Opinión

Aprendiendo la alteridad / Opciones y Decisiones

Toda intervención virtuosa, sea en lo científico-tecnológico-profesional o de oficio, depende de las herramientas adecuadas para actuar, de un enfoque correcto del problema a resolver, y de una conducción de equipo armoniosa y eficiente que obtenga resultados satisfactorios. El sistema del capital central dirigente, con base en los Estados Unidos de Norteamérica, acaba de ser sacudido por lo que califican ya algunos analistas de los famosos mainstream media, un sunami político de grandes proporciones que está modificando la geopolítica interior no tan sólo en la dimensión federal del gobierno, sino en la reconfiguración territorial de los estados de la Unión Americana.

En efecto, las elecciones nacionales del 8 de noviembre, dividieron en dos bloques literalmente a la población estadounidense, clases trabajadoras y medias bajas por un lado, y clase media alta y afluente por el otro. El Partido Republicano se alza con la victoria y pinta de rojo la entraña del país, en tanto que el Partido Demócrata deja pintas de azul en el mapa nacional y queda desdibujado en la imagen federal, prácticamente fuera del esquema de poder gubernamental, reducido a oposición en la Cámara de Representantes y en el Senado de la República. Es por ello que la candidata demócrata derrotada Hillary Clinton, después de ocho días de estar rumiando la derrota, ha llamado a creer y ser fieles a los principios de la bioética fundamental que ha dado vida a los Estados Unidos.

Este llamado a alzarse, con dignidad, ante la adversidad de la derrota política es indicativa de que la polarización y erección de contradicciones ha irrumpido en el sistema sociopolítico de la unión americana; cuyo fundamento a la vez es el capitalismo dirigente en su fase neoliberal más aguda, de predominio de la fracción financiera y bancaria del Capital, acompañada de la satanizada –por el equipo triunfante- mainstream/corriente principal de los medios masivos de comunicación, radio-TV-prensa. Lo que implica una lucha intestina por controlar la información y, por ende, la interpretación del sentido del poder en ejercicio.

En cambio, en México, las secuelas de las elecciones estatales del 5 de junio, se han mostrado crudamente en estados vulnerados por sus propios gobernadores, con saqueos y desfonde de las arcas públicas de tal magnitud que están haciendo impracticable cualquier avance real de desarrollo de sus pobladores. Este escándalo, ya no digamos de enriquecimiento ilícito, sino de vergonzosa depauperación del erario público y con él de su propia población, está derivando en la aplicación judicial de procedimientos para fincar responsabilidad a sus indignantes autores. Aguascalientes, en este contexto, comparte el cuadro de una derrota política con escaso margen entre partidos perdedores y el ganador, pero también presenta una incógnita respecto del cuadro dirigente a punto de tomar posesión de su mandato. Decía aquella frase de la transición chilena posterior al golpe de estado: “la mar estaba serena”. Hoy mismo, en la tierra de la gente buena, apenas a 11 días del recambio de poderes locales, campea un silencio inaudito de cómo está siendo configurado el equipo gubernamental, y todo se concentra en reclamo del problema con el transporte público. Todo se construye a la chita-callando.

Es sintomático que la instalación de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado de Aguascalientes, configure 13 diputaciones para el PAN y sólo 6 para la “segunda fuerza” del PRI, los otros partidos van de 3, 2 y 1 representación, es decir una miscelánea parlamentaria de las más predecibles resoluciones unimodales. Todo el Poder Ejecutivo de signo triunfante, y un Poder Judicial con supuesta autonomía. Es de llamar la atención que 16 de las principales comisiones del Congreso local las presida el PAN, 6 las encabeza el PRI, 3 Nueva Alianza, 2 El Verde, 1 Morena, 1 el PRD y 1 el PES. Estamos en lo de siempre, un mayoriteo sin punto de resolución, no muy sano para una democracia en ciernes. Lo que presagia una escena política de esquites tronantes sobre el comal caliente. Y no olvidemos que la mar estaba serena.

En ambas situaciones post-electorales prevalece la cuestión sobre el liderazgo. Donald Trump antepuso como premisa de análisis que el mal a erradicar es la falta de liderazgo de la clase política tradicional, y por ello se entroniza en líder indiscutible “del cambio”, pone el dedo en la llaga de un poder corrupto dominante en el “pantano” de Washington, al que promete drenar de toda su inmundicia; al modo de los tiranos de Roma que todo el desperdicio imperial lo arrojaban a las cloacas romanas. Toma como manojo en un puño las políticas macro, como son la fiscal, la de seguridad nacional, la de soberanía del territorio versus inmigración ilegal y criminal, la Laboral pauperizada, la producción económica bajo el signo de la industria de la transformación recambiada por las tecnologías de la información y el conocimiento, y desde luego la política de liderazgo de la mano firme, -en lo interior mediante policías locales implacables, y en lo exterior un militarismo a precios y costos reales para sus aliados- manu militari que no le tiembla ya que quiere alinear a base de manotazos sobre la mesa, pretendiendo imponer un nuevo orden mundial. Añade la micropolítica del sistema de salud que impugna y reemplaza, más la de vivienda estacionada en hipotecas impagables, y como de soslayo la educativa costeable para las clases medias. Choca frontalmente contra el cuarto poder del mainstream media al que acusa de propensión a la defensa ideológica de su adversaria electoral, Hillary Clinton, y del resquebrajado Partido Demócrata.

Este tipo de liderazgo ya está visto, es de una cosmovisión populista, autoritaria, voluntarista muy poco afecta a matizar con distinciones y diferenciaciones estratégicamente analizadas, que resulta en el pragmatismo rampante que, al final del día, deviene en ser reactivo, oportunista y autojustificador. Ya que evita la mirada al horizonte de la Historia y a los movimientos dialécticos del sistema social entendido como un todo. Lo que también lo hace un movimiento -como presume de ser su mainstream/corriente- miope; por ser unifocal, unilineal y unimodal. En suma, la visión voluntarista de un egomaníaco.

El liderazgo que viene para Aguascalientes, se pintó en campaña de blanquiazul, con promesa de extraer lo principal de la cantera del talento local. Cosa que ya muy pronto podremos constatar en la conformación del gabinete estatal y los gobiernos municipales. Lo importante es que se incluye la voluntad de sumar liderazgos identificables en la sociedad y, ojalá, no continuar con la visión de los gobiernos ejercidos “por afinidad” ideológica y partidista a ultranza –muy al estilo de “espejito, espejito, dime quién es la bonita…”-/. Ya tuvimos suficiente con el modo luisarmandista de hacer gobierno, con secuelas de un interminable periodo de judicialización del estilo personal de gobernar.

En suma, si bien es cierto que el liderazgo juega un papel importante en la formación de equipos o grupos de trabajo, no se puede trasponer simplistamente este enfoque a la estructura y dinámica política de una sociedad cada vez más plural, diversa, compleja y, por herencia histórica, desigual. Punto de vista en que se omite la transformación vital de los principales factores que condicionan el bienestar y la calidad de vida, tanto de los individuos como de importantes conjuntos de la sociedad. Y que esta dinámica se traba en una dialéctica de contradicciones -en grados diferentes de profundidad- que deben ser superadas, para llegar a una nueva síntesis transitable, sustentable y de resultados previsibles y benéficos. Si bien es cierto que la voluntad es la capacidad de determinación de una alternativa o de una posibilidad para que nazca en la historia -esto es en el tiempo y en espacio-, no menos cierto es que el medio ambiente sociopolítico y económico es el mar embravecido o pacífico que condiciona los posibles resultados. Recordando que la mar estaba serena.

Esta suma de voluntad y realidad objetiva es la que al final construye los peldaños de un desarrollo compartido por todos. Lo que dicta el protagonismo histriónico o histérico resulta en un voluntarismo egocéntrico, narcisista que mucho peca del ya consabido etnocentrismo fundamental de una tribu, madre de todos los -ismos que, por cierto, valen lo ídem. Por lo que, en conclusión, debemos salir de nuestra concha y zona de confort individualista, para afrontar el hecho de con-vivir con otros, y esto es posible cuando hacemos reconocible la alteridad, es decir aprender a ver y a actuar con el otro, como otro y no extensión de yo mismo.

[email protected]

The Author

Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

No Comment

¡Participa!