Opinión

Dylan y Aguilera / Cinefilia con derecho

Entre el fragor de Fragor y el Premio Nobel de Bob Dylan comenzó esta columna, apenas organizados para asistir al concierto de José Manuel Aguilera, recibimos la emocionante noticia de que a Robert Allen Zimmerman le habían entregado el prestigiado galardón.

José Manuel Aguilera es uno de los músicos mexicanos de rock más importantes que existen en la actualidad, sus proyectos lo mismo pasan por el Odio Fonky, la mítica Sangre Asteka y sí, uno de los grupos que ha llevado el sonido mexicano del rock a su más ilustre acepción La Barranca, sus tonalidades abrevan de un fuerte movimiento ochentero. Por ello, de antemano sabríamos que el concierto programado con la Banda Sinfónica del Municipio de Aguascalientes sería excelente.

Llegado el sábado 14 de octubre y esperando un día negro, el pre fue quizá en busca de un alacrán en una cantina de poca monta; entre cheves y bacachos se gestó la idea de esta columna ¿Cómo engarzar los temas Dylan-Aguilera-Cine?

La idea de bardo, una de las justificaciones por las que se le entregó el premio, nos daba la respuesta. Bajo esta idea polifacética, Bob Dylan es un afiche en el cine, lo mismo objeto o elemento, existen decenas de documentales y ficciones del artista, todos inspiradores para una generación que abarca los estratos sociales en cualquier parte del mundo en el que el rock sea escuchado.

En México, los Stones; y sin dudarlo el autor de Like a Rolling Stone, fueron la base de inspiración para un gran número de creadores de obra literaria y cinematográfica, muestra de ello es la Literatura de la Onda encabezada por el célebre José Agustín quien, por cierto, colaboró en la realización del documental Cómo ves (Leduc, 1986).

Aprovechando el fragor del día, dice José Manuel Aguilera en entrevista para La Jornada Aguascalientesyo creo que Dylan inventó el rock. Y con esto, se reafirma el argumento. Dylan es el gran inspirador de toda una corriente ideológica, la que estamos disfrutando hoy en día”.

En nuestro caso, Dylan y Aguilera rememoran nuestros tiempos de adolescentes, cuando la revista La Mosca era el pan nuestro de cada mes, una delicia entre los textos escatológicos del Guacarroquer Armando Vega-Gil, o de Hugo García Michel en el rockcito nacional. El fino punto crítico de José Xavier Návar y por supuesto su siempre inigualable valoración de discos en Tiovivo. Eso es Dylan, pero también Aguilera. Aunque no estén en el mismo nivel.

El concierto fue un gran acierto, un enorme esfuerzo no sólo económico, sino de logística y musical. El producto fue excelso: desde El mezcal, pasando por la excelsa armonía banda y guitarra eléctrica de Don Julio, la fuerza de Animal en extinción (los arreglos de los vientos, perfectos) y por supuesto no pudo faltar El alacrán, tal vez el momento cumbre de la noche, Cecilia Toussaint ojalá hubiera coreado un poco más.

Y el cierre fue majestuoso: el saxofonista de la Banda Sinfónica Musical de Aguascalientes solo con José Manuel Aguilera y su guitarra, de fondo un hermoso telón rojo y la luz del escenario, recordándonos los sueños oníricos en Twin Peaks, cantando Día Negro, se abre de nueva cuenta el telón, al fondo entra el acompañamiento de la banda, conectan a la Pelea de Gallos, esto obvio no le gustó a Aníbal “Mutilaron una gran canción con la Pelea de Gallos que escucho cuando torea el Cejas o Joselito”. Rubén cree que un gran concierto con esa banda tan exquisitamente local, no podía terminar sin la de aquí.

Un excelente ejercicio del IMAC, aunque lejos de considerar que sea la mejor administración, lo que en realidad nos parece es que se trata de la madurez de una institución pública que ha transitado de la mano de buenos directores, por cierto, fue creado por gobiernos priistas. Aquí Rubén saca a relucir su rojo pecho, y Aníbal recuerda a sus antiguos colegas, entonces viene a la charla Reptil, la canción crítica de La Barranca de José Manuel Aguilera al viejo partido hegemónico. Al término del concierto, con la adrenalina y el buen sabor de boca, continuamos en otra cantina de mala muerte. Aníbal comienza a explayarse.

“Dylan influyó a todos, Aguilera es un buen músico y compositor, pero Dylan es un genio con influencia no sólo en los demás músicos, en la historia de la humanidad, y por eso es un Premio Nobel. Creo que es un poeta, representa el final de la generación de los Poetas Malditos, ahí terminó todo. Representa la música que me ponía mi papá desde que crecí. Me trae recuerdos muy agradables de verlo en su estudio con esas rolas, te voy a revelar un secreto que me contó mi abuelito: aproximadamente era el año de 1965 cuando Dylan, cansado de una extenuante gira, se fue a meter a una cantina mexicana, ahí entre peda y peda conoció a José Alfredo, le preguntó cómo soportaba tanta desventura, muy solemne, con tequila en mano, Jiménez le contestó: “una piedra en mi camino, me enseñó que mi destino era rodar y rodar”, lo demás es historia. No es cuento, mi abuelo estuvo ahí, él me lo dijo, en una cantina, como esta donde estamos”, cierra su disertación con un sorbo a su décimo bacacho.

Horas después, no tantas, tenemos que irnos, qué lejos aquellos tiempos en que amanecíamos pisteando en el roído departamento de Aníbal en el Fovissste, a veces ni agua tenía, pero eso sí, estaba lleno de calabrijes de la gran artista Juanamache. La edad nos ha alcanzado, tal vez porque, como dice ese otro dylaniano, “tan joven y tan viejooooo … liiike a rooolling stooonnneee”.

Rubén Díaz López y Aníbal Salazar Méndez

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Rubén Díaz López

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