Opinión

¡Viva México! / Debate electoral

 

Es relativamente fácil saber que estamos en septiembre. Lo de menos es observar el calendario y ver cómo ya nos instalamos en el noveno mes del año. Sin embargo, si somos observadores a muchas de las fieles costumbres de la gente, desde finales de agosto se nos van presentando señales inequívocas del incesante devenir del tiempo y de que, inevitablemente, llegará el mes patrio.

Las calles empiezan a adornarse con elementos alusivos a las fiestas patrias. Las oficinas gubernamentales y los bancos ya anuncian la suspensión de actividades el día 16, por acá y por allá se ensaya el desfile. Salen las banderas de papel de china. Los negocios en el centro comienzan a adornar sus vitrinas con pergaminos tricolores. Un escudo nacional dorado adorna una zapatería, mientras que en la tienda de ropa de la acera de enfrente hizo que sus dependientas se caracterizaran de la época vistiendo una falda rosa con vuelo, blusa blanca y corbatín tricolor. Los eternos habitantes de la plaza de armas van dejando sus lugares para la estructura que servirá de sostén a los puestos de fritangas que se venderán en la verbena y a la vez, los vendedores de banderitas empujan sus carritos deambulando por las calles del centro, vendiendo en sus lábaros de diferentes tamaños, la idea de que el poseedor de uno de ellos es también poseedor de la patria misma.

Es 15 de septiembre y lo que va del mes se pasó volando. La plaza está lista, muy limpia para la ocasión. Ya la calle Madero se fue llenando de parejas que transpondrán uno de los puntos de acceso para llegar al balcón del Palacio de Gobierno donde, en punto de las once de la noche, el gobernador pueda hacer la arenga que, según la tradición, fueron las palabras con las que el cura Hidalgo, un día como hoy de 1810, inició una lucha que mucho tiempo después se conocería como independentista.

Niños van acompañando a sus padres, madres, abuelos. Una minoría va sola, todos escuchando en los altoparlantes música tradicional de mariachi. En fin, todos a festejar a la patria.

El recurso es válido. Contra lo que muchos detractores afirman, sí tenemos mucho qué festejar. Partimos de la premisa de que la fecha es simbólica. Si nos atenemos a lo que cuentan diversas fuentes de la historia, en la madrugada para amanecer el 16 de septiembre, luego de descubierta la conspiración independentista, al padre Hidalgo no le queda más remedio que congregar a la feligresía de su curato usando para ello la campana del templo del pueblo de Dolores, y lanzar una arenga que, según la tradición, lanzaría vivas a la América, a Fernando VII, a la Virgen de Guadalupe y un muera al mal gobierno, y estaría así, de manera emblemática, comenzando una rebelión, que concluiría en otro septiembre, en 1821.

En todo caso no celebramos la consumación de la Independencia, ni una victoria a partir de la cual el ejército libertador hubiera declarado una inminente victoria. Mucho menos festejamos a este nivel el 20 de noviembre, o como los vecinos del norte quieren hacernos creer, el 5 de mayo.

Es necesario contar con un día dedicado a la patria, a reconocerla y venerarla como se le refiere: como la idea que permite vincular a una persona con la tierra que lo vio nacer o en donde nacieron sus hijos, o en donde tuvo sus mejores oportunidades, en fin, a aquel lugar a donde nos sentimos ligados por valores, cultura, historia común o hasta por simple afecto o gusto. Es una reminiscencia histórica del clan. Es un sentido de pertenencia que tenemos arraigados los seres humanos, por esa necesidad de pertenecer a un barrio, a una familia, a un equipo.

Probablemente usted piense que no hay por qué celebrar. Lo invito a reflexionar y no confundir patria con la ideología de gobierno ni patriotismo con el apoyo a esa ideología. Piense que el valor que está ejerciendo es el del patriotismo y lo que haremos en la ceremonia del grito será destinar un día a esta tierra nuestra y lo que ello representa. Los rayos del sol que nos regalan un hermoso paisaje al poniente, al mejor país del mundo para vivir poblado de personas que se unen en desgracias con cariño fraterno, las grandes familias que aprovechan los domingos para compartir las duras y las maduras en la misma mesa, ese pacto no escrito que hemos hecho quienes nacemos en este terruño y que seríamos capaces de dar mucho más de lo que habitualmente hacemos por defenderlo. Recuerde los sembradíos, la casa donde vivió de niño, las huertas donde jugaba, ríos, mares, desiertos, ciudades, plazas, templos, casas y lo que representa cada uno: la tierra donde nací, donde crecí, donde vivo, lo que soy, en lo que creo. Eso es patriotismo.

 

/LanderosIEE | @Landeros IEE

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Luis Fernando Landeros

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