Opinión

Ecos de Watergate / Taktika 

 

Manchester, New Hampshire, Unión Americana. 28 de octubre de 2016. Al conocer que el FBI reabrirá la investigación respecto a los correos enviados desde un servidor privado por la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, los cuales fueron hallados en la computadora de Anthony Weiner -el marido separado de Huma Abedin, brazo derecho de Clinton-, el candidato republicano, Donald Trump tuitea: “Esto es más grande que Watergate”.

Luego, salivando como un can al que se le acaba de arrojar un suculento hueso, el millonario neoyorquino exclama: “Tengo gran respeto por el hecho de que el FBI y el Departamento de Justicia ahora tienen el coraje de corregir el horrible error que cometieron” y agrega que la “conducta criminal e ilegal” de Hillary Clinton será su fin.

La escena arriba descrita sirve como prólogo al presente artículo, el cual pretende descifrar si la reapertura de la investigación por parte del FBI respecto al uso de Hillary Clinton de una cuenta de correo electrónica privada para tratar asuntos oficiales se puede comparar al escándalo Watergate.

El 17 de junio de 1972 cinco hombres -Virgilio González, Bernard L. Barker, James W. McCord, Eugenio Martínez y Frank Sturgis, mejor conocidos como Los Fontaneros, quienes llevan consigo equipo fotográfico así como instrumentos electrónicos- fueron detenidos cuando intentaban penetrar el cuartel general del Partido Demócrata en el Hotel Watergate, ubicado en la parte baja de Washington, D.C.

El objetivo de Los Fontaneros era obtener información sobre el candidato presidencial demócrata, George McGovern. Al ser presentados ante el juez, uno de los detenidos, Frank McCord, reconoció ser agente de la CIA y trabajar como coordinador de Seguridad del Comité para la Reelección del presidente, Richard Nixon.

La información en cuestión llega a la redacción del diario, The Washington Post, el cual comisiona al reportero Bob Woodward para investigar el caso. Asimismo, Carl Bernstein, redactor del mismo rotativo, tenía en su poder fotocopias de las notas enviadas por los reporteros que se hallaban en el lugar del suceso. Pronto, Bernstein y Woodward colaboraron para descubrir la verdad.

Un misterioso informante llamado Garganta Profunda -que resultó ser W. Mark Felt, director adjunto del FBI- imitando a Hansel y Gretel, dejaba migajas de información para los redactores del Washington Post, quienes investigaron como sabuesos a todos los presuntos sospechosos y publicaron la información.

No obstante, Richard Nixon -gracias a su viaje a China para entrevistarse con Mao Tse-Tung y la firma del Tratado sobre Misiles Antibalísticos con la Unión Soviética- resultó reelegido el 7 de noviembre de 1972 con el 61 por ciento de los votos.

Los inquisitivos reporteros llegaron a la conclusión de que la fiscalía creada para investigar el caso no tenía prisa por resolverlo, pues era receptora de sutiles presiones ejercidas desde la Casa Blanca y el Departamento de Justicia.

En marzo de 1973 el juez que había dictado sentencia contra Los Fontaneros, John. J. Sirica, recibió una carta de Frank McCord, en donde le informaba que estaba bajo presión política para declararse culpable e implicó a altos funcionarios del Gobierno estadounidense en el asunto Watergate.

Intentando salvarse, Nixon “aceptó” la dimisión de cuatro altos funcionarios. Sin embargo, el escándalo crecía: en mayo de 1973 comenzaron las audiencias televisivas ante el Senado. En una de las entrevistas, el antiguo consejero presidencial, John Dean, acusó al anterior procurador general, John N. Mitchell, y al mismísimo Nixon de involucramiento.

En respuesta a una carta enviada por el juez John J. Sirica, Nixon respondió que “debía declinar de obedecer el citatorio”. Es decir, invocaba su “privilegio ejecutivo”. Poco le duró el gusto a Nixon, uno de sus empleados, Alexander Butterfield, reveló que la Oficina Oval tenía un sistema para grabar las conversaciones.

Atendiendo una citación, Nixon entregó algunas grabaciones y documentos relacionados. Sin embargo, Sirica ordenó a Nixon entregar todas las grabaciones antes del 31 de mayo de 1974, éste se negó y ambas partes apelaron a la Suprema Corte de Justicia.

El 24 de julio de 1974 la Suprema Corte dio su veredicto: la fiscalía había probado que la evidencia contenida en las grabaciones era relevante al caso. Además, rechazó el reclamo de Nixon de que tenía un privilegio ejecutivo pues “ausente la necesidad de proteger secretos sensibles de seguridad nacional, encontramos difícil de aceptar la confidencialidad de las comunicaciones presidenciales”1.

A finales de ese mes, fueron aprobados tres artículos de juicio político contra Nixon por: obstrucción de la justicia, abuso de poder y desprecio por el Congreso. Por último, la revelación de una grabación con la voz de Nixon lo destruyó políticamente.

El 9 de agosto de 1974, Nixon renunció a su cargo en una breve carta dirigida al secretario de Estado, Henry Kissinger. El texto dice lo siguiente: “Estimado señor secretario: por la presente, renuncio al cargo de presidente de los Estados Unidos”.

¿Es el escándalo de Watergate igual a los e-mails de la Sra. Clinton? El escribano cree que no, pues Watergate fue una crisis constitucional que puso a prueba el andamiaje político estadounidense. Es decir: la relación entre las ramas ejecutiva y judicial en un sistema político basado en la separación de poderes y los pesos y contrapesos.

El decano del periodismo de investigación, Carl Bernstein dijo que “Watergate era acerca de un presidente de los Estados Unidos criminal quien presidía una administración criminal desde el día que llegó hasta que se fue”2. Sin embargo, Hillary Clinton, en su opinión, “puso en peligro la seguridad nacional por su manejo de los correos electrónicos”.

¿Esta nueva revelación le servirá a Donald Trump para superar a Hillary Clinton?  Y en caso de ganar ésta, ¿Se convertiría en una lame duck -una “pata renga”?  ¿Es la Unión Americana “una república bananera”? Todo eso y más se revelará el próximo martes 8 de noviembre de 2016.

Aide-Mémoire.- Malasia ha hecho un viraje estratégico en su relación con China, lo cual, aunado a los dichos del presidente filipino Rodrigo Duterte, augura otro golpe potencial al “pivote” de Barack Obama en Asia-Pacífico.

  1. – Beeman, Richard. The Penguin Guide to the United States Constitution. Penguin Books, New York, 2010, p. 208
  2. – Carl Bernstein on Clinton email controversy: ‘It’s not Watergate’ https://goo.gl/DbHLPg

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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