Opinión

Depresión en Navidad ¿mito o realidad? / Análisis de lo cotidiano

 

Comienza la temporada navideña y de inmediato aparecen los comentarios populares en el sentido de que es época de depresión anímica. Es probable que sea verdad, aunque de pocos años a la fecha. La idea nació hace varias décadas en las publicaciones de sicología científica publicadas en Estados Unidos y Europa que son los verdaderos investigadores en la materia. Resulta que se trata de países con inviernos intensos de muy bajas temperaturas, días cortos, noches largas y nevadas que obliga a las personas a permanecer largas horas dentro de casa con poca convivencia con el exterior. Lo cual, además, favorece al alcoholismo y otras adicciones. Esas heladas naciones han estado reportando elevados índices de depresión y suicidio. Y como son muy hábiles en distribuir la información, entonces los países hispanoamericanos que hacemos muy poca investigación académica en materia de sicología, hemos repetido las conclusiones de los países del hemisferio norte como si fueran nuestras. Con una gran facilidad repetimos que sí, que efectivamente la temporada invernal trae aparejados trastornos del estado de ánimo y desde luego que aumenta el número de suicidios. Solo que durante muchos años eso nunca pudo probarse porque nunca hicimos los trabajos de indagación necesarios para comprobarlo o descartarlo. En México existen muy pocas revistas científicas en el campo de la sicología, la siquiatría y la salud mental, de manera que no conocemos realmente cuál es la realidad en nuestra propia tierra. La observación empírica nos fue mostrando una realidad muy diferente a la que se vive en las naciones con inviernos crudos. Las fiestas navideñas mexicanas se caracterizan por fiestas familiares, reuniones con los amigos, cantos, música, baile, comida abundante y además aguinaldo. Y sobre todo una cifra real, el número de suicidios no aumenta de manera importante en estas fechas. Es bueno decir que el verdadero registro de esta enfermedad sicosocial comenzó en Aguascalientes hace apenas 16 años, lo que es nada para tener un verdadero peso en investigación científica. Durante muchos años los médicos que trabajábamos en los servicios de Urgencia de los hospitales, recibíamos a madres angustiadas y llorosas porque sus hijos que viven en Estados Unidos no les llamaban por Navidad, o las esposas abandonadas que sufrían porque sus hijos no verían a su padre en esta fecha, o las clásicas discusiones entre hermanos que durante todo el año no se ven y en la cena de nochebuena coinciden en la casa materna y resurgen sus rivalidades. Lo que sí teníamos era angustia y violencia intrafamiliar. Pero los tiempos cambian, ahora sí tenemos depresión navideña. También es una afirmación empírica tomada de la consulta y de los casos vistos en el ejercicio privado de la medicina. Y la depresión de los últimos quince años tiene que ver con motivos económicos que son los grandes factores de depresión en el ámbito mundial. ¿Por qué nos deprimimos los mexicanos en Navidad? La culpa la tienen los yanquis. Ya sabemos que en todo el planeta los estadounidenses son los enemigos absolutos, podemos echarles la culpa de casi cualquier tragedia mundial y en muchos casos acertaremos. Bien, pues ahí va una más. Ellos son los culpables de la depresión y el suicidio en todo el mundo porque se han apropiado de la Navidad. Es verdad, no solamente fabricaron la imagen de Santa Claus que ahora se pasea orgullosamente por todo el planeta, sino que cada año invaden el mercado auditivo y visual con canciones, películas y series de televisión con mensajes de amor, paz, armonía, felicidad, compra compulsiva de regalos y en todo el mundo vemos además de gordito del traje rojo, figuras de renos, duendes, muñecos de nieves, paisajes alpinos y toda una saturación que lleva una clara dirección, vamos a comprar y consumir. Desde la cena, la decoración de las casas, la ropa de temporada y por supuesto los intercambios de regalos en casa, en la empresa, en los grupos de amigos y las empresas y hasta los particulares obligados a dar el ahora imprescindible aguinaldo. Consumismo puro. Y ¿hacia dónde nos lleva este consumismo galopante?, a que en esta mercantil temporada, la angustia existencial del individuo no estará centrada en reunirse con familiares y amigos para intercambiar abrazos y bellas palabras, sino a comprar los artículos de moda, a satisfacer las cada día más exigentes cartitas a Santa Claus, a ver desaparecer a gran velocidad el aguinaldo tan esperado y tan esperanzado para resolver deudas y compromisos que por lo general no soluciona nada y por el contrario nos deja con la tarjeta de crédito nuevamente saturada. Así cualquiera se deprime. Entonces sí, ahora sí logramos igualarnos con los países capitalistas. La Navidad no era una época de depresión, pero ahora así lo es. Ya podemos respirar tranquilos, o deprimidos.

 

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Héctor Grijalva

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