jerárquica más conservadora de la Iglesia católica de México, acerca y enfáticamente en contra del otro aspecto nodal de la reforma que está cifrado en el “nuevo modelo educativo”.

Aquí, ya no hablamos de asuntos contractuales entre dependencias de gobierno y empleados de la estructura organizacional destinada a prestar los servicios educativos a población abierta, ni de sus relativas competencias, habilidades o destrezas sujetas o no a evaluación sistemática y sistémica que determine su correspondiente habilitación o inhabilitación para ejercer los procesos educativos al uso; sino de algo central y bien sustantivo: los contenidos mismos del arte de educar.

Uno de esos contenidos, sensibilísimos a la epidermis de ministros religiosos y laicos militantes tanto de la iglesia católica como de otras denominaciones afines e identificados como “frente de defensa de la familia”, es la educación sexual de los niños y adolescentes, inclúyase concepto de género y de sexo por favor, puesto que hablamos y entendemos en el sentido gramatical y sintácticamente correcto del término castellano.

El tratamiento que dicho frente “en defensa de la familia” da o pretender acotar respecto de la educación sexual, es el simple y llano: ¡manos del Estado fuera de este tópico! Puesto que -éste es su exclusivo supuesto todoabarcante-, es “el” asunto que le compete única y exclusivamente a “la familia”/entiéndase derecho de los padres de familia, al modo tradicional. Postura que allá por la década de los cincuenta sonaba todavía lógica y razonable contra un estado nacional anclado en la ideología liberal-masónica de la Reforma; y que hubo de pasar por la criba tanto de la revolución mexicana como de la revolución sexual de la década de los sesenta, más el sentido del “aggiornamento” bajo el Papa Juan XXIII, número 261, desde 1958 hasta 1963. Este hombre, de gran sencillez, fue teológicamente cercano a la nouvelle théologie francesa y al movimiento litúrgico alemán. Lo rodeaban aires de reforma, (https://goo.gl/zU4W0r ).

Ya lo hemos comentado en otra parte, los cambios profundos y acelerados por los que atravesó el mundo de la posguerra, el nuevo orden mundial en lo económico y geopolítico, la guerra fría que instaló un mundo bipolar, el estallido de las ideologías totalitarias nazi-fascistas, el nuevo liberalismo contra-cultural, la instalación del modernismo como movimiento renovador, las tecnologías asociadas a la Era Atómica de la cual deriva nuestra Era de la Información y el Conocimiento, etc., implosionaron la ideología dominante de la civilización occidental judeo-cristiana, para instalar el movimiento de secularización de la sociedad, el distanciamiento entre lo santo y lo profano, que trajo como consecuencia no tan sólo los postulados del libre examen -de conciencia- del protestantismo, dígase enfáticamente de la Reforma; sino de un grado progresivo y creciente de permisividad moral. Onda de choque que obviamente pegó centralmente sobre el asunto de la sexualidad.

Estamos pues, en que de nueva cuenta, la pretensión de recuperación por parte de las ideologías religiosas de la cosmovisión humana, desde la sexualidad, se finque en la distinción radical de sexos: masculino y femenino, sin solución de continuidad. Para que sea atributo único y excluyente del seno familiar, tanto para su producción del modelo familiar único y “natural”, como para efectos de la reproducción de la sociedad. Esto no sólo contra las reivindicaciones actuales del colectivo “Gay” LGBTTTI, sino del mismo Estado nacional como garante de los derechos y prerrogativas tanto individuales como colectivas.

Una de cuyas garantías sociales es el derecho de la educación universal, gratuita, obligatoria y laica. De manera que la pretensión del así llamado Frente Nacional por la Familia, para defensa del matrimonio y los niños, de aislar y reducir estrictamente al ámbito del núcleo familiar la educación sexual, haría nugatoria la función social del Estado para emitir políticas públicas en esta precisa materia. Lo cual es constitucionalmente inviable e inaceptable.

Si bien es cierto que tanto los individuos como los colectivos sociales están protegidos por la Constitución Política, el derecho estatal a impartir la educación tal como está promulgada, sin que ninguna esfera de interés como es el caso de la sexualidad deba ser competencia exclusiva y excluyente de los particulares. Antes bien, el Estado debe tutelar la enseñanza con fines probados tanto pedagógicos, andragógicos (educación de los adultos), axio-teleológicos (de valores y fines éticos) bajo una cosmovisión objetiva, histórica, empírica y científica -no necesariamente positivista o pragmática-.

Los padres de familia tienen todo el derecho de elegir la escala de valores morales a inculcar en los niños, que sean de su preferencia, así como el de iniciarlos al conocimiento vital de su sexualidad -lo que es enteramente plausible-, y que ocurre especialmente en la etapa infantil; pero ello no exime al Estado de su responsabilidad de impartir nociones, conocimientos y datos que reportan tanto los avances científicos y tecnológicos, así como las ciencias propias de la Psicología en la enseñanza-aprendizaje. Por otra parte, sabido es que un gran mayoría de familias debido a los condicionamientos tanto estructurales como dinámicos de los factores económicos, culturales y aun políticos dominantes se ven ya sea impedidos prácticamente o ignorantes -sea francamente dicho- acerca de un tema sensible como es la sexualidad. Ni el tabú ni la ignorancia son justificantes de exclusión educativa. O lo que es peor, el silencio o manejo evasivo o intencionalmente ambiguo de la enseñanza-aprendizaje de la sexualidad en el seno familiar es justificable.

Respecto de los condicionamientos estructurales recordemos la grave desigualdad social en la que estamos inmersos: “Tenemos que Aguascalientes se ubica, luego de Sinaloa, como segundo lugar nacional en polarización del ingreso, calculado a partir de dividir el ingreso del decil de mayores rentas, que gana cerca de 70 mil pesos (el año anterior sólo 55 mil); entre el decil de menores rentas, que alcanzó los 2,726 (antes 2 mil 450). A nivel nacional logró ubicarse en 20 a uno pero en Aguascalientes subió a 25 por uno. El índice de Gini aguascalentense es de los más altos y nadie puede garantizar la gobernabilidad de un estado o nación donde la distribución del ingreso sea tan polarizada”, (Ver: Medición de los ingresos en Aguascalientes, Eugenio Herrera Nuño. Opinión, martes 3 de agosto de 2016, LJA. – Mi cita: LJA. Desigualdad, dígalo en deciles. Sábado 6 de agosto, 2016). Y esta diversidad impacta severamente el grado de acceso a la educación de calidad.

El señalamiento acusador que hace el Frente por la Familia es acerca de los gráficos alusivos en los Libros de Texto obligatorios y gratuitos, como “sexualmente explícitos”, como si en ello consistiera un pecado de impureza. En lo personal, me parece inaceptable aún que incluso los funcionarios responsables de la SEP quieran justificar o aminorar el impacto que tales supuestos “cuerpos del delito” puedan causar en las mentes infantiles o adolescentes. El acceso al conocimiento científico pasa por la objetividad de las representaciones gráficas o del lenguaje explícito, y nada hay censurable en ello, más aún en esta materia, debemos ser consecuentes con el sentido y valor de nuestra lengua hispana: llamar al pan, pan y al vino, vino.

Mucho ganaría el nuevo Modelo Educativo mexicano de asomarse a la pionera y exitosa experiencia del modelo de Educación Sexual de Colombia. Evidencia Internacional de por qué Educar Para la Sexualidad desde Preescolar. A propósito del debate nacional respecto de a qué edad debería iniciarse la educación para la sexualidad, el Ministerio de Educación Nacional deja a disposición de la comunidad educativa, la relación de diversos estudios que evidencian los retos y ventajas de educar para la sexualidad a temprana edad en corresponsabilidad con las familias y los establecimientos educativos. (FUENTE: Vivo, S., López-Peña, P., Saric, D. (2012). Salud sexual y reproductiva para jóvenes: Revisión de evidencias para la prevención. BID).  Cuya conclusión es: Los programas alrededor del mundo que han evidenciado ser exitosos en la prevención de embarazo en adolescentes y prevención de enfermedades de transmisión sexual y VIH se caracterizan por ofrecer una atención integral que incluye: educación sexual, promoción de habilidades para la vida, acceso a asesoría en salud y planificación familiar.

(https://goo.gl/WA2icC ).

La satanización de un tópico tan centralmente humano como vital, aparte de insensato es bioéticamente, inmoral. [email protected]


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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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