Opinión

Sicarios del mal / Ciudadanía económica

Apenas concluyó la reunión del G20 en China, después de los abrazos entre los mandatarios de las naciones asistentes, buenos deseos, una que otra mala cara, y muchos discursos prometiéndose mutuamente amor eterno cuando ya el mundo vive una inusitada escalada de amenazas bélicas y se vislumbran tormentas económicas. La reunión marcó el giro de 180 grados en las relaciones de poder entre las naciones al quedar de manifiesto el inminente fin de la era del dólar. Pero el cambio no implica una mejora, a menos que la humanidad aproveche el momento para conducir una total transformación de la economía, la sociedad y la política mundial.

Quienes viven de la guerra, el control del dinero, de los alimentos, medios de comunicación, armas y medicinas, por más pactos y acuerdos de colaboración que firmen entre sí, seguirán siendo sicarios del mal. Y como diría Joan Manuel Serrat en su canción, parecen buenas personas, pero no dudan en generar terror y sembrar violencia, pero para no ensuciar, lo hacen en casa de otra gente. Entre estos tipos y yo -y una creciente cantidad de habitantes en este mundo- hay algo personal.

El modelo económico preponderante en el mundo actual se sustenta en la concentración de la riqueza en manos de una minoría por medio de arrasar los recursos naturales y sometiendo el valor del trabajo al carácter de mercancía prescindible. Se sustenta en la capacidad de controlar el dinero del mundo, de emitir dólares a su entero arbitrio a partir de la nada. Los sicarios del mal impulsan y sostienen el actual modelo económico y no dejarán ir fácilmente tan preciado mecanismo de enriquecimiento que además la gran mayoría no percibe. Al tener sus días contados, se defenderán violentamente antes de perderlos. Eso lo sabían ya los gobiernos de Alemania, República Checa y Finlandia, por lo que convocaron a enfrentar una violenta resistencia y animaron a su población a acopiar agua, alimentos, medicinas y dinero en efectivo “en caso de un posible ataque o catástrofe”.

Los eventos que ahora vivimos en el mundo son producto de este cambio económico que podría ser profundo y trascendental. Y eso es porque la caída del imperio del capitalismo salvaje no implica necesariamente el cambio hacia un mejor modelo económico.

La disponibilidad de este valioso medio de información y comunicación que es el Internet, junto con el desarrollo reciente de propuestas económicas alternativas como las que he expuesto en este espacio desde tiempo atrás, proveen las condiciones necesarias para impulsar el cambio hacia un modelo económico más amigable con el ser humano y los limitados recursos naturales de nuestro planeta. Para ser factible, sería suficiente que, como ciudadanos realmente libres, reconozcamos nuestra capacidad de generar colectivamente un modelo económico distinto.

No hace falta y no es factible que exista un modelo único que sustituya al actual que, precisamente por haberse postulado como tal, negando la diversidad, ha llegado a su fin. Como lo podrán constatar nuestros estimados lectores accediendo a la base de datos de esta columna, https://goo.gl/AMH4gt, existen importantes elementos en común en las propuestas económicas como “Economía Social y Solidaria”, “Economía Sostenible” y varias más que podrían sintetizarse como principios rectores de nuevas fórmulas para el desarrollo económico orientado al ser humano. Estos son los siguientes 13 ejes sobre los que podrían desarrollarse nuevas políticas económicas, acordes con la identidad de cada pueblo:

  1. Destino universal de los bienes temporales. Desde la comida hasta la participación artística, desde los satisfactores socio-económicos hasta los valores disponibles, son para todos y no sólo para unos cuantos.
  2. Propiedad privada como ejercicio de libertad  y contra la concentración. Se desprende del eje anterior y se contrapone a la concentración de bienes en pocas manos y también al totalitarismo del Estado.  
  3. Trabajo, fundamento del valor económico y la inserción de la persona en sociedad. Por un lado, el trabajo humano (y no el dinero o la especulación) es la fuente fundamental de todo valor y, por otro, la valoración de la persona humana es lo que enriquece a la sociedad.
  4. Preeminencia de la persona y respeto pleno de los derechos humanos. La sociedad es para la persona y la persona se realiza sirviendo a la sociedad.
  5. Equilibrio entre persona y sociedad. Las políticas de Estado buscarán valorar a la persona y a la sociedad en su justo equilibrio como resultado del eje anterior.
  6. Promoción activa del Bien Común. Es derecho y obligación de todos, sin lo cual no puede existir justicia social.
  7. Subsidiariedad, apoyo del actor social más desarrollado o mejor dotado -quienes pueden- hacia quienes aspiran, en tanto por ellos mismos pueden.
  8. Comunicación  de bienes con sentido de cooperación y ayuda mutua, más allá del nivel asistencial.
  9. Justicia social y voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde en derecho. Lograda la justicia social, a nadie faltaría la satisfacción de sus derechos humanos.
  10. Solidaridad en la nación y entre las naciones. Una nueva cultura opuesta a la dominación tecnológica, a las arbitrariedades mercantiles, a los imperialismos de derecha o de izquierda, al predominio de la economía y de la política sobre la ética.
  11. Participación complementaria a la comunicación de bienes. Compartir los bienes habrá de conllevar a una justa participación equitativa.
  12. Asistencia, promoción y cambio social como fin de la vida en sociedad. Esta visión sería inútil si no promoviera el cambio social, que es exigencia de todos los ejes anteriores.
  13. Utopía, en el sentido de imagen de un futuro social mejor y civilización en la cual se tiende a la fuerza unida de la confianza del don; de la disponibilidad hacia los demás.

Cada eje es motivo de análisis y reflexión para forjar ciudadanía económica.
[email protected]                                                  Twitter: @jlgutierrez

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José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

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