Opinión

La izquierda y la muerte de Castro / Disenso

Hace un par de semanas, a raíz del triunfo de Donald Trump, escribí un visceral texto no necesariamente contra él, sino como una crítica a la izquierda, al liberalismo norteamericano que no supo evitarlo. Señalaba también que no es un caso único en el mundo. El Brexit es otro triunfo, digamos, de una política tradicionalmente calificada como conservadora. La muerte de Fidel Castro viene a poner de manifiesto una vez más, esa extraña voz que hoy que parece erigirse como izquierda y que, esperaría yo, se reconozca pronto con sus fallos, con sus contradicciones, con su absoluta falta de autocrítica, con su incoherencia.

La muerte de Castro debe recordarnos, primero, que la coherencia no debe estar supeditada a las ideologías. No es tan raro ver loas a Stalin que con fervor levantan los mismos que criticarían a Pinochet. La idea de que aquellos que enarbolan los ideales (concedámoslo así) de lo que llamamos izquierda son menos susceptibles a la crítica es completamente errónea, pondero. Lo vivimos con el ejemplo citado, o con la diferencia que reaccionamos ante la opacidad de Peña Nieto que ante la de López Obrador. Los aplausos a Castro en nombre del socialismo no pueden ignorar sus atropellos de dictador. Elegir así las características para generar un perfil ad hoc, no nos hace menos dogmáticos que el conservadurismo más abyecto y que de común criticamos.

Habrá decenas, miles de voces recordando que Castro se enfrentó a los Estados Unidos, que soportó un embargo comercial, que sus ciudadanas y ciudadanos tienen excelentes niveles educativos, de salud, de seguridad social en general. Aunque esto puede ser cuestionable, cualquier observación a favor del sistema no impide, de manera alguna, que rechacemos categóricamente las violaciones a los derechos humanos y civiles que se han dado en la isla por 60 años. Ver en su afrenta al “imperio yanqui” una posibilidad de borrar sus actos totalitarios es un acto de tremenda deshonestidad con los valores más nobles que defendemos. ¿O debemos preguntarnos, con seriedad, si hay algún valor que esté por encima de la libertad? ¿de los derechos humanos y civiles, de los derechos políticos y económicos de los ciudadanos?

Es obvio que muchos dirán que México también tiene una especie de dictadura, que nuestros niveles educativos o nuestros niveles de pobreza, o nuestros niveles de salud no son presumibles ante los de la isla. A mí no me parece en absoluto que eso cancele nuestra posibilidad -acaso obligación- de señalar los yerros cometidos a nombre de una ideología que -en teoría- puede considerarse noble, porque los errores de nuestro país, de nuestros gobiernos, de nuestro sistema, no le dan ninguna inmunidad a los de otros. La competencia racional es intentar la imparcialidad y el justo juicio, no una competencia donde pretendamos que unas miserias opaquen las otras.

No quiero hacer un juicio sobre Castro. No en este momento. Estoy tratando de escribir sobre la reacción de la izquierda que santifica al “comandante” -como lo ha hecho por años con el emblemático Guevara- aunque su figura y políticas incluyan elementos que dan razón para satanizar a otros. Porque la izquierda trasnochada sigue pensando que lo importante es la igualdad, aunque sea a costa de la pobreza. Que lo importante es la salud, aunque sea a costa de la libertad. Que lo importante es la educación, aunque sea a costa de la tiranía. Que lo importante, he dicho, es la ideología, aunque sea a costa de la congruencia. La izquierda no está avanzando como soñamos que a estas alturas lo podría hacer. Y creo, sinceramente, que señalar con dedo flamígero a las generaciones mayores o con crítica fácil a las más jóvenes es simplemente una irresponsabilidad. De los que no hemos sabido dialogar, de los que no hemos sabido reconocer que nuestros héroes podrían estar equivocados. Que la justicia no se trata de pureza. Que la democracia no se trata de bondad o maldad. Que la política no se trata de mesías.

Puede ser que no estemos mejor que Cuba en muchos aspectos. Pero tenemos libertad de expresión. De organización política. Tenemos acceso a tecnologías de información. Eso debe representar un reto, una responsabilidad. La izquierda no está triunfando. Ante la muerte de uno de sus íconos seguramente valdría la pena preguntarnos, en ese tópico, cuánto de culpa tenemos los que ondeamos esa inasible bandera.

/aguascalientesplural


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Alejandro Vázquez Zuñiga

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