Opinión

Plan Cóndor (reloaded 2.0) / Esencias viajeras

By  | 

Una bocanada de aire resultó en semanas pasadas el tercer Encuentro Latinoamericano Progresista (Elap) ante el asfixiante acoso de los gobiernos conservadores neoliberales auspiciados por Washington y las oligarquías locales que cada vez más inundan la región, de aquellos que hablan en español pero piensan en inglés, como acertadamente apuntara el gran convocante y líder de este encuentro el presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

El encuentro celebrado en Quito antecede a dos anteriores, el de septiembre de 2014 donde los movimientos y gobiernos de izquierda postulaban la búsqueda de afianzar en la región la unión ante la restauración conservadora y el de agosto de 2015 dirigido a los jóvenes que generaran las transformaciones sociales del continente afianzando así su rol de líderes y agentes de cambio. En este pasado septiembre, el Elap giró en relación con la urgencia de un “pacto ético latinoamericano” colocando el foco en los grupos económicos concentrados que manipulan las economías locales, que especulan con los mercados y evaden responsabilidad tributaria en los llamados “paraísos fiscales” con la implicación de gobiernos y políticos, otro de los ejes estuvo en la elaboración de agendas propositivas en el marco de generar reacción consciente y estructurada ante la ofensiva de derecha que se está articulando en Latinoamérica cooperada por los poderes fácticos, amplificada y replicada por los medios hegemónicos.

La desestabilización de la región es uno de los principales temas que enfrentará Latinoamérica en los próximos años forjada por los intereses de Estados Unidos -principal auspiciador-, las oligarquías locales y los monopolios mediáticos generando una restauración conservadora o recomposición de las fuerzas de derecha. Este año la “organización de grupos conservadores” obtuvo una de sus más anheladas encomiendas aplicando y demostrando su poder dando un golpe jurídico y parlamentario en Brasil con la destitución de Dilma Rousseff -ejemplo perfecto que querrán replicar en Venezuela y los países que decidan- sin embargo, este hecho no puede concebirse con un elemento aislado y que sólo es parte de la vida política de un país, en el seguimiento a los acontecimientos de los últimos años, podemos observar una gruesa línea poco pulcra y mal trazada de los planes de la derecha por volver a acotar el poder bajo cualquier situación avasallando los límites democráticos. Esto no es nuevo en la región ni mucho menos sorprende, sin embargo, se percibe una coyuntura internacional estratégica atentando descaradamente contra la integración, los grupos financieros y mediáticos han articulado la vuelta conservadora mayormente a falta de cuadros políticos, juventud, organización, falta de ideas y escasez de líderes de derecha, parece que el fracaso de algunas políticas de izquierda legitima el modelo del capitalismo salvaje y afianza a la ultraderecha.

En la cronología de los hechos los gobiernos progresistas en Latinoamérica, han sufrido varios embates, algunos gobiernos los han soportado y otros simplemente han sido descartados y desacreditados, encontramos así el golpe de estado en Venezuela en 2002 contra Hugo Chávez, el fraude electoral consumado en México contra Andrés Manuel López Obrador en 2006, en 2008 las arengas de levantamiento e insurrección contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia, el ataque del campo contra Cristina Fernández de Kirchner en Argentina en el mismo año, en 2009 el golpe de estado contra Manuel Zelaya en Honduras, los intentos de desestabilización social contra Rafael Correa en Ecuador en 2010, el golpe de estado en Paraguay con Fernando Lugo en 2012 y este año la “destitución” de Dilma Rousseff en Brasil, por mencionar algunos.

La industria de desestabilización está fincada en uno de los grandes poderes conservadores; el poder comunicacional, poder en manos de grupos monopólicos que han visto amenazada su participación en las grandes decisiones de futuro y sobre todo que ven afectados sus intereses financieros desmedidos y sin escrúpulos, por ello su estrategia ahora es destruir sin construir, destruir a los grandes políticos de la generación del Bicentenario en América, destruir a los referentes latinoamericanos de este y el pasado siglo, destruir de la memoria social a los líderes populares y progresistas que llevaron a la izquierda al poder demostrando que se puede hacer gobierno dejando de ser una minoría sirviendo a los interés del pueblo, ahora el poder comunicacional se encarga hasta el hartazgo de denostar y mancillar a una generación política brillante que sacó a sus respectivos países de la penumbra, la desvalorización y la miseria en la que los hundieron quienes ahora los denigran llamándolos corruptos y dándoles un trato de delincuentes perversos y locos cínicos enfermos de poder. Así diariamente ensucian de excremento a través de sus medios los nombres de los líderes impulsadores de la integración Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Evo Morales, Cristina Fernández, Dilma Rousseff y ahora hasta de Lula da Silva considerado hasta un par de años atrás el ejemplo latinoamericano de la democracia y la justicia social, ahí el mundo del capital aplaudía, faltó que profundizara el modelo y que cada vez menos los oligopolios metieran las manos sobre los recursos de Brasil para que pasara de ejemplo político mundial a sindicalista corrupto y analfabeto. En este aspecto la derecha latinoamericana ha encontrado su último gran ensayo; “la corrupción”, denostar al adversario político desde la duda, la calumnia, magnificar el delito o la compra de un adversario para poner en tela de juicio a todo un gobierno y una ideología, la palabra corrupción es usada con tanta ligereza que ya los hechos, el modelo político y la ideología pasa a segundo término, “ya ves todos son corruptos” y ahí la ecuación les funciona.

Los ataques contra la integración Latinoamérica han debilitado a las instituciones planificadas en los últimos años para este fin, la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) han sufrido verdaderas embestidas para ser descalificadas y así resucitar a la OEA (Organización de los Estados Americanos) o neutralizar al ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe) mediante la Alianza Transpacífico entre los gobiernos de Chile, México, Perú y Colombia con el visto bueno de Estados Unidos, esto provoca un sistema económico regional cada vez más endeble y volátil, maximizando el uso de divisas extranjeras (dólares, euros) haciendo a las economías regionales dependientes, transfiriendo a su vez la riqueza a otros países muy lejos de nuestro territorio.

Sumado a esto encontramos el Poder Judicial al servicio de los intereses políticos, golpes parlamentarios, manejo de jueces en complicidad con los poderes empresariales quebrantan la integración, separar siempre les ha funcionado, ahora con menos balas y sangre que antes pero manipulando los mercados y las economías, presionando gobiernos para provocar pobreza, hambre y miseria. Hay una preocupante recuperación conservadora en la región, sin embargo, las izquierdas siguen en constante pie de lucha por convicción y por histórica tradición en un continente de resistencia, agresiones y de saqueos continuos, la izquierda ha cometido errores y serios sin embargo no hay proceso consumado, toda revolución es inacabable y perfectible ahí encuentra su esencia y su utopía, ahí encuentra su perfeccionamiento y los objetivos trazados en los últimos años; devolver la soberanía y la dignidad a los pueblos, la reducción de la pobreza, la presencia del estado, el desarrollo de oportunidades, procesos de industrialización y productividad, la diversificación de la economía, el avance en educación y salud, el desarrollo energético, la autonomía financiera entre muchos caminos a seguir -y que han tomado en el mundo históricamente varias décadas-, en esto la derecha simplemente no piensa han recuperado el poder para que las minorías rapaces de siempre vuelvan a los espacios donde favorecer sus intereses seculares y atacar a los gobiernos con problemas que casualmente son geopolíticamente estratégicos por sus recursos naturales, por su petróleo y sus rutas de comercio.

La izquierda latinoamericana tendrá que discutir errores y rectificarlos, habrá que dialogar y construir iniciativas propositivas, avances en los procesos de reconstrucción de patria y soberanía así como de integración política en la región y emancipación económica con respecto a las hegemonías financieras, si bien la fragmentación y el ataque conservador se ha profundizado en los últimos años es claro que responde a la desesperación de la derecha y sus grupos más radicales por recuperar los beneficios históricos de los que han gozado sus grupos de élite, sin embargo también algo está claro la izquierda latinoamericana no volverá a ser ese grupo minoritario que alcanza un porcentaje bajo en las elecciones o que simplifica su acción a la comparsa, no volverá a ser una izquierda clandestina y marginal de sectores populares radicales o loquitos intelectuales en su torre de marfil, la izquierda cada vez abarca más en la región a numerosos sectores y grupos, la izquierda del siglo veintiuno con sus líderes en cada país abrió el camino de la disputa del poder, de aportar grandes líderes con ideas de igualdad, patria y compromiso con sus pueblos y con los pueblos hermanos que compartimos territorio, así el gran reto para los años venideros será ver el legado de estas primeras dos décadas heredado a los jóvenes con la formación de cuadros políticos sólidos que continúen y profundicen con la revolución de las ideas en el poder, no hay marcha atrás en los procesos de cambio en Latinoamérica ¡hay que seguir adelante!

¡Participa!