Opinión

El aparente retroceso a un punto del cual nunca partimos / Piel curtida

Ya sea que los discursos de Trump hayan sido únicamente estrategia electoral o que realmente reflejen su identidad, sin duda han marcado pauta para la discusión cotidiana sobre la discriminación. Aunque la deportación de migrantes indocumentados y el señalamiento de personas o estilos de vida “amenazantes” para la estabilidad de la nación siempre ha estado presente en la agenda y en el actuar público de Estados Unidos y todos los Estados, el precedente de un presidente de color es lo que ha impulsado los cuestionamientos desde el exterior sobre un aparente retroceso, y señalo como aparente, pues este tipo de prácticas de mofa, exclusión y violencia han persistido por largo tiempo; aunque también se debe señalar que alrededor del mundo se identifica un fortalecimiento de los grupos conservadores de poder, desde México y hasta Francia, donde el partido de derecha se ha posicionado mediáticamente de una manera sorprendente, el cual también cuenta con un precandidato que seguramente dará mucho de qué hablar: Jean-Frédéric Poisson, quien buscaría la abrogación de diferentes leyes que en su momento fueron consideradas como elementos sustanciales para el desarrollo de sociedades más justas e igualitarias.

A principios del Siglo XXI el mundo vivió un importante proceso de transformaciones de manera acelerada, en gran parte por el desarrollo de múltiples tecnologías que posibilitaron una mayor interconectividad en su más amplio sentido, no sólo en la comunicación mediada, sino que también en lo que refiere a movilidad. Esto posibilitó que unos cuantos tuvieran acceso a mayor cantidad de información, puntos de vista y experiencias que anteriormente parecían muy distantes de su entorno inmediato; mientras que otras tantas personas quedaron en sus mismas esferas de convivencia con sólo alguna noción del flujo central de información, siendo en algunas ocasiones excluidas por no lograr dimensionar e insertarse en las nuevas prácticas del ahora.

Es así que frente a la pluralidad y la adaptación a nuevas formas de trabajar, convivir y hablar, a veces hasta de manera forzada, se presentó una desfragmentación y deslocalización, que después de un tiempo parecen ajustarse para una reorganización de lo correcto y lo incorrecto, lo curtido y lo incipiente. Desde el debate sobre si es bueno o no tener el celular en la mano cuando se está a la mesa, hasta el –insultante– cuestionamiento sobre los Derechos Humanos. Todo se circunscribe en una pugna entre lo viejo y lo nuevo, lo bueno y lo malo, por la razón, por el poder.

Como se ha señalado por diferentes voces académicas a lo largo de la historia, el mundo social se ha construido con base en oposiciones, en antagonismos del negro y blanco, el día y la noche, que han imposibilitado el considerar y reconocer medias tintas de la misma experiencia de vida de las personas. Aunque hace pocos años parecía que las comunidades se abrían a nuevos escenarios en búsqueda de una forma de convivencia más justa, igualitaria e incluyente, quienes se vieron amenazados ante múltiples transformaciones, estando en la centralidad del poder, se han reunificado para poner orden según sus parámetros de interpretación; y también quienes se encuentran en puntos privilegiados hacen lo suyo, en especial cuando no se considera, en algunos casos, a la ignorancia como resultado de una desigualdad de trasfondo.

Los estereotipos y arquetipos son parte de la sociedad, en su mayoría nuestro pensamiento se sustenta en los mismos, el humor negro del que algunos gozamos recurre a ello para sátiras y obtener risas de patíbulo, sin embargo, también es tiempo de aprovechar el escenario de tensión para buscar, justamente, esas experiencias con la alteridad, con lo diverso y lo que parecía distante para lograr reconocernos como humanos que ya estando en el mundo buscan dar sentido a su existencia.

La violencia en Estados Unidos por racismo ha sido una constante de su historia, menos oculta que en México, donde se prefiere recurrir a eufemismos para hablar del morenito; y a pesar de múltiples avances que aparentaban ser atribuidos a la nación norteamericana, se ratificó nuevamente que hay una asignatura pendiente que no se ha dimensionado, ni por los diferentes grupos civiles o personas que han buscado forjar una sociedad más armónica: promover experiencias de aprendizaje con la alteridad.

A pesar de que México es una nación multicultural, en las escuelas y los espacios públicos difícilmente se convive en la diversidad. En Aguascalientes se cuenta con la Feria de San Marcos, pero al final los espacios están bien estratificados que imposibilitan esta interacción. Es así que, las organizaciones civiles y el activismo, son en principio los actores primigenios que deberían buscar e incentivar estas experiencias, así como el sector educativo. Sin dejar de lado la denuncia y el reconocimiento de derechos, es indispensable buscar esta vinculación, el compartir la mesa, las charlas cotidianas y especialmente los beneficios de la pluralidad.

Existe una lucha por el poder, y el poder es la razón, pero este no puede generarse sin relaciones, sin un proceso de interacción y convivencia, por lo que si se busca reducir la desigualdad y empoderar a los sectores que tradicionalmente han sido llamados como vulnerables, será necesario generar esos espacios y acciones que permitan reflejarnos entre nosotros, para así buscar puntos de encuentro, y por supuesto de diferencia, de los cuales partir para construir una comunidad más justa; pero siempre cuidando de que esas prácticas no vuelvan a caer en imaginarios de discriminación o algunos tipos de caridad que se sustentan en la misericordia –palabra que en lo personal me parece demasiado agresiva– y terminan siendo utilitarias para tranquilizar conciencias perturbadas.

Recuerdo que una vez se me criticó por no buscar el activismo, pero al reflexionar parecía que la conceptualización de la “acción social” se sustentaba en el escenario público de una actuación dramática que no lograba trascender a una verdadera performatividad que se cimentara en lo colectivo. Dije y sigo convencido de que además de la denuncia, las marchas, los escritos, los círculos de protección y el intercambio de materiales o ideas, primero debemos hacer consciencia de nuestra posición frente a los demás, arriba o abajo, al centro o en la Siberia de la exclusión, y convivir para lograr que aquellos, para quienes somos diferentes, logren reconocer que los matices son lo que en verdad da sentido a un mundo social que parece que después de ver un vasto escenario de posibilidades se amedrentó y decidió regresar a la cueva que aunque pequeña, oscura y fría, es ya conocida.

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Juan Luis Montoya Acevez

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