Opinión

Me hacen el paro / Cinefilia con derecho

Me hacen el paro, dijo el hombre que asesinó a los cuatro ladrones de la Marquesa y todos los pasajeros enmudecieron sin excepción, “estaba muy oscuro”, “yo quedaba muy atrás”, “la verdad ni me fijé”, fue Fuenteovejuna, es al unísono la respuesta no solo de los pasajeros sino de toda una nación que se suma a que no se busque a quien puso orden donde el Estado (en su integridad) no lo hemos podido hacer. El justiciero (en el ámbito nacional) las justicieras (en Aguascalientes) deben abrir urgentes debates en torno a la idea popular sobre la efectividad del sistema de justicia, entendiéndolo como un todo, no sólo la parte penal y la de la policía preventiva, sino además la posibilidad real de toda la sociedad para hacer justicia, donde todos sus ciudadanos estén protegidos y se sientan seguros.

Cómprenles un cartón de chelas a estas mujeres valientes x aver matando una rata. Tomado de uno de los cientos de comentarios sobre la muerte de un ladrón a manos de tres mujeres que lo descubrieron robando en su casa. La sociedad está cansada, o más bien desgastada, el pasquín de Facebook tiene sobre esta nota policiaca miles de likes y cientos de comentarios, todos ensalzando el hecho, criticando a la autoridad y a “derechos humanos”, defendiendo a esas heroínas, a esas justicieras, si acaso hubo una sola apología para el hoy occiso (supongo algún familiar) la tunda digital fue contundente, la idea es unánime, hay que “exterminar a las ratas” el imaginario público sobre el Estado de Derecho está menguado.

La Constitución nos protege -dijo la Nena- Vivimos en un estado de derecho Mira, sobrina, con todo respeto, ésas son mamadas de los libros de civismo (Elmer Mendoza en El amante de Janis Joplin). La fuerza del derecho descansa en la norma hipotética fundamental, decía Kelsen, la creencia general de que la ley es obligatoria, es decir, la autoridad está imposibilitada para imponer la norma si todos la violamos, pero como la mayoría creemos que sí puede hacerlo, se fortalece o se consolida su respeto. En la medida de que este dogma se desgasta, más serán los linchamientos y la justicia por propia mano, urge ejercer las facultades y evitar la impunidad, máxime con la entrada en vigor del nuevo sistema penal que de facto evitará la prisión preventiva y por ende la creencia popular de que un criminal más tarda en ser detenido que puesto en libertad. Me temo que entre más cobre fuerza esta idea, más difícil será para el poder controlar el desgaste de la norma jurídica, y entonces puede ser que surja un tirano apoyado de forma popular, y esto, es peligroso.

You talkin’ to me? La crisis de credibilidad nos hace glorificar las muestras de justicia por propia mano, justificar los linchamientos, pensar siempre en armarnos, como sociedad empuñamos el arma, nos miramos frente al espejo y nos espetamos con ese dejo de odio de Robert de Niro en la clásica película de Martin Scorsese Taxi driver (1976): me hablas a mí? La venganza en comunidades desquiciadas se transforma en una bomba de tiempo, el ejemplo del personaje es fundamental, es un hombre relativamente común, cansado del estrés diario, de las injusticias de todos los días, con un detonante: un pasado de guerra (una guerra como la que vivimos en México) que decide tomar justicia por su propia mano, no se trata de un agravio personal, sino de una ofensa generalizada materializada en una prostituta de 13 años que es explotada (Jodie Foster).

Who the fuck do you think you’re talking to? Supongo que un ciudadano, un día cualquiera, tomó el autobús que siempre utilizaba, diariamente enfrentaba distintas injusticias, ya lo terrible del transporte, la temprana hora de ir a trabajar, su bajo salario. Un elemento detonante (una pistola 9 milímetros que por algo estaba en sus manos) en el trayecto fue asaltado, cuando miró la espalda de los ladrones que se aprestaban a bajar del autobús, sintió el frío del arma, no le preocupaban los 100 o 200 pesos que le acababan de quitar, o el celular que perdería, sintió en sus hombros la injusticia de un país entero y sin pensarlo dos veces acabó, a su manera, con un cáncer nacional. Dejó las pertenencias del resto de los pasajeros y en un paraje arbolado tomó camino, en el anonimato, consciente de que el país entero, por desgracia, se lo agradecería: me hacen el paro, nos dijo a todos.

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Rubén Díaz López

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