Opinión

Indocumentados / Cinefilia con derecho

Un domingo cualquiera, mientras caminaba en las calles de Calvillo, casualmente encontré a un conocido que se había quedado sin trabajo, su siguiente paso era muy claro: en enero emprenderá el viacrucis para llegar a Estados Unidos, allá, dice, hay hartos dólares, sobra el trabajo. Incluso, afirma, ya lo está esperando una persona con quien laboró hace ya casi 10 años. Calcula que, en relación con lo que ganaba antes, su salario se incrementará hasta un quinientos por ciento. Tal vez el brillo del dólar lo hace dirigir siempre su plática hacia los aspectos positivos, en su discurso nunca aparecerán palabras como muerte, deportación, o tráfico de personas. Trump parece no ser una amenaza real, la necesidad de mano de obra mexicana es mayor que las ideas del muro del futuro presidente del vecino del norte.

El cine mexicano no ha dejado de retratar al migrante nacional, en la época de oro, las películas estuvieron engarzadas al gran éxodo legal que durante la Segunda Guerra Mundial llevó a miles de manos nacionales a la unión americana (mi abuelo fue uno de tantos braceros, como se les conoció) ahí están por ejemplo Espaldas mojadas (Alejandro Galindo, 1953) un drama que retrata el tráfico de fuerza de trabajo, donde son cómplices por igual mexicanos que norteamericanos. El celuloide de corte reciente se ha centrado en el sufrimiento de los mojados y temas conexos, como La Jaula de Oro (Diego Quemada-Díezo, 2013) o los documentales Llévate mis amores (Arturo González Villaseñor, 2014) o La bestia (Pedro Ultreras, 2010). Existen cientos de ejemplos, incluso creo podríamos llegar a clasificar como un género en particular el cine mexicano, sin embargo, he citado las anteriores cintas porque abordan los aspectos más negativos y el sufrimiento de quienes aspiran a llegar al sueño americano a través de las formas más crueles y peligrosas, como el uso del tren que une al sur con el norte en nuestro país.

A mi amigo y su papá, el consulado les había dado las visas, sin embargo, algo sucedió que nunca llegó por correo el documento para él, sólo para su progenitor. Llamó por teléfono y le informaron que se había cancelado pues descubrieron que estuvo de sinpapeles años atrás, por lo que la autorización dada en un inició, se había revocado. Él ya está apalabrado con su antiguo patrón gringo, su oficio es hacer bardas con piedra que son apreciadas por su toque artesanal; por ello, el americano le ofrece pagar hasta 18 dólares la hora, aunque las jornadas son, literalmente, de cantagallo a cantagrillo: 6:00 hasta las 20:00 horas. Su plan: estar 6 años allá para ahorrar lo suficiente y regresar al pueblo y poner un negocio.

El día 10 de diciembre es el día de los derechos humanos, la Declaración Universal señala en su preámbulo que “los pueblos y naciones deben esforzarse… (por) el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos”. Como lo hemos sostenido siguiendo al italiano Riccardo Guastini, quien en defensa de esa característica inherente de los derechos humanos que es la universalidad, arguye cómo la “universalidad” lo es solo, en la medida en que no se limite por las fronteras políticas. Bajo este orden de ideas, lo cierto es que mientras el disfrute de los derechos dependa de la imposibilidad de gozar de la libertad de tránsito (caso de los ilegales) estaremos lejos, por mucho, de llegar a un disfrute universal de las franquicias humanas.

Mi amigo emigra a Estados Unidos, no necesita coyote (a pesar de que el patrón se ha comprometido a pagárselo y descontárselo poco a poco del salario) dice conocer las rutas y formas, afirma que no es peligrosa la opción por la cual planea hacer su paso hacia un mejor salario. Su ruta no está programada para usar la Bestia, tiene suficientes recursos para viajar en autobús, en su mente no aparecen las miles de historias de connacionales y centroamericanos que han fallecido en su intento de cruzar el río Bravo, espero que su optimismo sea realidad.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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