Opinión

Los mexicanos y Trump

El señor del peluquín es ya presidente electo. Y obtuvo muchos votos pese a su discurso aislacionista, machista, misógino, xenófobo, racista y cobarde; el cual se cebó especialmente en las minorías más vulnerables, como los varios millones de indocumentados mexicanos que viven y trabajan en ese país. Echarle la culpa de la profunda crisis gringa a los mexicanos indocumentados (que sostienen con su trabajo honrado a muchos sectores económicos de ese país), fue muy rentable electoralmente para este señor. Esa sola razón sería suficiente para una decidida acción pública desde México, oponiéndonos masivamente a la discriminación y al racismo en todas sus formas. Dejar de comprar productos norteamericanos y dejar de viajar a Estados Unidos puede ser el primer paso de un boicot económico, pero no podemos quedarnos sólo en eso.

Es cierto que para los mexicanos lo que ocurre en ese país es asunto de interés general. Casi diríamos asunto doméstico, porque nos afecta irremediablemente de manera cotidiana y multidimensional, tal vez como a ningún otro país en el mundo. Y no solo en comercio, migración, seguridad, drogas o energéticos; sino en multitud de temas, desde lo fronterizo hasta lo ambiental. Aunque parece que no hemos caído en cuenta de que justamente esa vecindad hace que de modo recíproco, los mexicanos seamos un asunto insoslayable para ellos. Solo tenemos que aprender -nunca es tarde- a hacer valer nuestro interés nacional aprovechando la singular circunstancia. Así, por ejemplo, se calcula que hay más de dos millones de ciudadanos norteamericanos residiendo en México (la mayoría jubilados de la tercera edad). ¿Qué haríamos al respecto si se expulsa masivamente a los nuestros? Y es solo un ejemplo entre muchos posibles. Así que el triunfo del señor del peluquín nos convoca necesariamente a un cambio de relación. Claramente, necesitamos un proyecto alternativo de nación y otros dirigentes para encabezarlo, pues los que tenemos no sirven al interés general de la nación. Ya lo dice la misma senadora independiente Marta Tagle: “el principal enemigo de México no es Trump, sino su propia clase política”.

Y no es precisamente la tasa de interés o la paridad cambiaria lo más importante de los cambios que se avizoran, aunque es cierto que casi todos nos afecta la subida en el precio del crédito o un dólar caro por sus múltiples efectos económicos e inflacionarios (el peso lleva depreciándose de modo importante todo el sexenio en curso -aproximadamente un 65.8 por ciento- y no sólo desde la candidatura de Trump). Tampoco es lo más grave la existencia de una valla triple y cuasi militarizada que ya existe en su tercera parte (33.3 por ciento de la extensión fronteriza, construida durante el gobierno de W. Clinton), aunque sí dice mucho del carácter que el gobierno de ese país le da a su relación con nosotros. Y no debería asustarnos ni sorprendernos la amenaza de una deportación masiva que ya sucede todos los días a cuentagotas por los 25 puertos de entrada/salida y los tres mil 185 kilómetros de frontera (sólo el gobierno de Obama deportó a casi tres millones de indocumentados). Pero nos equivocamos rotundamente si creemos que hay gringos malos y gringas buenas para el interés nacional de México.

Porque en realidad el problema no es sólo Trump o el gobierno de Estados Unidos, sino un modelo neoliberal que destruye el medio ambiente y el tejido productivo y social, traducido localmente en una violencia criminal imparable, una cleptocracia evidente y un capitalismo de monopolios y cuates corrupto y disfuncional.

Así que efectivamente, hay mucho por qué preocuparnos, pero no por lo que hace o deja de hacer el vecino, sino por lo que nos toca hacer al respecto ante un reto nacional tan serio y una relación de poderes tan asimétrica como compleja. Y sobre todo, hay que preocuparnos ante la falta de consenso sobre un proyecto nacional que no dependa tan absolutamente del vecino y que abandone definitivamente un modelo económico fallido, que empobrece a la mayoría y enriquece a la minoría.

Entonces, más que preocuparnos por el gobierno y los políticos de ese país, los mexicanos podríamos centrarnos en conseguir un desarrollo nacional incluyente y sustentable basado energías limpias, en la expansión del mercado interno, el comercio y la inversión con muchas otras naciones del mundo, así como en una apuesta seria por la educación, la investigación y la ciencia. En suma, en más desarrollo humano y menos “competitividad”; así como en construir las bases de una urgente soberanía energética (si la refinación de petróleo crudo es tan mala inversión como dice el gobierno mexicano, ¿por qué entonces en Estados Unidos hay casi 400 refinerías, o en Japón, que ni siquiera produce petróleo, más de 200?) y alimentaria (México importa en 2016 más del 50 por ciento de los alimentos que consume).

Así, la actual coyuntura de un hiper-vecino complejo y en crisis, nos da la gran oportunidad de recordar que México puede tener un Estado soberano, con una política exterior confiable y proactiva, que para empezar defienda siempre y en todo momento el interés de los millones de migrantes mexicanos -con papeles o sin ellos- más allá de la frontera norte.

Lo otro: el entreguismo, las ocurrencias y la constante genuflexión que han caracterizado a nuestros gobiernos recientes y en especial al actual, caracterizado por ejemplo, por la inexplicable visita y pitorreo del aún candidato Trump, las pueriles explicaciones posteriores, el rechazo de Clinton a Peña o la falta de un embajador mexicano en Washington durante más de 6 meses, son todos, rasgos de irresponsabilidad inexcusable.

Residualmente, el triunfo del señor del peluquín también deja damnificados entre el establishment autóctono. Queda para la anécdota la vergonzosa actitud de ciertas senadoras y senadores que se fotografiaron en la misma sede del Senado (“La Patria es Primero”, se podía leer con letras doradas al fondo) con la camiseta de Hillary puesta, dando cuenta de un zafio oportunismo a toda prueba. Así también se viene abajo la narrativa de la desmemoriada esposa de un señor chiquito, pelón y de lentes que quería ser candidata asociando su imagen a la hoy derrotada señora Clinton (contra casi todo pronóstico y encuesta). Esta familia panista empeñada en repetir en el cargo, podría bien recordar que hasta ahora nadie lo ha conseguido en el México posrevolucionario.

P.S. Joder a México. Dicen en Sonora que les llegó adelantado el “buen fin” con la detención y el encarcelamiento del señor Guillermo Padrés Elías, quien fuera (des) gobernador de Sonora (a imagen y semejanza de casos análogos desde Chihuahua a Quintana Roo, pasando por Nuevo León, Veracruz, Morelos o Coahuila), y a quien se acusa de los delitos de lavado de dinero y evasión de impuestos. Este señor es investigado también por ejercicio indebido del servicio público, ejercicio abusivo de funciones y delitos contra la administración de justicia. Y en la jurisdicción local se le investiga por tortura, privación ilegal de la libertad, abuso de autoridad, tráfico de influencia y asociación delictuosa, así como por el desfalco de entre 4 y 6 mil millones de pesos del presupuesto. (Excelsior, 10 de noviembre de 2016). Muy atinadamente opina Javier Corral, gobernador de Chihuahua, que no es suficiente con detener y procesar a estos señores, sino que hay que obligarlos a devolver lo que se robaron.

@efpasillas

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Enrique F. Pasillas

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