Opinión

¿Y dónde acomodamos a Videgaray? / Enredos financieros

 

Estimado lector, con la sorpresa del jueves pasado de la salida abrupta de Agustín Carstens por medio de la renuncia como gobernador del Banco de México, las turbulencias financieras son cada vez más grandes para nuestro país. La salida se dio indudablemente por cuestiones de aspiración del mismo gobernador. Desde hace mucho tiempo, Carstens estuvo coqueteando con la posibilidad de emigrar hacia el Fondo Monetario Internacional, ya sea como su presidente (recordemos que fue uno de los nombres que estuvieron sonando cuando fue elegida Christine Lagarde), o como miembro de su junta directiva.

Ahora, se le invita a formar parte del antes conocido como Banco de Basilea, el Banco de Pagos Internacionales, el cual es una entidad financiera propiedad de otros bancos, y la que emite las “recomendaciones” sobre qué deben hacer otros bancos en el mundo y cómo se comporten. Además, da a conocer las mejores prácticas del sector. No sólo eso, esta entidad financiera ha sido catalogada como una parte esencial de las teorías de la conspiración del nuevo orden mundial. Su reunión anual, donde un selecto número de personalidades financieras asiste, emite al final de la misma un escueto memorándum de lo relacionado a la misma. Los periodistas que acuden son selectamente escogidos y no pueden hablar de todo lo que se ve en la misma reunión. La secrecía de sus reuniones hace que se tenga esa parte de “conspiración”, recordando que al igual que a los masones, todo aquello que tiene parte secreta tiende a la conspiración.

La tentación fue muy grande para Carstens. El FMI es un bocado grande, pero el platillo fuerte es estar donde se decide realmente las cosas para los bancos centrales en el ámbito mundial. Pero el tiempo de su renuncia no es el mejor, ya que estamos a escaso mes y medio de la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y el golpeteo a nuestra nación será infernal. Basta ver lo que han expresado últimamente los miembros del gabinete económico del mismo Trump, sobre el TLC, el muro y otras cuestiones que sabemos que tarde que temprano nos llevarán a tener volatilidad. Además, para nadie está oculto los desencuentros que tuvo Carstens con la agenda económica de Peña Nieto. Desde que dijo del “catarrito”, su postura fue la más ecuánime y trató de salvar lo más que se le permitía al país. La propuesta de ascender a subgobernadora a una persona de sus confianzas como Lorenza Martínez Trigueros, egresada del ITAM y doctora por el MIT, una de las eminencias del Banxico, que fue rechazada más por presiones externas que por méritos de la misma proponente, fue la gota que derramó el vaso, sabía que no podía hacer nada para salvar al país y por tanto, prefiero tomar la sabia decisión de irse a un lugar mejor.

En ese ambiente enrarecido, y con la situación de los seis meses que todavía estará Carstens, viene a bien preguntarnos, ¿y quién será el próximo? Y uno de los nombres que se barajan es el de Luis Videgaray. ¿Por qué Videgaray? Simplemente por su proximidad al presidente. Actualmente el gabinete tiene un problema y serio. El que hizo que Trump viniera a México fue Videgaray y el presidente electo Trump lo tiene en alta estima. Por tanto, es necesario hacerlo presente en el gabinete. Peña Nieto lo quiso integrar en el equipo de transición y de “choque” que formó Ildefonso Guajardo de forma rápida para enfrentar la renegociación del TLC. Los nombres de Pedro Aspe, Serra Puche, Herminio Blanco, entre otros figuran allí. Y el presidente quiso meter allí a Videgaray como “líder” del equipo. La realidad lo hizo pensar otra vez su decisión, ya que más de la mitad del equipo amagó con renunciar si se quedaba Videgaray. Entonces, se desistió. Se piensa en hacerlo gobernador del Banco de México, cuando la realidad es que nunca dio dotes de gran pensador económico. El peor escenario para México es que se logre ese cometido y sea por cinco (SÍ, CINCO) años el puesto.

Lo que parece que será lo que procederá es el sacrificio de Claudia Ruiz Massieu, de la Secretaría de Relaciones Exteriores para dar paso a Luis Videgaray y tener una agenda personalísima con Trump. Se pensó en hacerlo embajador de México en Estados Unidos, pero como allí pasa por la anuencia y ratificación del Senado mexicano, prefiere evitar el desgaste natural que puede pasar por él.

Entonces el dilema es, ¿qué hacemos con Videgaray? Por mí, que se quede en su casa, aunque reconozco que es una carta bajo la manga para poder hacer frente a Trump.

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José de Jesús González Serna

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