Opinión

Buscando al líder que llevamos dentro / Opciones y Decisiones

Vengo comentando sobre lo imperativo de recurrir al método científico para poder dar cuenta de nuevas tendencias en la narrativa política que invocan la reivindicación del cambio, como fin en sí mismo, y con ello inducir la transformación de la sociedad, hacia un modelo en donde supuestamente el ciudadano es el centro de la Política, y no como ha venido ocurriendo por décadas, el ciudadano es rehén de ella; y, consecuentemente, de los políticos en el poder, desde el juego partidista. La propuesta publicada esta semana en las páginas de este diario, por Jorge Álvarez Máynez, secretario de Organización y Acción Política de Movimiento Ciudadano, se alinea claramente en esta nueva tendencia.

Se trata, entonces, de un supuesto impulso al cambio -que por cierto viene pregonándose desde la sibilina década de los sesenta-, sólo que ahora bajo el matiz del hartazgo social que no ha visto en la política más que un medio para enriquecerse empobreciendo a los ciudadanos, para instalar el imperio del dominio de lo privado sobre lo público, léase empoderamiento global de las empresas trasnacionales que operan literalmente sin territorio fijo ni fronteras; y que toman decisiones económicas de tal magnitud que hacen palidecer a una aplastante mayoría mundial de estados nacionales. Este fenómeno transformacional ha ocurrido en la Historia, sobre todo en los tiempos de decadencia de imperios tan poderosos como el Imperio Romano que, llegado al Siglo IV d.C., debido al deterioro de los edificios públicos, las plazas, la vivienda de los ciudadanos, hizo exclamar a San Agustín, cito de memoria: “¡Qué República es ésta!”, en la que existe “Res-publica egestatim et res privata opulentia?/La pobreza de la cosa pública, y la opulencia de la cosa privada?

Dije, en la pasada entrega que urge el recurso al método científico para dilucidar causas y efectos que expliquen con objetividad, verosimilitud y plausibilidad los fenómenos y comportamientos que subyacen a estas puntas de iceberg, pues queda patente que las apariencias engañan y los espejismos eso son. Por lo que ahora me ocupo, a nivel de introducción, del liderazgo, entendido como funcionamiento del sistema de estilos de influencia positiva con sus muy diversas modalizaciones en el juego de fuerzas de empuje, atracción o evasión.

Nadie en su sano juicio se atreve a poner en duda la fuerza de la gravedad que experimentamos en el planeta Tierra y su decisiva influencia en el normal funcionamiento de tierras, mar y aire. A esto llamamos leyes naturales del Universo. El ser humano que somos está sujeto a estas leyes en tanto que es cuerpo material. Sin embargo, en su dimensión intelectual, afectiva, espiritual y moral rigen otras leyes que dependen de la intención inteligente, del poder de la voluntad, del carácter, ánimo y temperamento personal -que es ontología-, y cuya manifestación exterior se concretiza en el lenguaje cifrado por la palabra o el gesto corporal, y se ejerce sobre otros seres humanos como evento comunicativo, diversificado en energías distintivas de empuje, atracción o evasión. Lo que es teleología (orientación a fines y tiene fundamento en valores, axiología); lo que sumado nos da la Axio-Teleología. Que nos hace seres emancipados del destino, fatum/fatalidad, para hacernos hijos de la libertad, o del  poder de autodeterminación. De otra suerte seríamos robots universales.

Estas capacidades esencialmente humanas con fundamento en nuestra psiqué, se expresan en cadenas comunicativas a las que se ha convenido en llamar “estilos de influencia”. Vea usted si no, a cada instante estamos ejerciendo dichas energías que, si convirtiésemos en fuerzas meramente físicas, lo haríamos en tres modalidades principales: empujando, jalando o evadiendo a nuestro interlocutor; lo que traducido a la realidad se convertiría en una caricatura de “push”/empujar, “pull”/jalar, “avoid”/evitar, verdaderamente risible. En cambio, la misma energía elevada al signo comunicativo mediante la palabra, aun cuando produce efectivamente el efecto asignado a su significado específico, lo hace apelando a la inteligencia emocional y al poder de la verosimilitud.

Ensayemos de hacer una tabla comparativa de los estilos de influencia: 1) Modalidad de Empuje.- a) Persuadir. Variantes: -i) Proponer; ii) Razonar. – b) Aserción personal (“asertar”).- i) Definir expectativas; ii) Evaluar; iii) Aplicar incentivos y presiones. En estos estilos se aplica la lógica, la razón, con fundamento en los hechos.

2) Modalidad de Jalar (halar).- A) Puentear (bridging). Variantes. – i) Involucrar y apoyar; ii) Escuchar; iii) Revelar -en ellos se ejercen destrezas como las de sondeo, involucramiento y entendimiento o comprensión. B) Atraer. Variantes.- i) Visionar -articular posibilidades excitantes; ii) Establecer Áreas Comunes. En esta modalidad, se recurre a la inspiración, generar sinergia o motivación.

3) Modalidad de Evitar/desviar. Implica = A) Desenganchar. B) Evitar. La primera variante puede ser positiva en la medida que implique suspender para reprogramar, reenfocar, permanecer frío/indiferente; dispersar la presión con el humor; reducir la tensión pero se es consistente con los objetivos. La segunda variante contiene alto riesgo, porque significa echarse para atrás, cambiar de posición de manera inopinada, invocar una evasión burocrática, o simplemente retirarse. Esta última opción, si no se aplica con estrategia lúcida y consciente, deriva en simple y llano rompimiento con la contraparte.

En la interacción personal cotidiana y en la práctica real, todos deberíamos estar haciendo recurso a todas las modalidades de la tabla de influencia positiva, porque así es de rica nuestra psique. Sin embargo, bien pronto nos damos cuenta de que generalmente nos estacionamos no tan sólo en un tipo predominante de estilo, sino también de pocas variantes. Demos un ejemplo. En el caso del presidente electo norteamericano Donald Trump, identificamos casi exclusivamente el estilo de “ser asertivo” en sus diversas variantes: “los mexicanos que nos mandan, aparte de ilegales, son violadores, ladrones de trabajos, traficantes de drogas y aun asesinos”, claro estilo de evaluación negativa; y por ello justifica la aplicación omnímoda de presiones y sanciones, hasta la deportación masiva. Su abuso del estilo de “asertividad”, aparte de arrogante y autoritario lo hace excluyente y por ello discriminador.

En cambio, el estilo predominante de nuestro presidente Enrique Peña Nieto, también en la categoría de empuje, es el de Razonar y en alguna medida de Proponer. Propuso una visita a México a los dos candidatos contendientes a la presidencia de los Estados Unidos, y solamente el más asertivo le tomó la palabra sin pensarlo y de inmediato, mañana. Por ello se entendió como un atropello diplomático. El encuentro se evaluó negativamente porque su actitud de razonar se interpretó más como una debilidad que una fortaleza, -le dije que no pagaremos por el muro-; en cambio, para Trump, se calificó como un paso audaz, enérgico y, sí, dominante. El macho alfa que impone su asertividad. El encuentro de un cordero y el león. La comentocracia mexicana explotó de indignación, por no reivindicarnos.

¿Existe alternativa, para manejar adecuadamente a un asertivo furibundo? Desde luego que sí. En principio, se puede contra-evaluar, o sea reaccionar como espejo hasta hacer ver la caricatura que tal personaje representa; pero, no se debe permitir el rompimiento de la relación, hay que transitar estratégicamente a la modalidad de Jalar, como serían las preguntas de sondeo o involucramiento, para conducir luego hacia el establecimiento de áreas comunes y finalmente a generar sinergia y motivación. El mismo Trump, en su gira de agradecimiento, está expresando su motivación positiva, con “terrific guys”, “tremendous posibilities”, “generous persons”… Etc.  Y visionando: “America will be great again!”.

El manejo diestro de los estilos de influencia positiva es un imperativo para todo aquel que se dedica a la vida pública, a la comunicación social y corporativa, a las artes de la actuación y de la literatura; a la docencia y a la consultoría vanguardista del coaching. Pero, también se hace indispensable para toda profesión u oficio con base en el intercambio personal, las relaciones públicas o el servicio social y comunitario. De hecho, el auténtico liderazgo calificado como “democrático”, sólo puede ser ejercido mediante el recurso inteligente, flexible y comprensivo de los estilos de influencia positiva. Todos los rasgos autocráticos, tipo country club o de socialité, de simulación o completamente permisivos y evasivos quedan descalificados para un líder sincero y auténtico. De manera que nuestras pesquisas por perfiles idóneos deberían correr bajo estos criterios.

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Francisco Javier Chávez Santillán

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