Esfera Pública

Ni una muerta más

 

En 1995, Susana Chávez, (1974-2011) estudiante, universitaria, poeta y defensora de los Derechos Humanos de Ciudad Juárez, escribió un poema con la frase “Ni una muerta más” para protestar por los feminicidios de Juárez. Cuentan que siempre repetía la misma frase en mítines y manifestaciones de protesta a los que asistía: “Ni una mujer menos, ni una muerta más”.

Trágicamente, Susana fue asesinada y mutilada en 2011. La encontraron muerta en la colonia Cuauhtémoc de Ciudad Juárez. Al día de hoy las causas de su homicidio no están esclarecidas, aunque las autoridades de Chihuahua siempre negaron la relación de su homicidio con el activismo en contra del feminicidio (“Asesinan en Ciudad Juárez a la activista social Susana Chávez”, La Jornada, 12 de enero de 2011; “Niega fiscal de Chihuahua que homicidio de Susana Chávez fuera por su activismo”, Milenio, 12 de enero de 2011). Hoy la actuación de las autoridades ministeriales de Chihuahua y el estado mexicano en su conjunto han quedado severamente descalificados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de las muertas de Juárez, aunque eso no devolverá la vida a Susana ni a las demás víctimas mortales. Porque sabemos que el caso de Susana dista mucho de ser aislado, y constituye un patrón generalizado en todo el país. Casi podríamos decir que la violencia contra las mujeres está normalizada o aceptada socialmente, según diversos estudios publicados recientemente.

Los crímenes mortales contra las mujeres se han definido como “feminicidios” o “femicidios”, como prefieren llamarlo en otras latitudes. Del modo que sea, feminicidio proviene del inglés feminicide, lengua donde es aceptado y de uso común hace muchas décadas. En español se incorporó al diccionario apenas en 2014, aunque el problema es mucho más viejo.

Ni una menos es un movimiento social de protesta que ahora es de alcance internacional, surgido en contra de la violencia machista. Ochenta ciudades de Argentina salieron a las calles a protestar el día 3 de junio de 2015. En 2016, los días 3 de junio y el pasado 19 de octubre. El movimiento también se ha extendido a otros países de la región como Chile, Uruguay, Perú y por fin México en 2016.

Según algunas cifras disponibles, en Argentina hay 50 ataques sexuales por día. Entre 2008 y 2015 se registró un aumento del 78% de los feminicidios, mientras que el incremento en el período 2014-2015 fue del 26%. La convocatoria nació de un grupo de periodistas, activistas y artistas argentinos, pero creció cuando la sociedad la hizo suya y la convirtió en una campaña colectiva. El homicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años oriunda de Santa Fe, fue el disparador de la convocatoria del 3 de junio de 2015 de las marchas que se hicieron en todo el país bajo el lema “Ni una menos”

En México, se calcula con base en la evidencia disponible, que se asesina a siete mujeres cada día (Arnoldo Kraus, El Universal, 13 de marzo de 2016). Y ya no es solo la lejana Juárez, allá, en la frontera norte. La alerta cunde en el Estado de México Puebla (El País, 8 de marzo de 2016), o Morelos.

Esta cifra convierte a México en uno de los integrantes del G-20 en el que las mujeres se encuentran más desprotegidas, porque además de la violencia generalizada; las mexicanas enfrentan a la impunidad en sus asesinatos, al tráfico de personas, al trabajo en condiciones de esclavitud y a la falta de acceso a la educación, a la política y a la tierra. Sobre todo si además de ser mujeres son campesinas e indígenas.

Así, entre 2013 y 2015, 6,488 mujeres fueron asesinadas según datos del Inegi, lo que supone un 46% más que en el periodo entre 2007 y 2009. El Estado de México registró 1,045 homicidios de mujeres. Le siguen Guerrero, Chihuahua, el Distrito Federal, Jalisco y Oaxaca, con 512, 445, 402, 335 y 291 asesinatos de mujeres, respectivamente, en el mismo periodo. Otras entidades que 2013 a 2015 registraron un elevado número de estos crímenes, por encima de 200, son: Tamaulipas, Puebla, Veracruz, Nuevo León, Michoacán, Guanajuato, Baja California y Coahuila.

De acuerdo con una encuesta nacional de Parametría, (www.economíahoy.mx) dos de cada cinco entrevistados (40%) sabe de alguna mujer maltratada física y emocionalmente, y una proporción similar (35%) también conoce a algún familiar o amistad del género femenino que sufre violencia en el hogar. En menor medida, 29% de la población tiene alguna conocida que ha sido discriminada por su género; 21% ha sabido de casos relacionados con acoso sexual; 12% ha oído de mujeres violadas y/o asesinadas; y uno de cada diez encuestados asocia situaciones de abandono (11%), desaparición (8%), y/o privación de la libertad (7%) con alguna de las mujeres de su círculo social más cercano.

En el citado ejercicio de Parametría, el 37% de la población cree que la sociedad es la principal responsable de la violencia que sufren las mujeres; 36% culpa al gobierno de la situación, y el 18% atribuye a las propias mujeres, dicha condición. El porcentaje de mexicanas que asegura que las mujeres son las culpables de su situación (23%) es considerable en comparación con la respuesta de los hombres y la población general.

Pese a las diversas hipótesis intentando explicar los motivos de la violencia que aqueja a las mujeres (prostitución, delincuencia organizada, migración ilegal, trata), las políticas públicas que contrarresten el feminicidio y la violencia machista no aparecen. Por ello que algunas organizaciones, asociaciones civiles en defensa de la mujer han exigido al estado mexicano decretar “Alertas de Género”, identificar los obstáculos y buscar acciones concretas que minimicen la violencia y garanticen a la mujer el respeto de sus derechos; derechos que hasta ahora el estado mexicano es incapaz de garantizar. Así entonces, a contrapelo de la demagógica propaganda oficial, las malas noticias también cuentan, y cuentan mucho.

@efpasillas

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Enrique F. Pasillas

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