ENTREVISTAS

Escribo para vengarme, y en Brasil no falta motivo de venganza

Entrevista a Marcelino Freire, autor de Cuentos Negreros

16 cuentos cortos sobre las desigualdades económicas y raciales que tensan las relaciones en las grandes urbes de Brasil

 

La editorial mexicana Librosampleados se ha preocupado en sus cinco años de vida recién cumplidos de extender las fronteras de la lecturas que hacemos desde México de la literatura que se está escribiendo en estos momentos en América Latina, para lo cual han publicado, por ejemplo, la antología de textos sobre Julio Cortázar titulada Cortázar Sampleado, curada por el escritor argentino Pablo Brescia, que reunió la voz de 32 escritores latinoamericanos que recuperan la influencia que el escritor argentino, o la publicación de varios de las voces latinoamericanas más importantes de la literatura sudamericana que han sido publicados en la colección Cartón-Era con autores como la brasileña María Alzira Brum Lemos, el peruano Diego Trelles o el ecuatoriano Miguel Antonio Chávez, entre varios más, que conforman una selección muy interesante sobre el panorama contemporáneo de las letras latinoamericanas.

Para fortalecer esta búsqueda la editorial mexicana publicó el libro Cuentos negreros del escritor brasileño Marcelino Freire, nacido en 1967 en el pueblo de Serranía en el estado de Pernambuco, en el nordeste brasileño, una zona reconocida por una tradición oral sumamente extendida, de la que participan todos los pobladores y de la cual Freire se siente en deuda a la hora de escribir sobre las historias urbanas de las cuáles él ha sido testigo a la hora de migrar hacia la ciudad de Sao Paulo, en donde reside y en donde ha desarrollado su carrera literaria, donde ha publicado cuatro libros de cuentos, entre los que destaca ahora Cuentos negreros que se hizo acreedor en su país al Premio Jabuti, uno de los más importantes del gigante sudamericano, y que llega a México gracias a la editorial Librosampleados y a la traducción de Armando Escobar, quien también es responsable de la traducción de esta entrevista realizada a distancia con el escritor.

Cuentos Negreros reúne 16 cuentos cortos, o cantos como los bautizó Freire, en los que el autor nos habla con intensidad y profundidad sobre las desigualdades económicas y raciales que tensan las relaciones en las grandes urbes de Brasil, una literatura poderosa e intensa en la que la voz principal recae en los marginados: gays, mujeres, pobres, negros. Una literatura políticamente incorrecta que busca contarnos el otro lado de la historia, la visión de los vencidos (por retomar el concepto enarbolado oro Miguel León Portilla), en la que los marginados, los derrotados por este sistema político-económico mundial toman la batuta y nos cuentan sus historias a través de una musicalidad que nos recuerdan mucho a un rock intenso, profundo, pero que al mismo tiempo nos recuerda a los cantos bíblicos, a esos cantos sobre el inicio y la formación del mundo. Platicamos con Marcelino Freire vía correo electrónico sobre este libro que sin duda le dejará al lector un gran sabor de boca y la sensación de querer, de necesitar leer más de este autor brasileño y de su intensa forma de narrar y contar la vida:

Javier Moro Hernández (JMH): Sé que con este libro te hiciste acreedor al Premio Jabuti al Mejor Libro de Cuentos en el año 2005, y quería preguntarte, como contexto: ¿Cuál fue la idea que le dio origen a este libro y cuánto tiempo te llevó escribirlo?

Marcelino Freire (MF): No publico libros continuamente. Lo hago en intervalos de tres o hasta cuatro años. Durante ese tiempo voy juntando los cuentos en un archivo. Después voy preguntando a los cuentos qué libros es el que quieren. Pienso en el libro en el que a aquellos cuentos les gustaría habitar. El libro Cuentos negreros surgió así: me di cuenta que muchos relatos trataban sobre prejuicios raciales, sexuales, culturales, de toda especie. Cuentos negreros es un libro sobre el prejuicio, sobre todo. Me acordé del libro Navio negreiro, un clásico del poeta bahiano Castro Alves, y quise conversar con él. Quise actualizar el diálogo.

JMH: Quería preguntarte sobre el ritmo de tus cuentos (parecieran ser las ráfagas de un arma automática.) Los lectores te siguen, pero tus cuentos son vertiginosos. Como el ritmo de una gran ciudad enloquecida.

MF: Soy sertanero. Nací en el sertón de Pernambuco, al nordeste de Brasil. Región de Brasil en donde la oralidad es marcante. Crecí oyendo letanías, cantorías, rimas improvisadas. Mi trabajo es tomado por el habla nordestina, por los rezos de mi madre, por el acento de mi tierra. Vivo en São Paulo desde 1991. Salí de Sertânia, mi ciudad natal, pero mi ciudad natal no me dejó. Traje a Sertânia conmigo. Todo lo que escribo tiene la música de mi infancia, los lamentos sonoros de mi pueblo de origen.

JMH: Prevalece en tus cuentos una dosis de humor negro. ¿Te parece importante el humor para enfrentar /sobrevivir la realidad que nos rodea?

MF: Si mis textos no tuvieran humor, serían discurso… El nordestino tiene esto. Una cierta gracia en la desgracia. Nosotros, nordestinos, pintamos las casas, todas de colores, solares. Mi texto es solar. El humor es el sol de mis relatos. A pesar de las sombras, a pesar de las tragedias. La luz, la comedia, sólo la risa para poder soportar el mundo que nos rodea. Mi madre, que tanto me influenció, era teatral, era tragicómica. Esa forma, pulsante, de estar en el mundo está en mis cuentos.

JMH: Los temas que componen tu libro tienen que ver con la pobreza, la desigualdad, la búsqueda de sobrevivencia. ¿Buscas llamar la atención sobre esta situación?

MF: La verdad es que escribo afectado por eso. No hay forma de ser un escritor ajeno a lo social. No busco “llamar la atención”, pero, digamos, que “fotografío”, constato, testimonio. Muchas veces leo opiniones que dicen que “doy voz a los que no tienen voz”. No estoy de acuerdo. Voz tiene todo el mundo. Lo que hago es escuchar. Interactúo y me uno al grito. Esto es lo que hago: grito fuerte. Doy ultrajes. Encuentro compañeros en ese crimen.

JMH: Hay un elemento muy fuerte de oralidad en tus cuentos, de retomar el habla cotidiana y convertirla en un elemento literario ¿Cómo trabajas esto? ¿Cómo conviertes esta materia prima que es el habla cotidiana y la transformas en un cuento con un ritmo estructurado?

MF: Esto tiene que ver mucho con lo que hablé en una respuesta arriba: la oralidad de mi cuna, de mi infancia, de mi pueblo. Son los ruidos de mi terreno los que trago para mis párrafos. Siempre digo que escribo en voz alta. Escribo de improviso. Difícilmente tengo una historia para contar. Voy descubriendo la historia a partir de las frases que voy cosiendo, alineando. Voy siguiendo el ritmo, la tonada. Como hacen los guitarristas de Pernambuco, los músicos de feria de mi sertón nordestino.

JMH: ¿Cómo fueron tus inicios en la escritura?

MF: Yo quería ser poeta. Quería ser actor. Hice teatro desde los nueve años. Lo que escribo tiene mucho de teatro. Empecé escribiendo para el teatro. La poesía me ayudó a escoger las palabras, a pegar el oído en la página. Escribo movido por la poesía y por el teatro. Mi pasión es la palabra. El comienzo de todo.

JMH: Me gustó mucho el cuento de “Solar de príncipes”, pues me parece que retrata de manera muy interesante el clasismo y el racismo que impera en nuestros países. ¿Por qué los pobres no podrían hacer documentales sobre cómo viven los ricos? Al final de cuentas es un estilo exótico y distinto para nosotros.

MF: Este cuento fue muy puntual para la elección de la temática de mi libro. Apuntó el tono de lo que quería decir, hablar, versar en el libro. Ese abismo social en el que vivimos en Brasil. El prejuicio de todos lados. La injusticia, la indiferencia, la desigualdad. Y como el arte habla desde ahí. Esa mezcla de realidad y ficción. El uso del arte por los dominantes y por los dominados. Siempre en relación con el poder. En todo lo que pasa. El libro es sobre eso. Quién está arriba, quién está abajo. Y como todos, en cierto punto, somos opresores u oprimidos.

JMH: También quería preguntarte sobre la división en “Cantos” que tiene el libro ¿De dónde surge la idea y por qué hacerlo así?

MF: Nunca llamo a mis cuentos, cuentos. Los llamo “improvisos”, “letanías”, “cantos”. Huyo siempre de las etiquetas, de las definiciones… Cuando escribí Cuentos negreros, también me quise acercar a la estructura de “Navío negreiro”, dividida en cantos. Me interesa mucho ese diálogo con la música. Incluso con la danza. Escribo con ganas de bailar. Alrededor del fuego, al sonido de las brasas.

JMH: Marcelino, no quería perder la oportunidad de preguntarte sobre los pasados Juegos Olímpicos y el Mundial de Futbol que se desarrollaron en tu país. Lo que nosotros vemos desde fuera, desde México, por supuesto es la fiesta. ¿Qué opinión guardas sobre estos eventos, qué pasará ahora en Brasil qué acabó todo eso y se quedan con las obras y los gastos?

MF: Escribo para vengarme, lo digo siempre. Y no falta, en mi país, motivo de venganza, las Olimpiadas y la Copa del Mundo sólo me dieron más munición. Esos espectáculos tristes, melancólicos. Veo todo melancólico, trágico. Mientras los indígenas son expulsados de sus tierras, mientras los negros son asesinados cobardemente en las periferias de Brasil, todo el mundo festeja las Olimpiadas y el Mundial. Es el fin del mundo. Es mucha me(ier)dalla para mi gusto.

 

Traducción de Armando Escobar


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Javier Moro Hernández

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