Opinión

Trump y Hillary: el final / #PolíticaForDummies

El martes 8 de noviembre se elegirá el futuro de un mundo, del mundo occidental, civilizado, del que nos han dicho que no es comunista, ni socialista, del que nos han dicho que es mejor, liderado por los Estados Unidos de América. Se elegirá entre Donald Trump y Hillary Clinton. Es claro, es mejor Clinton que Trump. Es claro también que Clinton no es lo que quisiéramos y que como dice Jorge Álvarez, lo mejor que puede pasar es que ganen de manera holgada los demócratas para que Bernie Sanders y los mismos demócratas sean un contrapeso de Hillary.

Se enfrentan dos candidatos que representan, a su modo, a la clase política, la élite gobernante y tienen el respaldo de grandes empresas y lobistas, ninguno de los dos representa a los ciudadanos, a las minorías, a los latinos, a los negros, a los refugiados, a los exiliados, a los homosexuales, a las mujeres violentadas o a cualquier tipo de minoría, lo que dicen de ellos es discurso electoral.

Pero si a alguien tienen que elegir los millennials, los latinos y los jóvenes es a Hillary Clinton, el futuro será peor con Donald Trump, quien, hay que reconocerlo, cerró la campaña con la mejor tendencia positiva de todo el año, aunque no significa que estar a un punto en las preferencias electorales se traduzca en ganar las elecciones. Puedes vencer en las preferencias generales sin embargo perder la elección porque es necesario ganar 270 delegados que se consiguen ganando estado por estado. Trump puede ganar, sí es una alta posibilidad.

Trump representa lo que está mal en el mundo, sí, son muchas cosas, y sí, Trump representa varias de ellas. Trump representa ese capitalismo voraz, consumista, esclavizante, insensible al medio ambiente, excluyente y de clases. Trump representa la indiferencia y la discriminación, representa que el mundo es incapaz de reconocer en la diferencia la posibilidad de la comunión. Que es incapaz de reconocer que todos somos diferentes pero que todos somos únicos. Trump representa la idiotez humana de hablar sin pensar, de no escuchar y no debatir con argumentos. Trump representa la mentira, la violencia, la restricción, la censura, el veto y la violencia.

En resumen, Trump representa los muchos males que tiene la sociedad, hasta el más mínimo ente social: la mentira, la violencia, la discriminación, la falta de comunión y la insensibilidad. Clinton también representa algo de eso, la mayor parte de la clase política en el mundo lo representa, aunque hay sus valiosas excepciones.

Que Clinton y Trump sean las opciones es culpa de los demócratas y los republicanos que no cumplieron con la función institucional de un partido político, de reclutar ciudadanos, prepararlos y capacitarlos para que sean buenos candidatos y buenos gobernantes, Hillary no fue ni es buena candidata, no solo por su falta de popularidad o por su lejanía con los ciudadanos, sino porque fue incapaz de mantener una amplia ventaja y puede ser la responsable de que el legado de Obama se recuerde como el presidente que le entregó la Casa Blanca a Donald Trump.

Los republicanos tampoco cumplieron esa función institucional de generar un candidato capaz. En México algo similar ocurre, la izquierda no ha cumplido con su función institucional de generar nuevos candidatos que refresquen la imagen y discurso político y que consoliden el progreso democrático con propuestas que favorezcan un gobierno abierto, la participación ciudadana, el desarrollo tecnológico, la co-creación, la rendición de cuentas y la transparencia. Lo único que han podido construir es a Cárdenas y AMLO.

En ese tenor, los partidos tanto en Estados Unidos como en México han fracasado también en su función social, esa función que tienen los partidos políticos de ser catalizadores de la democracia, ser los responsables de la socialización de la política, incluso los republicanos han sido totalmente catalizadores de lo contrario: del autoritarismo, de la violencia, de la censura y de la discriminación. Los demócratas al darle la espalda a Sanders también han hecho lo mismo.

En México, los partidos tampoco han cumplido esa función social: son catalizadores del encubrimiento, de la corrupción, de la tranza, de los sobornos, de la guerra sucia y de la ilegalidad institucionalizada.

Hay voces que buscan que el sistema electoral en México se parezca al estadounidense por el financiamiento privado y los debates. Lo único rescatable de la campaña política fue el primer debate, donde los candidatos se pusieron al descubierto, intercambiaron ideas, ataques, propuestas y argumentos. Ningún otro debate fue atractivo, los dos equipos privilegiaron la guerra sucia antes que las propuestas, el despilfarro del dinero, aunque privado, el despilfarro es absurdo. El modelo estadounidense no es deseable para nosotros, no es deseable tener dos candidatos como Trump y como Hillary, no es deseable que un candidato a nivel internacional, alimente la diferencia, la discriminación y la intolerancia. No es deseable que otra candidata sea gris, de mala fama y con pocos niveles de aprobación.

Mi pronóstico: el miércoles estaremos debatiendo sobre los límites de la democracia, como lo hemos hecho con el Brexit y el plebiscito de Colombia. También un poco sobre la división de la sociedad y la poca participación ciudadana.

Mi deseo: que hablemos de un alto porcentaje de ciudadanos que salieron a votar.

@caguirrearias


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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

1 Comment

  1. José Chavira Carrasco
    06/11/2016 at 18:47 — Responder

    No me gustó tu artículo.
    No expresa nada.

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