Opinión

La visión sarcástica de la intelectualidad en México, El Jeremías / Alegorías Cotidianas

Los hijos son el reflejo de los padres y por ello en México no se lee y las tradiciones comienzan a perderse sin embargo, nadie se atreve a hablar de frente sobre ello ni tampoco a enfrentarlo, en el caso de que llegase a percibirlo.

¿Cuántos niños tienen clases de iniciación temprana? O ¿cuántos maestros estimulan la inteligencia? Nos preocupamos constantemente por no llegar a cumplir los parámetros de la prueba PISA y que México no sobresale en Educación. Se inventan reformas educativas, reestructuran los libros de texto sin que algo funcione o se encuentre que lo produce.

Los padres ahora tienen el gran pretexto de “no tener tiempo” para sentarse con sus hijos a hacer la tarea, estimular la lectura o las tradiciones. Lo más sencillo es el sentar a los hijos delante de un televisor o darles una tableta para que se entretengan sin buscar más allá el estímulo de la creatividad y de la inteligencia.

Pocos padres de familia preguntan a sus hijos ¿qué aprendiste hoy? Los inscriben en colegios pensando que la educación privada es mejor mas cuando llegan a casa éstos reciben la misma atención que cualquier estudiante de una institución educativa pública es decir, ya en casa no existe diferencia entre ellos pues no hay un estímulo a la intelectualidad.

No es un cliché sino una constante que los estudiantes muy dedicados sean maltratados por sus compañeros no tan asiduos al estudios, así como los maestros que no buscan mediar para que todos co-estudien en santa paz y armonía. También es cierto que muchos alumnos son inquietos y sus docentes en lugar de llevarles actividades extras para que no estén brincoteando en el salón de clases prefieren gritonearles e ignorarlos.

Tampoco podemos olvidar que los sabelotodo siempre nos caen gordos y estos terminan siendo antisociales por ser incomprendidos y no poder adaptarse al medio es decir, si un niño prefiere leer a jugar entonces es raro, si no ve televisión, se interesa en el estudio o la investigación es cosa peor. Sin embargo, según la revista Forbes hay cerca de un millón de niños superdotados en México de los cuales solo 30 tienen seguimiento en el Centro de Atención al Talento (CEDAT).

Sabemos ya que tenemos fugas de talento, que los estudiantes que llegan a sobresalir en alguna área de la ciencia las universidades europeas y americanas los llevan a vivir con ellos. La inteligencia y su desarrollo posiciona a un país económicamente así como un país inculto es más manipulable.

En concursos y seminarios internacionales los mexicanos se distinguen de los extranjeros porque hacen mucho ruido y al final están apresurados para terminar sus labores mientras los demás pueden tomar una pausa después antes de iniciar la sesión o entregar los resultados pues, como el tiempo es dinero, prefieren hacen las cosas en su momento y no hasta los últimos minutos. La depreciación de que el mexicano es flojo no es fortuita sino certera pues ni en casa ni en la escuela nos enseñan a ser autónomos, una de las características de los niños genio es que son perseverantes y luchan por concretar objetivos, el reto entonces llevar a la mayoría a ello aún si no son superdotados, el promedio del IQ del mexicano es de 86 y se rumora que con el bajo nivel educativo este podría disminuir aún más, el rango de la media universal es de 100, por lo que el caso de Jeremías, fuera de la ficción, se presenta día a día en los hogares mexicanos.

Jeremías es el protagonista de una nueva película mexicana que estrenó el 28 de octubre en las salas, y trata pícaramente de las vicisitudes que un niño de 8 tiene en su vida personal al ser superdotado y dejarse llevar por el ego.

Jeremías viven en Sonora, un estado de la República Mexicana que está apostando a la industria cinematográfica, ahí vive con su bisabuela, abuela, tío, padres y hermano. Su familia es una promedio es decir, nadie “hace algo importante” y las mujeres no tiene estudios, su papá es un machista light y su mamá es una mujer con deseos de sobresalir.

El pobre Jeremías es incomprendido en la escuela, en casa y no tiene amigos hasta que un par de adultos lo acogen como compañero de juego de ajedrez descubre que es diferente a los demás y que eso le puede dar la seguridad de nos ser como los miembros de su familia.

Entre diálogos muy elevados y situaciones graciosas muy bien planteadas la trayectoria de nuestro pequeño Jeremías lo lleva a aceptar su situación, ser flexible y sociable, sin duda alguna el millón de niños superdotados se sentirán identificados con el personaje así como uno que otro con un IQ mayor de 100 y menor a 140.

Jeremías tiene un guión bien planteado, interesante con una comedia no de tipo Televisa, original, innovadora que plantea una problemática intelectual derivada del estilo de vida mexicano, en el país de no pasa nada donde su presidente no tiene ni el promedio de 86 en IQ.

Si quiere reírse de principio a fin, apoyar a la economía social, analizar desde una perspectiva fresca el nivel intelectual de los mexicanos y los desafíos de la educación en nuestro país, no dude en acudir a las salas de cine y disfrutar El Jeremías, la ópera prima de Anwar Safa con el ganador del Ariel a mejor revelación masculina, el pequeño Martín Castro.

Laus Deo

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Paula Nájera

Paula Nájera

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