Opinión

Lo mexicano es naco, lo mexicano es chido / Cinefilia con derecho

 

No sé si porque todos bailan y se maravillan con Los Ángeles Azules o por la moda tan difundida de la parafernalia de los luchadores (tantos años después de que decayó la verdadera lucha libre) o asumir una especie de duelo nacional insospechado por un cantautor, pero lo cierto es que lo naco se ha asumido como una cuestión nacional, si los intelectuales le dicen kitsch en franco vocabulario clasista, hace años que Botellita de Jerez por el contrario lo reivindicó como esa franja de lo marginal, de lo rebelde: si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces verdad de dios, todo lo naco es chido… y yo recuerdo el cine de ficheras y el maravilloso Juan Camaney con sus playeras de Superman y a la vez contrasto cómo lo naco llegó light a, resto de las clases sociales, en forma de blusas de niñas fresas llenas de lentejuelas de la marca que usted prefiera (ya local o transnacional) lo sinfónico en grupos que antaño se verían como de las barriadas y sí, incluso las peticiones absurdas como llamar al Palacio de Bellas Artes “Juan Gabriel”.      

Definitivamente la visita de Donald Trump y la muerte de Juan Gabriel exaltaron aún más el nacionalismo mexicano, por difícil que sea definirlo ¿es acaso el chauvinismo estilo la gira del Divo de Juárez MeXXIco es todo? El mismo Krauze la defendió al señalar que “en los coléricos tiempos de Trump ese acto patriótico, esa hazaña final, valiente y malograda, es el broche de oro a la carrera de un ídolo entrañable” o se reduce, si en el fondo valoramos el estruendo mediático y social que causa su muerte (en realidad asociada a sus canciones) a una cuestión de música de orgullo, cantinas y despecho. Y entonces, la esencia de este país se reduce a entonaciones donde “Marmolejo, Vargas, y Villa le dijeron al buen dios, vamos hacerte un mariachi del cual saldrán más de dos” o, como dice el hidrocálido Palomas en su muy, muy buena “Maricahidote”: “Allá en el cielito lindo muy cerca del rancho grande, vuela una paloma negra, cantando currucucú, con un coro de invitados, Lola Beltrán, Chava Flores, Sara García y Clavillazo”.

Tenemos que aceptar que Nicolás Alvarado tenía razón, los trajes de lentejuelas de Juan Gabriel son kitsch (espero que anteponer este concepto de alguna forma me salve de la inquisición del juangabrielismo) el funcionario de la UNAM fue quemado con leña verde fuera de toda mesura o proporción, no es posible que se cese a un empleado por hacer una crítica desde una columna personal, donde valora, donde ciertamente es sarcástico y puede que hasta ofensivo, pero al final de cuentas inserto no desde su faceta institucional, no en representación de, sino como editorialista, como crítico, y en este ámbito es justamente donde se discute y se debate, no se censura, Conapred y UNAM al servicio de la tiranía de las masas, autocomplacientes con los facebookeros, guiando sus acciones por el hashtag en trending topic.

Alvarado dice que Juan Gabriel es un ícono del tamaño de la Virgen de Guadalupe o de Octavio Paz, y es que su historia es aquella que todos los mexicanos idolatramos: huérfano, pobre, crece desde abajo, hasta lo encarcelan (de forma injusta) ahora más que el millonario, es el santo patrono que puede derramar whisky mientras increpa a quien lo hizo llorar, quien nos hace decirle amor eterno a nuestra madrecita cada 10 de mayo, que nos recuerda en la adolescencia que el amor es algo que duele, porque tal vez no nacimos para él. En suma, su historia reunida ya sea en Noa Noa (1979) o Es mi vida (1980) películas filmadas en la peor época del cine mexicano y que sólo vale la pena recordar en la medida de que participó el gran Juanga, la primera medianamente construida en un diálogo entre una mujer orillada a la prostitución y el cantautor, con flashbacks de la vida de El Divo de Juárez.

Aunque muchos intelectuales celebran la oposición de su presunta homosexualidad frente al machismo imperioso de los ochentas, lo cierto es que se trata de lo que quiere la sociedad hipócrita: amanerada, de closet, risible, pero fuera de toda confesión expresa, vaya, la que especifica el clero, cito al semanario Desde la fe “la continencia es la única solución” lo que se ve, no se pregunta, ni sí, ni no, sino todo lo contrario.  

El nacionalismo pasa por el rechazo a la visita de Trump (que comparto) y se inserta en la defensa a ultranza del gran Juan Gabriel, naco o no, a mí también me encanta, porque sí, nos empedamos con él, me quedo con esa canción que trata sobre los palomos y su tórrido amor, abreva de Tomás Méndez y Cuco Sánchez, La muerte del palomo, el sufrimiento, no por alguien en específico, sino por la soledad. Tal vez la metáfora ontológica del mexicano.

 

[email protected]

The Author

Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

No Comment

¡Participa!