Opinión

A private Donald Trump / Opciones y Decisiones

A veintidós años, diez meses, de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, TLCAN o NAFTA (por sus siglas en inglés), sorprende que sea el propio candidato republicano Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, el que se ocupe de amenazar con el lanzamiento de un destructivo misil, tipo Exocet –remember?, hundimiento del destructor clase 42 HMS Sheffield, Guerra de las Malvinas-, para impactar contra la línea de flotación del ahora vigente tratado de México con los EE.UU. y Canadá, e incluso anular el ya propuesto Tratado de Asociación Transpacífico, TPP, que estaría por firmar el presidente Obama antes de la entrega de su administración.

Impensable era que en aquella noche de año nuevo 1994, en que se aprestaban en Los Pinos a descorchar la champaña para celebrar el arranque de un tan celebrado acuerdo trilateral, emergiera de las sombras de la Selva Lacandona un movimiento “armado” llamado EZLN, detonando todas las alarmas de la seguridad interna del país, e izando como bandera su impugnación al TLCAN, leído como hipoteca histórica impagable para las comunidades indígenas y campesinas. Como inconcebible, ahora, resulta que un candidato republicano a la primera magistratura del Ejecutivo de los Estados Unidos de Norteamérica, amenace con derrumbar aquello que en buena medida simbólicamente se construyó dentro de las Torres Gemelas de Nueva York, arguyendo supuestas desventajas y pérdidas para su nación, que hace inaceptables los saldos negativos de nivel estructural tanto para la economía, como para las finanzas y el mismo margen de maniobra del poder político en funciones.

Una tal actitud de borrón y cuenta nueva frente al 95% de la cuenta económica global, asumiendo que los EE.UU. representen ahora el 5% restante, como lo expuso Hillary Clinton en el primer debate presidencial pasado como candidata demócrata a la misma presidencia, les obliga a negociar en los mejores términos posibles con su bloque geoeconómico de influencia. Contra el juicio sumario que hace Trump para decapitar la apertura económica que se estila en el ámbito mundial y de la que ha sido campeón internacional Estados Unidos durante las últimas seis décadas, hay que anteponer la importancia y significación de aquella alineación pionera que instaló en el mundo la famosa Trilateral, que se articuló atendiendo a las zonas geográficas (de ahí su nombre) que rigen el planeta: América del Norte (EE.UU. y Canadá), Europa y Japón, en un vis a vis negociador con la Unión Soviética, (Cfr. ¿Qué es La Comisión Trilateral? Raúl Calvo Trenado, en https://goo.gl/imrq2C 12.06.2006 11:57).

En julio de 1973, hacía su presentación oficial la Comisión Trilateral, en mayo de 1975 tuvo lugar en la localidad japonesa de Kyoto la primera sesión plenaria de la Trilateral. Los delegados asistentes a la misma representaban en su conjunto alrededor del 65% de las firmas bancarias, comerciales e industriales más poderosas del planeta. Figuraban entre ellos los máximos dirigentes de: las bancas Rothschild y Lehmann, del Chase Manhattan Bank y de las multinacionales: Unilever –entre otras-. (Fuente: El Sistema Financiero Mundial y sus Núcleos de Poder. La Comisión Trilateral. Martín Lozano. Extraído de El Nuevo Orden Mundial. (Cfr.: https://goo.gl/HrJXR4).

¿Le recuerda algo del colapso financiero mundial de Wall Street, NY, 09/2008? Con efecto directo al consorcio Banamex-CitiBank de México, que depreció aproximadamente un 25% sus mejores portafolios de inversión en dólares y sus créditos Premium en Tasa Libor incrementaron en 2 puntos porcentuales, en apenas una semana; o la absorción de la pionera empresa alimentaria local La Perla de Aguascalientes -Productos de Maíz, S.A.-, creadora de la famosa mayonesa Hellmans, que resultó fusionada por Unilever y tuvo efectos colaterales hasta Argentina, que ya producía en gran escala dicha mayonesa. Afectaciones históricas como éstas, nacionales y locales, causadas directa e intencionalmente por los “tycoons” (magnates) libidinosamente codiciosos, regentes de esas famosas casas de Wall Street, en Nueva York, sí son daños directísimos a nuestra sociedad y no balandronadas de un candidato republicano desbocado y desmemoriado a conveniencia.

Tal es el precedente de este bloque Trilateral que pretendió ser hegemónico: “Las inter vinculaciones entre transnacionales de todo tipo, el enorme intercambio y la comunidad de intereses en orden a la inserción de filiales en otros países, en definitiva, el éxito de las transnacionales y la transferencia del liderazgo de EU a las tres regiones en cuestión da lugar al trilateralismo”.

Para efectos prácticos, el piso de tal epicentro decisorio del pretendido orden mundial fue puesto por el binomio Margaret Thatcher/ Reino Unido y Ronald Reagan/ Estados Unidos -a mediados de los ochenta-, en alianza con Japón, pacto que continúa George H.W. Bush en 1989, cuando juró como el presidente número 41 tras ganar a Michael Dukakis, y fungió como tal por cuatro años, para luego ser reemplazado por Bill Clinton, quien finalmente logró un tiempo de bonanza para la economía norteamericana.

En este contexto de pactos y alineaciones internacionales de la mayor relevancia para el “orden mundial”, fuimos testigos del primer debate presidencial sostenido por Donald Trump, candidato del Partido Republicano, y Hilary Clinton por el Partido Demócrata de los Estados Unidos a la Presidencia de dicho país, cuya expectativa manifestada por sus propios comentaristas nacionales era: “En el debate, ambos candidatos no necesitaban tanto consolidar el voto duro de sus bases sino intentar persuadir al amplio segmento de indecisos que persiste a seis semanas de la elección presidencial. El objetivo era alcanzar a republicanos moderados, sobre todo mujeres blancas suburbanas y a los jóvenes. (David Brooks, corresponsal. Periódico La Jornada. Miércoles 28 de septiembre de 2016, p. 26. Nueva York).

Este enfoque crítico de los “mainstream media” (la corriente principal de los medios), calificados despreciativamente solamente después de los políticos, por el private Donald Trump, por ser causantes de que Hillary Clinton “esté aquí”, añadiendo que sin ellos, ella sería “nothing, nothing”/ nada, nada… ¡Ella no estaría aquí! Palabras ya conclusivas de dicho debate. A lo que aludieron comentaristas de todo el país, según reseña David Brooks: “El debate sobre el debate presidencial del lunes dominó las últimas 24 horas. Todos los medios y observadores evaluaron el estilo y contenido de uno de los espectáculos políticos más vistos en la historia del país (unos 84 millones de espectadores), y el consenso es que la aspirante demócrata Hillary Clinton triunfó sobre su contrincante republicano Donald Trump”.

Incluso no se pudo acallar el fuego amigo: “Otros estrategas republicanos criticaron al multimillonario por su pobre preparación y falta de disciplina. “¿Aún no ha hecho su tarea sobre política exterior? Sentir cómo se estaba viendo el Titanic político chocar contra el iceberg, retroceder y chocar de nuevo”, escribió David French del conservador National Review (D. Brooks, ut supra). Opinión que otros más encendidos partidarios o intérpretes de su más sentida oculta estrategia, evidencian: “Todo indica que para sus filas no importa el número de afirmaciones falsas, sino que parezca que su candidato insurgente está diciendo lo que piensa, sin filtros de un político profesional, frente a la representante por excelencia del statu quo político que rechazan. Más aún, fue muy efectivo en su crítica de los acuerdos de libre comercio apoyados por Clinton, tema hasta ahora clave que explica en gran medida el apoyo logrado por Trump entre trabajadores en estados electoralmente claves como Michigan, Ohio y Pensilvania. (Ver: David Brooks, op. cit. ibídem).

Opiné en una entrega previa, aunque suene fuerte, que Donald Trump se había convertido en un odre “to spill the guts”/ (para exprimir las vísceras), para expulsar bilis y adrenalina; no para pensar, deliberar o persuadir. Reacción orgánica inconsciente que afloró apenas pasados unos veinte minutos del debate, en los que estoy de acuerdo estuvo muy en su papel y en comando de su performance management/manejo de su actuación, pasados los cuales, comenzó a inhalar con fuerza antes de emitir una frase, denotó una relativa palidez de su rostro, al tiempo que emitía un sutil “gasping”/jadeo, como por falta de aire y requirió tomar agua. Para mí, señales inocultables de algo que, sin pretender ser neurólogo, implica una reacción automática del sistema límbico, que acusa una emoción difícilmente controlable y que detona el mecanismo biofísiológico de “pega o huye”. No por nada se quejó del micrófono que le pusieron. Al final, opino que su acometida frontal contra los políticos del establishment, como Hilary Clinton, lo evidenciaron como lo que es, un “private”, no un hombre político/público que concite al segmento de población que requiere, y se evidencie como un codicioso tycoon de Nueva York.

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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