Opinión

La anarquía de los medios modernos / Política For Dummies

 

“Nadie es juez de nadie, salvo de sí mismo”

“Cuando un periodista no se autocritica está condenado a la mediocridad”

“La intimidad tiene límites”

“¿Para quién se hace la información? ¿Para qué se hace? ¿Hago mi trabajo periodístico para servir al bien común?”

“La ética en los tiempos de internet es mucho más exigente”

“Son los lectores quienes nos dan libertad, no los gobiernos. Esta fortalecida relación con el lector representa la libertad de prensa”

“La libertad se construye a golpe de decisión. La información condicionada, ordenada por alguien, contaminada, no forma buenas decisiones. Información mediocre, pueblos debilitados”

Estas son solo algunas frases sobre periodismo y ética pronunciadas por el colombiano, Javier Darío Restrepo, director del Consultorio Ético de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por García Márquez.

El periodista, en algunos casos, se siente dueño de la verdad, del puritanismo y se ampara bajo la libertad de expresión. Así conquista los clicks, los likes y los shares en Facebook. El periodismo hoy, afirmaba John Oliver, está sufriendo de transformaciones extrañas gracias a la inmediatez y la agregación de contenido. El periodismo de investigación ha pasado a un segundo lugar en la cadena de la nómina, sin embargo es ese periodismo de investigación el que alimenta las portadas, los programas de radio, de TV y los sitios web. Recordemos la investigación sobre Duarte, sobre los bonos navideños, o sobre el desvío de recursos de Miguel Alonso. De eso hablan en todos los medios y surgió del periodismo de investigación.

En una charla sobre periodismo, Daniel Moreno, director de Animal Político, puso el dedo en la llaga, afirmando que en la actualidad, al menos en México, los medios de comunicación pagan millones de pesos por plumas, voces y rostros consagrados que lo que agregan es rating pero no contenido: los ejemplos son López Dóriga, Ciro Gómez o algunos otros personajes consagrados en la opinión pública pero que en realidad no aportan nada a la investigación o a las discusiones públicas sino que construyen quejas y reclamos clickeros y populares.

Los medios de comunicación gastan o invierten (depende de la perspectiva; si lo vemos desde la labor social del periodismo es un gasto y si lo vemos desde la perspectiva empresarial es una inversión), en estas figuras para obtener mayores seguidores, visitas o rating. Ignorando que el fin del periodismo, como lo afirma Restrepo, es el bien común.

Otros han encontrado la forma exitosa en replicar noticias que no son noticias, en agrupar información que no es información y en subirse al tren del mame de algún personaje de fama efímera en turno: el caso es el de SDPnoticias, el medio nativo en internet con mayor visitas en el país.

O hay algunos otros que se han penetrado en el mercado mexicano con la idea de la mentira y del engaño cubierta con humor, aunque muchas veces sea inspirado en la realidad. ElDeforma se ha convertido en el tercer sitio de noticias más visitado en el país. Me dijo un profesor: si Kafka hubiera sido mexicano, hubiera sido costumbrista. Eso es ElDeforma, la construcción de clicks, fama y dinero a partir del surrealismo mexicano.

Los periodistas más puritanos en México ejercen su libertad con la espada de la verdad absoluta y sus seguidores, que los admiran como a un mesías no dudan de su integridad y de sus investigaciones, a pesar de que carezcan de fundamentos o ignoren el derecho de réplica fundamental en el ejercicio periodístico.

La iniciativa en México, de cambiar el derecho de réplica para que no solo cuando fueran informaciones falsas o inexactas se pida el derecho sino cuando el afectado lo deseé. Aunque no es popular y es políticamente incorrecto postularte a favor del derecho de réplica en todas las circunstancias porque puede ir en contra de la libre expresión, debemos hacer una reflexión. ¿Los medios tienen el derecho de decir lo que quieran? ¿Son libres de no asumir la responsabilidad de lo que publican? ¿Pueden ser tendenciosos en la cobertura de un suceso sin que nadie lo señale?

Por un lado está la libertad de expresión de los medios de comunicación, pero por el otro el derecho a acceder a la información verdadera de los lectores, radioescuchas o televidentes. Los medios y los más puritanos asumen la verdad absoluta y el derecho de réplica como una disculpa o un momento de excusas de los afectados. Pero se olvida que también están en su derecho.

Los medios de comunicación exigen a los diputados que presenten iniciativas para ser considerados diputados de buen rendimiento, cuando los mejores legisladores son los que presentan iniciativas con más calidad y no los que lo hacen con mayor cantidad. Los medios publican información en trascendidos cuando hay un ataque político y son utilizados por dos frentes, sin confirmar la información y sin otorgar el derecho de réplica. Cuando conceden el derecho de réplica no lo hacen en las mismas condiciones o en el mismo espacio sino que en diferente plana, con menos protagonismo o con menos segundos al aire.

Si bien, se debe defender la libertad de expresión, la sobrerregulación de la misma puede llevar a los medios de comunicación a una anarquía de la información, lugar al que algunos medios se acercan peligrosamente. Mentir, usar la información para enriquecerse de poder o de dinero, atacar sin argumentos, inmiscuirse en la vida privada o publicar información sin comprobar son algunos de los riesgos que se asumen cuando en nombre de la libertad de expresión se violenta el derecho a la información de los ciudadanos, el derecho a réplica de los afectados y a una buena fama de los acusados por la inquisición moderna.

@caguirrearias


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Carlos Aguirre

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