Opinión

Los otros gritos / Análisis de lo cotidiano

La historia se repite porque los pueblos tienen mala memoria. La ceremonia del Grito de Independencia que da el presidente de la República desde el balcón del Palacio Nacional ha sido motivo de una innumerable cantidad de anécdotas entre chuscas, divertidas, absurdas y torpes que muestran no solamente la calidad de líderes que tenemos, sino aún más importante, la calidad de ciudadanos que somos, que fácilmente olvidamos tales dislates y estamos dispuestos a seguir sorprendiéndonos cada sexenio. Por principio de cuentas la tradición la inició el presidente Antonio López de Santa Anna en 1847, quien a sus 53 años de edad decidió que no era bueno levantarse la madrugada del 16 y decidió hacer la ceremonia por la noche del día 15, tempranito y a la cama. Quien le dio realce de fiesta nacional fue Porfirio Díaz, quien además el día 15 de septiembre celebraba su cumpleaños y fue un devoto admirador de Hidalgo. En 1910 su último año como presidente jaló el cordón de la campana, pero no se escuchó el tañido porque unos maderistas habían envuelto el badajo en trapos. Desde entonces se creó la fórmula habitual de exaltar a Hidalgo, Morelos, Allende, Doña Josefa, Galeana y Matamoros, en ese orden y cerrar con un fuerte viva México repetido en tres ocasiones. La fiesta transcurrió sin problemas y creciendo en importancia, hasta que en 1969, un año después de la matanza del 68, Díaz Ordaz consideró que era arriesgado dar el grito en el zócalo y lo realizó en la ciudad de Dolores Gto. El regente del DF, Alfonso Corona del Rosal lo hizo en la Ciudad de México en una ceremonia deslucida y con mínima concurrencia. Díaz Ordaz fue un ferviente admirador de Juárez, así que por su propia decisión agregó a la fórmula establecida un “Viva Juárez” totalmente asincrónico. Sin embargo el sucesor, Luis Echeverría Álvarez, no se quedó atrás. Ya metido en el papel de glorificar a un héroe sexenal, se decidió por Vicente Guerrero y en sus apariciones en el balcón gritaba “Viva Vicente Guerrero, el verdadero consumador de la Independencia” . López Portillo, que fue famoso por sus largos discursos, no quiso ser menos y convirtió el grito en una perorata, gritó después de los nombres de los héroes, viva nuestra soberanía, viva nuestra democracia, vivan nuestras libertades, México ha vivido, vive y vivirá y se hubiera seguido pero lo detuvo la rechifla de la concurrencia. A Miguel de la Madrid le tocó la rebeldía de la raza ya que fue el primer presidente que fue interpelado, interrumpido y cuestionado al presentar su informe. Desde su primer año, en el grito de septiembre fue abucheado, silbado e insultado por grupos de los partidos de izquierda infiltrados entre la asistencia. Carlos Salinas de Gortari rompió con el esquema y gritó vivas a Niños Héroes, a Juárez y a su héroe favorito Zapata, ya de plano metido en el plan de que los ídolos del presidente, también tienen que ser los del pueblo. Curiosamente Ernesto Zedillo, que fue percibido como un presidente débil y de poca presencia, fue quien dio los mejores gritos, fuertes, con voz bien timbrada, con buena pausa y emotividad. Vicente Fox también emitió uno de los gritos en la ciudad de Dolores Gto. no por problemas en el zócalo sino porque es guanajuatense. Su aporte personal es que incluyó a doña Leona Vicario. La cuota del presidente Felipe Calderón fueron los Aldama y los Bravo. Por cierto, Fox y Calderón fueron los únicos que gritaron el nombre completo de Doña Josefa Ortiz de Domínguez, sin llamarle La Corregidora como lo hicieron los anteriores. Y estaban en lo cierto, Doña Josefa tiene mucho mérito como libertadora, pero no fue corregidora, su esposo Don Miguel Domínguez lo era. Ahora recuerdo que en mi ciudad natal hace ya algunos ayeres tuvimos un presidente municipal que era gran amigo de la botella y harto conocido como inculto y ocurrente. En unas fiestas patrias llegó al balcón de la presidencia en tal grado de ebriedad que tuvo que ser soportado por sus ayudantes. Ya entusiasmado con la ceremonia se olvidó de los insurgentes y gritó : “Viva Pancho Villa, viva Gabino Barrera, Simón Blanco, Benito Canales…” y hubiera continuado con los nombres de todos los corridos que se sabía, si no es porque el secretario municipal le quita el micrófono y enuncia a los verdaderos. O sea que las puntadas, disparates y estilos personales de los gobernantes afloran en ese gran escaparate que es el Grito de Independencia. Y no hay nada nuevo, la historia es la misma, que se repite, gracias a que nosotros el pueblo que la vive, tiene mala memoria.
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Héctor Grijalva

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