Opinión

La responsabilidad de elegirnos / Disenso

 

“Eligiéndome, elijo al hombre”, sentenció Sartre en su famosa conferencia El existencialismo es un humanismo. Con esta frase quiso sintetizar su proyecto filosófico: explicar que los seres humanos somos arrojados a la mera existencia, sin que haya nada que nos defina esencialmente. Lo que el pensador francés quiso poner de manifiesto es que la tarea de construirnos como personas y como humanidad entera, es siempre un programa abierto y con ello, susceptible permanentemente a revisión, corrección o cambio. A diferencia de otros animales, más estructuradas en su forma de organización, nosotros hemos tanteado patrones sumamente diversos, y aún hoy la constitución de familias, sociedades, gobiernos y en general comportamientos es, alrededor del mundo, harto variopinta.

Muy diversos sistemas de gobierno hemos adoptado a lo largo de la humanidad. De la república griega a la monarquía española, del feudalismo medieval (o posterior, como en el caso de Japón), al comunismo cubano, los seres humanos hemos padecido o conquistado diversas formas de organización política. Entre ellas, casi por definición, debería aparecernos como la más deseable, la democracia. Una forma de gobierno donde todas y todos participan de las decisiones. Una forma de gobierno que busca proteger a la totalidad de la población. Una forma de gobierno diseñada para que todas y todos nos gobernemos a nosotros mismos. ¿Es así? Evidentemente no.

Grandes problemas existen con la propia democracia -lo cual no le impide ser la mejor, teóricamente-: uno obvio es que, si la mayoría toma la decisión y ésta, por condiciones educativas, sociales, económicas, es una mayoría desinformada, naturalmente la decisión tenderá a ser desinformada. Asistiremos a lo que suele llamarse “la tiranía de las mayorías”. ¿Qué tal un país en donde la mayoría vive en condiciones de carencia que genera -más que electores- clientelas, qué tal que las decisiones, aunque claramente dañinas a mediano y largo plazo, se basan en lo que representa un “bien” inmediato?

Diversas formas de democracia se practican en el mundo. Algunas tienen incluso alguna conexión con la monarquía, otras son de representación directa, algunas más pretenden la representación de forma indirecta. En algunas, cada puesto clave se elige a través del voto, en otras esos puestos pueden ser representaciones proporcionales o designación de las altas jerarquías.

La democracia, para muchas y muchos ciudadanos alrededor del mundo, puede darse por sentada: votamos, luego nos gobiernan; aunque la discusión sobre sus peligros y bondades es constante en los círculos de activistas e intelectuales.

Estamos ad portas de la elección del próximo o la próxima presidente de los Estados Unidos de América, pocas veces una elección había tenido tantos reflectores e implicado tanta expectativa y discusión alrededor del mundo. Lo que hace particularmente llamativa a esta elección, es principalmente la presencia de Donald Trump: un empresario de medio pelo que, con actitudes histriónicas y declaraciones estrambóticas logró abrirse paso entre los candidatos del partido del elefante rojo.

Hace poco sostuve una discusión con grandes amigos al respecto: una parte de los que estábamos en la mesa decíamos que el sistema electoral del país del norte podía, por un lado, dar como resultado tan inusitada postulación y por otro, que los electores (ese colegio que intermedia entre la votación popular y la designación final) representaban un candado para que la democracia norteamericana no se pusiera en riesgo. Otra opinión en la mesa era que, justamente, los vecinos del norte confían en su democracia al grado de permitir que un perfil como el de Trump pueda incluso llegar a la presidencia sin poner en riesgo la gran estructura democrática de ese país. Son dos posturas que me parece tienen algunos argumentos para sostenerse.

Con el paso de los días seguí pensando en el tópico. La conformación electoral de los países demuestra que la democracia sigue siendo un proyecto a revisión y corrección. Puede que alguna de esas maneras nos parezca más o menos atractiva, que pensemos que debemos aprender de una y de otra. Lo que nos sigue faltando creo es la pregunta por las y los ciudadanos y la manera en que tomamos decisiones.

Si Bernie Sanders parecía un gran candidato en su momento, en este punto se dimensiona aún como mejor opción, la opción que, por decisión electoral, no fue. Mucho de ello tiene que ver con el voto popular. A pesar de una gran campaña, de tópicos claros, de un proyecto que verdaderamente prometía beneficiar a la mayoría, Sanders quedó a la saga, probablemente por intereses partidistas, pero también por una falta de contundencia e involucramiento de las bases.

Mi amigo el filósofo Mario Gensollen me dijo: si yo fuera votante en USA dejaría mi trabajo unos meses para irme a hacer campaña por Sanders. Le creo. Un investigador pensando en tomarse unos meses para apoyar un proyecto político. ¿Cuántos de nosotros, embrollados con nuestras ocupaciones diarias, nos involucramos en nuestra propia democracia de esa forma? ¿Cuántos tomamos partida y hacemos diálogo vecinal, generamos discusiones más allá del like y el share que permita que nuestra democracia mejore?

Cuando elegimos para nosotros el tipo de ciudadano que queremos ser, elegimos lo que somos como bloque vecinal, como ciudad, como estado, como humanidad. Cada decisión afecta de manera completa al proyecto que somos. Hitler decidió que los alemanes llevaran una loza con la que pudieron elegir la sombra y la vergüenza permanente, pero eligieron la reconstrucción y la tregua.

Como mexicanas y mexicanos, hemos elegido -en presencia, pero también en ausencia de decisiones- tener un sistema democrático que podemos presumir sólido en muchos aspectos, menos en el fundamental: la elección final, que sigue estando en nuestras manos.

La votación de mañana en Estados Unidos nos permitirá discutir -lo cual es maravilloso- sobre los sistemas de gobierno, la forma ideal de la democracia, la manera en que nos constituimos, el cansancio para con los esquemas “tradicionales”; lo que somos y -sobre todo- lo que queremos ser. A diferencia de las horas de los vecinos, tenemos dos años para plantearnos con responsabilidad cómo participaremos de nuestro destino en 2018. Dos años para darnos cuenta que, hagamos o dejemos de hacer lo que sea, nos estamos eligiendo a nosotras y nosotros mismos.

/aguascalientesplural


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Alejandro Vázquez Zuñiga

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