Opinión

Trumpología / El peso de las razones

Ha pasado la resaca postelectoral. Con algunos días de distancia ya podemos hacernos algunas preguntas y esperar algunas respuestas más o menos objetivas a las mismas. En lo que sigue, me gustaría examinar algunas causas y efectos de la victoria de Donald J. Trump atendiendo a algunas preguntas sólo en apariencia simples. En un segundo momento, me interesa examinar un enfoque del suceso en particular que puede tener efectos a mediano y largo plazo.

¿Por qué fallaron los pronósticos? Nótese que utilizo la palabra “pronóstico” y no “encuesta”. En la mayor parte de los casos, las encuestas fueron acertadas, pues no se decantaron más allá del margen de error por una u otro. Las encuestas aseguraban una aguerrida batalla, cercana al empate en el voto popular, como sucedió, y muy insegura en el colegio electoral. Los pronósticos, por su parte, aseguraban una victoria contundente de Clinton en el colegio. Muchas y muchos les concedimos eficacia, dada su reciente historia de éxitos, y estos fallaron estrepitosamente. La razón: mientras las encuestas tienen una metodología fina cuantitativamente, los pronósticos incluyen muchos aspectos no cuantificables con rigor. Nos equivocamos los que pensamos que factores inciertos podían asegurar una victoria a la candidata demócrata. Pensamos -así lo creo- que el electorado norteamericano castigaría menos a Clinton y pensaría más en los probables males que causaría una victoria de Trump. Adicionalmente, los pronósticos electorales surgen sobre todo en un sistema electoral complicado como el norteamericano: dado que no es el voto popular el que de manera directa -como sucede en México- determina al ganador o ganadora (de serlo, la victoria habría sido de Clinton por un mínimo margen), las especulaciones motivadas a partir del colegio electoral fragmentado por estados se vuelven necesarias para orientar al electorado. Algunas y algunos han señalado un factor adicional probable pero incierto: los medios de comunicación -cercanos a Clinton y muy hostiles con Trump- manipularon la metodología de los pronósticos buscando influir en el electorado a partir del efecto “voto por el probable ganador”.  

¿Por qué ganó Trump? Una pregunta simple y complicada a la vez. Evidentemente el suceso es multicausal. No repetiré los análisis que ad nauseam se han realizado de las razones por las cuales obtuvo la victoria. Sólo quiero señalar la que considero la causa principal (repito, no la única), y una que -aunque muy secundaria- es sintomática y de interés para México y sus futuras elecciones. A Trump le dio la victoria el hartazgo mayoritario del electorado respecto al establishment político. Se equivocan quienes creen que la victoria de Trump se debe a una minoría de blancos mayores de 35 años. No hay tiranía de una minoría, sino de una amplia mayoría: Trump será el presidente de Estados Unidos debido que 25.5% del electorado votó por él y 46.9% no salió a votar por la misma razón, ya sea en su compromiso político o en su apatía: el descrédito mayoritario de la política y los políticos. El 72.4% del electorado norteamericano está harto o simplemente no confía en sus políticos ni en sus instituciones. La otra cara de la misma moneda muestra como responsable a la izquierda liberal: su incapacidad de diálogo, su puritanismo, su mojigatería, su holgazanería, su conservadurismo. La izquierda hipócrita, comodina, amiga de Wall Street, poco inteligente, sin carácter y sin fundamentos ni ideales que vio en Clinton a su mejor candidata posible es responsable por no brindar al electorado una opción política que los moviera a ejercer su voto con mayor decisión y compromiso. La izquierda cava día a día su propia tumba, no sólo en Estados Unidos. El Partido Demócrata perdió al elegir a Clinton por encima de Sanders, al negar las posibilidades de renovación tan necesarias a su interior. Un segundo factor, muy secundario en Estados Unidos, tiene que ver con el llamamiento de líderes religiosos conservadores (en especial, católicos) a su grey a votar por Trump. La ideología conservadora es monotemática y ciega: Clinton representaba un mal al estar a favor de la despenalización del aborto y a favor de los matrimonios entre personas del mismo sexo (por tanto, si uno es católico, debía votar por Trump). La Iglesia está agotada intelectualmente. Se olvidó de principios aun más básicos del cristianismo y entronó a un dictador lejano al espíritu de su institución. En México este mal deja de ser secundario: el Frente Nacional por la Familia representa un movimiento temible por su ignorancia, falta de pluralismo, agresividad y monotonía. Y es mayoritario. Todos sabemos quién es su opción política.

¿Qué cabe esperar para los estadounidenses de su victoria? Un mal escenario, no uno demasiado malo y seguramente no el peor. La democracia norteamericana es antigua y robusta. Los contrapesos democráticos que tendrá Trump en Estados Unidos son fuertes tanto del Partido Demócrata como del Republicano. También tendrá contrapesos en los alcaldes y gobernadores: Rahm Emanuel, alcalde de Chicago, ya ha expresado su intención de continuar con la ley de santuario para los migrantes e indocumentados en su territorio. Trump tendrá que moderar sus posiciones (ya lo hizo con respecto al ObamaCare y también con respecto a la radicalidad de algunas de sus políticas migratorias), y otras que piensa aún llevar a cabo no podrá llevarlas a la realidad. Cabe esperar también un buen escenario a nivel de política interior: las preocupaciones de Trump con respecto a la extinguida clase media son reales. No sería sorpresivo un incremento en la calidad de vida de los menos favorecidos en el país. Lo que quizá sí sea preocupante es su fidelidad a un modelo económico caduco y que ha demostrado su inviabilidad: reducir impuestos a los más favorecidos buscando un crecimiento económico que brinde empleo y prosperidad a los menos favorecidos.

¿Qué cabe esperar para los mexicanos de su victoria? Un muy mal escenario, no el peor. El racismo y la xenofobia de Trump contra las y los mexicanos no incidirá en políticas públicas de gran envergadura: el muro es improbable y las deportaciones masivas lo son también. Sin embargo, se endurecerá la política migratoria y el acuerdo migratorio que buscamos desde hace años estará muy pronto en el archivo muerto. Lo que debería preocuparnos principalmente (y en eso Trump y Clinton estaban en la misma línea) es la revisión del TLCAN: las consecuencias económicas para México pueden ser graves, y también lo pueden ser para Estados Unidos.

¿Cómo se dio el voto segmentado? Un análisis serio de la victoria de Trump debe atenerse al voto segmentado. Quizá lo más interesante que surge de este análisis tiene que ver con la segmentación por edad: los menores a 35 años votaron masivamente por Clinton (le hubieran dado 504 votos electorales a ella y sólo 23 a Trump). El futuro es alentador: los millennials son quizá la generación más educada en la historia de la humanidad. La tarea de la izquierda tiene que ver principalmente con ellos: brindarles opciones nuevas y serias que los motiven, como lo hizo Sanders, a inmiscuirse cada día más en el gobierno y la política. La victoria de Trump es sobre todo una victoria segmentada a la población menos educada e ignorante.

¿Cómo democratizar el conocimiento? Algo se ha hecho bien con las nuevas generaciones: la democratización del conocimiento es cada día mayor. La lucha principal de la democracia debe ser preparar cada día más a su población para que pueda hacerse cargo de manera competente de las decisiones políticas que toman. La democracia es peligrosa en un pueblo poco preparado y educado.

¿Qué papel debe jugar el conocimiento en una democracia? Mientras los esfuerzos por democratizar decididamente el conocimiento rinden los frutos que ya hemos empezado a cosechar, debemos establecer candados democráticos. Es inadmisible que un gobernante racista, xenófobo, homofóbico y poco preparado tenga acceso a los códigos nucleares. Las decisiones importantes deben tomarlas siempre los expertos. El mayor contrapeso que requiere una democracia -lo hemos aprendido con la victoria de Trump y el miedo que nos causa- es la de la toma de decisiones de los expertos. No podemos confiarle a Trump ni a cualquier gobernante incompetente decisiones tales como cómo combatir el cambio climático, o decidir si éste es o no un problema importante o real. La principal debilidad de la democracia siempre será la mayoría ignorante. Nuestra principal tarea desde la izquierda liberal y progresista: desaparecer mediante políticas públicas eficaces esa ignorancia.

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Mario Gensollen

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