Opinión

Duterte, el “Trump de Oriente” / Taktika

Ciudad de Dávao, las Filipinas 5 de septiembre de 2016. “Hijo de p&$#, te maldeciré en ese foro”, exclama, con su típico estilo intempestivo y locuaz, el presidente de las Filipinas, Rodrigo Duterte, al referirse al mandatario estadounidense, Barack Obama. La invectiva es resultado de las críticas norteamericanas al combate al narcotráfico emprendido por el jefe de Gobierno isleño.

Envalentonado, el político asiático agrega: “Soy el presidente de un Estado soberano y hemos cesado de ser una colonia. No tengo otro amo que el pueblo filipino”. Ante tal desafío, la Casa Blanca anuncia que la reunión que sostendrían, previo al arranque de la cumbre de la ASEAN, Duterte y Obama ha sido cancelada.

La escena arriba descrita sirve como prólogo al presente artículo, el cual pretende explicar, desde una perspectiva histórica, cómo el archipiélago filipino encaja dentro del andamiaje geoestratégico de los Estados Unidos y por qué Rodrigo Duterte, el “Trump de Oriente”, supone una amenaza a los intereses norteamericanos en Asia-Pacífico.

El 15 de febrero de 1898 estalló el crucero USS Maine, surto en la bahía de La Habana. Aprovechando el incidente, los Estados Unidos decidieron atacar al decrépito Imperio español. Para tal efecto, un ejército de cien mil hombres y una escuadra fueron enviados a Cuba; y en aguas de Hong Kong se desplegó una flota, bajo el mando del comodoro George Dewey, para operar en las Filipinas.

El 1 de mayo de 1898, la escuadra del comodoro Dewey se enfrentó a la insignificante marina de guerra ibérica: en cuestión de minutos, los navíos españoles, menos uno, fueron enviados al fondo del mar. A principios de agosto, la resistencia española en el archipiélago cesó. El 10 de diciembre de ese mismo año, se firmó en París la paz: España renunciaba a la soberanía de Cuba y cedía a los Estados Unidos Guam, las Filipinas y Puerto Rico.

Sin embargo, los patriotas filipinos, acaudillados por Emiliano Aguinaldo, mostraron su desagrado ante los norteamericanos. Desde febrero de 1899 hasta julio de 1902, los estadounidenses enfrentaron una guerra de guerrillas: 4,234 soldados yanquis murieron, mientras que 16 mil guerrilleros y 20 mil civiles filipinos perecieron en la lucha. Finalmente, ante esta hecatombe, el literato Mark Twain, autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, exclamó que la bandera estadounidense debería ser rediseñada: “las barras blancas pintadas de negro y las estrellas reemplazadas por tibias y una calavera”.

Tras su victoria, los estadounidenses procedieron a remodelar la base naval de la bahía Subic y construyeron la base aérea Clark, situada en el centro de la isla de Luzón. Estas instalaciones militares eran las más extensas fuera de suelo norteamericano y permitían a la Unión Americana dominar el mar de China Meridional.

En diciembre de 1941 el Japón imperial invadió el archipiélago y se sucedieron una serie de acontecimientos que quedaron grabados en la historia bélica estadounidense y en el imaginario colectivo filipino: el “volveré” de Douglas MacArthur; la resistencia homérica en Bataán; la “Marcha de la Muerte”; el regreso triunfal de MacArthur; y la batalla del Golfo de Leyte.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945 y con el surgimiento de nuevos rivales, encarnados por la Rusia soviética y la China comunista, Douglas MacArthur, convertido en jefe de las fuerzas de ocupación en el Japón, declaró, en marzo de 1949, al New York Times que las posiciones de defensa de su nación “comenzaban en las Filipinas y continuaba hasta el archipiélago Ryukyu, Japón, las Aleutianas y terminaban en Alaska”1.

Durante los conflictos en Corea y Vietnam, las bases de Clark y Subic cobraron especial relevancia. Sin embargo, al fin de la Guerra Fría, los filipinos solicitaron a los norteamericanos salir del archipiélago.

En 1991, los filipinos de fe musulmana -conocidos como moros, y quienes habían combatido a los soviéticos en Afganistán- fundaron la organización extremista Abu Sayyaf “el padre del fabricante de espadas”, en árabe. Este ente se desplegó en las ínsulas de JolóBasilán y Mindanao.

El Gobierno filipino solicitó ayuda a la Unión Americana y pronto comenzaron a llegar asesores militares para auxiliar a los filipinos. La lucha contra Abu Sayyaf proporcionaba un beneficio escondido: “posicionaba a los Estados Unidos para la futura contención de la vecina China”2.

El plan norteamericano parecía perfecto. Sin embargo, en junio de 2016 comenzó su mandato presidencial Rodrigo Duterte. El abogado filipino pronto atrajo los reflectores al insultar al papa Francisco, a los obispos católicos y a Barack Obama.

El 5 de octubre del año en curso, Duterte acusó a los Estados Unidos de fallarle a las Filipinas y dijo que haría una “política exterior independiente” y que si los yanquis no le vendían armas, él “iría a Rusia. Envié a los generales a Rusia y Rusia dijo ‘no te preocupes, tenemos todo lo que tú necesitas, te lo daremos’”3.

Quizás lo que debió haber provocado un aneurisma a Barack Obama fue la visita de la semana pasada a Beijing. Durante el tour, Duterte anunció, ante empresarios chinos y filipinos, que “ya no iría a la Unión Americana”. A continuación avisó que se había realineado y que “también iría a Rusia para hablar con Vladimir Putin y decirle que somos tres contra el resto del mundo: China, las Filipinas y Rusia”.

Al momento de escribir estas líneas, Duterte, ante las críticas norteamericanas, calificó a Washington de “auténtico matón” y retó a los norteamericanos a que presenten “pruebas, vayan adelante e inicien un proceso”.

Las bravatas de Duterte no preocupan a Washington: lo que quita el sueño a los norteamericanos es que una hipotética alianza entre China, las Filipinas y Rusia permitiría la neutralización filipina “por China”, y esto “podría decir más acerca de la trayectoria de la Unión Americana como una gran potencia que la suerte de Irak”4.

¿Habrá Golpe de Estado contra el “Trump de Oriente”? ¿Lo permitirán China y Rusia? En las semanas venideras lo sabremos.

Aide-Mémoire. – Sí al diálogo en Venezuela y no a la confrontación que puede desencadenar en una guerra civil.

  1. – Manchester, William. MacArthur, el César Americano: 1880-1964. Lasser Press Mexicana, México, 1979, p. 556
  2. – Kaplan, Robert D. Imperial Grunts: the American Military on the ground. Random House, New York, 2005, p. 134
  3. – Duterte snubs US again, says he would rather go to Russia and China for purchasing arms https://goo.gl/o2sOF6
  4. – Kaplan, Robert D. Asia’s Cauldron: The South China Sea and the End of a Stable Pacific. Random House, New York, 2014, p. 123

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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