Opinión

Trump: primeros movimientos / Taktika

Nueva York, Unión Americana. 14 de noviembre de 2016. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, conversa telefónicamente con el mandatario electo de los Estados Unidos, Donald Trump. Durante la plática, ambos líderes discuten una amplia gama de asuntos: las oportunidades y amenazas para la relación bilateral, asuntos estratégicos económicos y la celebración de 210 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Moscú y Washington. De esta manera, la sencilla llamada telefónica envía un mensaje con profundas ramificaciones geopolíticas.

Al día siguiente, de la cubierta del portaaviones ruso Almirante Kuznetsov, el cual enarbola desafiante la Cruz de San Andrés, despegan los cazas Su-33 -con la estrella roja de cinco puntas, símbolo del proletariado, pintada en el fuselaje- para bombardear objetivos en Siria. Por último, el Ejército sirio, leal a Bachar al-Assad, inicia una ofensiva sobre Alepo.

Las escenas arriba descritas sirven como prólogo al presente artículo, el cual pretende explicar los primeros movimientos geopolíticos y de personal implementados por el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump.

El lunes 14 de noviembre de 2016, Donald Trump recibió llamadas telefónicas de los líderes de China y Rusia. En la primera, Trump y el mandatario chino, Xi Jinping, hablaron de “remodelar” las relaciones sino-estadounidenses. Para Xi, las dos potencias deben cooperar. Por su parte, Trump comentó que ambos líderes “establecieron un claro sentido de respeto mutuo”.

Lo anterior, pareciera un salto cuántico con respecto a la actitud que Trump demostró durante la campaña. En ella, Trump atacó a China y la acusó de ser una manipuladora de divisas y prometió imponer aranceles a los productos de la nación oriental.

En el caso de Rusia, Trump declaró, durante la lucha electoral, su admiración por Putin, a quien calificó de líder “fuerte”. La conversación telefónica sirvió para dialogar y establecer un respeto mutuo entre las dos potencias nucleares. Para el Kremlin, es una oportunidad de “unir esfuerzos en la lucha contra el enemigo común: el terrorismo internacional y el extremismo”.

Esta aparente rusofilia por parte de Trump pareciera sospechosa, pues los demócratas acusaron a Rusia de estar tras las filtraciones de Wikileaks, las cuales dañaron seriamente la reputación de la antigua abanderada demócrata, Hillary Clinton.

Las conversaciones con Xi y Putin parecen indicar que el magnate neoyorquino -novicio en las lides geopolíticas, mas no en el arte de la negociación- desea establecer un entendimiento con los principales rivales de la Unión Americana.

A las anteriores pláticas vía telefónica se sumó la reunión que Trump sostuvo con el anterior líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) y adalid de la campaña a favor del Brexit: Nigel Farage, quien incluso tuvo la desfachatez de decir que Donald Trump en la Casa Blanca equivaldría a que los Estados Unidos declararan su “independencia” y que “no votaría por Clinton incluso si le pagaran”.

Los primeros movimientos diplomáticos de Trump fueron una patada en el estómago para la Canciller de Alemania, Angela Merkel, pues presupone que Alemania “no es lo suficientemente fuerte” para mantener unidad de lo que queda de la Unión Europea e incapaz de “resolver con Rusia las ambigüedades inherentes”1 a la geopolítica europea.

Tanto en Berlín como en Londres temen que la dupla Putin-Trump efectúe una segunda Yalta. Es decir, recrear el reparto en esferas de influencia que, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, Franklin D. Roosevelt y Iósif Stalin hicieron de Europa. Cabe mencionar que políticos afines a Putin acaban de ganar elecciones en Bulgaria y Moldavia.

Para tratar de evitarlo, Barack Obama tratará de utilizar a Angela Merkel, su “amiga cercana”, para que intente lidiar con Rusia y Siria. En pocas palabras, manipular a Alemania como un contrapeso a un posible eje Moscú-Washington.

En el frente interno, Trump designó a Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano, como su jefe de Gabinete. Priebus es famoso por lograr que políticos pueblerinos e inexpertos como el portavoz del Senado, Paul Ryan, hayan alcanzado prominencia nacional.

Sin embargo, el nombramiento de Steven Bannon -presidente del consejo de Administración del sitio web Breitbart News, de tendencia ultraderechista- como estratega jefe levantó ámpula: Bannon, un antiguo oficial de la Armada estadounidense y graduado de Harvard, es conocido por ser un perito en las artes tenebrosas de la política: la difusión de rumores y la exhibición de los secretos de sus adversarios políticos. En pocas palabras, Bannon es la adaptación republicana de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de la Alemania nazi.

Bannon dirá qué hacer y Priebus cómo hacerlo. Estos dos personajes, más los hijos de Trump -Donald, Eric e Ivanka-, serán la columna vertebral de la administración Trump

Y dentro de este ambiente geopolítico inconstante, aunado a la erección de más vallas en la frontera norte, el endurecimiento de la política migratoria norteamericana, la posible renegociación del TLCAN, y la eliminación del Acuerdo de Asociación Transpacífico, urge que México establezca una estrategia diplomática y de negociación para afrontar las señales de cambio que Donald Trump está enviando.

México no está solo, tiene amigos y aliados a lo ancho y largo de nuestra América mayúscula y allende los océanos, pero tiene que empezar a trabajar ya para defender sus intereses en este cambiante y complejo ambiente geopolítico.

Aide-Mémoire.- Donald Trump, Vladimir Putin y Marine Le Pen son la vanguardia de las fuerzas antiglobalización

1.- Brzeziński, Zbigniew. The Grand Chessboard: American Primacy and its geostrategic imperatives. Basic Books, New York, 1997, p.72

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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