Esfera Pública

Una marcha por semana

 

 

  • Actúan como guardianes del pensamiento único.
  • ¿Quién los nombró ministerio público del pensamiento?
  • La censura no resuelve ni resolverá las diferencias de opinión.
  • Una sociedad democrática, abierta y participativa tiene que garantizar libertad para expresar opiniones, por desagradables que nos o les parezcan a algunos.
  • El país está acosado por la barbarie.
  • El desafío al Estado laico se agudiza
  • Donde la religión musulmana domina, los católicos prefieren el Estado laico. Donde lo hay, pretender ser una ideología dominante.
  • Es cierto que cualquier Iglesia en México tiene derecho a definir sus propias verdades, pero no a auspiciar de manera pública y sistemática prejuicios discriminatorios.
  • La constitución prohíbe todo acto discriminatorio, incluidos los que afectan las preferencias sexuales.
  • La Ley de Asociaciones Religiosas establece que esas asociaciones deben “propiciar y asegurar el respeto integral de los derechos humanos  de las personas”.
  • Muchas asociaciones no acatan la constitución ni la Ley y el subsecretario del ramo no las hace cumplir. Con motivo de esta omisión es procedente un juicio de amparo.

 

Todas estas ideas son algunas de las retomadas de texto publicados por Raúl Trejo y Diego Valadés en recientes días. Cuando se lee parecen pertenecen a la misma línea temática, la misma composición ante un hecho o la misma relación etimológica, pero no es así. Aunque de naturalezas distintas pertenecen a la misma madre, los derechos humanos.

He adoptado la creencia de que sólo los sentimientos los podemos concebir de forma personal o con sentido de propiedad. En cambio, las ideas resultan de una configuración colectiva, en el mejor de casos, o en el re-armado, re-ensamblado de varias de éstas. Si así fuera en esto segundo, el progreso puede ser entendido no desde la visión tecnológica, sino desde la lengua y la  literatura.

El progreso de la denuncia lo configuran las artes, pero también la movilización social. Una marcha por semana. La primera, la del 10, “por la familia natural”. La gran marcha, como llamaron algunos, no representa ni al uno por ciento de la población nacional mexicana. Muchos menos, pero mucho menos de ese número marchó, para “pedir la renuncia del presidente” el pasado 15. Sí, decepcionante en cualquiera de los casos.

No sé cuál sea vista como una victoria, derrota, necesaria, buena, mala, útil o si las marchas deban categorizarse como en una liga deportiva, por puntos o en calificaciones.  El 24 habrá otra, anunciaron los organizadores de la primera. “Más de 75 camiones llenos de personas  de Aguascalientes irán a la marcha”, escuché.

Y es que en la realidad, menos del 65 por ciento de las familias, siguen el modelo “tradicional” (padre-madre-hijos) que dicen presumir los convocantes a esas marchas. Las mentiras de los enanos convocantes a esa marcha sobrepasan la imaginación y presumen su idiotez. Tergiversan los datos a sus cortas, por ejemplo,  el episcopado mexicano a través del semanario Desde la Fe han convocado a sumarse a la marcha.

Lo preocupante de ésta y demás marchas son las expectativas de las mismas. ¿En verdad si salían más de 100 mil mexicanos a marchar exigiendo la renuncia del presidente, éste lo haría?, ¿eso creemos? o ¿sólo son experiencias testimoniales victimarias de una u otra generación?, ¿de verdad cree el Frente Nacional por la Familia que después de esto se borrará un derecho adquirido, así nomás? O ¿qué es lo que realmente pretenden?

Cualquiera remitiría a lugares comunes como “caminar para un día llegar”, “la utopía para eso sirve”, largo etcétera. Y está cool, no pasa nada. El problema es cuando el payaso deja de serlo y en la calle se siguen mofando de él. Una cosa es el personaje vaya, el personaje como rol histriónico. El lunes 12, en un debate con Carlos Loret, el señor Mario Romo quien se presentó como vocero del Frente señaló que el objetivo real de “ese movimiento” es incidir en el nombramiento de los próximos ministros de la Suprema Corte de Justicia. Eso en sí, es a lo que me refiero con progreso, no es lo que parece que es, sino lo que produce.

Cualquier cosa es válida dentro de la ley, de acuerdo. Pero, y el “movimiento RenunciaYa” a qué aspira, qué pretende la generación que ha marchado más de 5 veces desde las elecciones del 2012 contra Peña Nieto desde el #Yosoy132 hasta ahora, qué pretende en realidad. ¿Y la revocación de mandato, las iniciativas ciudadanas?, por supuesto que estoy a favor de las marchas, he participado en varias de éstas, pero tengo la extraña sensación “generacional” que no sirve de mucho, por más que ahora tengamos change.org para manifestarnos cada siete clics. El contagio y los síntomas cíclicos del “para qué” nos persiguen como moscas hambrientas.

El corazón se rompe pedazo a pedazo cuando una persona de mi edad o más joven se inscribe en el PRI o en el PAN, por decirlo simple. No por las personas que lo militan que muchas de ellas son respetables, sino por los símbolos que representan. Los dos han encarnado a una clase de privilegios absurdos, mentiras y corrupción (desde prometer lo que no pueden cumplir hasta lo ya público y lo que aún está por destaparse, basta con amanecer y leer). ¿Qué o cuál modelo funciona más, una marcha cada semana o ir a las representaciones institucionales y modificar esos símbolos de la cultura política de este país?

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Francisco Aguirre

Francisco Aguirre

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