Opinión

Normalizar las enfermedades mentales para una mejor calidad de vida / Piel curtida

 

Las enfermedades o trastornos mentales cuentan todavía con una gran carga de imaginarios negativos generalizados entre la sociedad y la persona diagnosticada con un padecimiento de este tipo llega a sentirse avergonzada, pues aún son asociadas escenas deplorables de un hospital siquiátrico del Siglo XIX, sin considerar que las afectaciones a la salud mental son algo más común de lo que creemos, por lo que combatir su estigma abonaría a facilitar la búsqueda de apoyo sicológico y mejorar nuestra calidad de vida.

Cuando alguien presenta algún padecimiento de este tipo, en especial bajo un nombre formal que inicia con la palabra trastorno, lo extraño se hace presente en el entorno inmediato, por lo que la curiosidad impulsa a cuestionar la forma en que se llegó a dicho diagnóstico, si se requiere de terapia, de qué tipo, si necesita medicamentos o si podrá llevar una vida normal, como si toda enfermedad mental significara una constante serie de crisis de esquizofrenia, intentos suicidas, ataques violentos o una pérdida total del sentido de la realidad; sin embargo, no todas las enfermedades mentales se presentan de una forma tan explosiva, e incluso se termina conviviendo con muchas de manera imperceptible.

Según datos de la OMS, la depresión afecta a más de 350 millones de personas en el mundo y el trastorno afectivo bipolar a alrededor de 60 millones, aunque también el déficit de atención (TDA), trastornos de ansiedad y conductas obsesivo-compulsivas son considerados entre los padecimientos más comunes, frecuentes y no diagnosticados; pero además, se estima que entre un 76 por ciento y un 85 por ciento de las personas con trastornos mentales graves no recibe tratamiento en países con ingresos bajos y medios, como el caso de México. No sólo los actos que podrían ser extraídos de un melodrama deben ser los que nos preocupen.

No se pueden negar los errores históricos de la siquiatría, la sicología o la medicina que, a través de la patologización y su práctica, han respaldado injusticias, actos de violencia o la discriminación sistematizada de ciertos grupos, como la histeria que colocó a las mujeres como personas débiles y casi diabólicas por naturaleza; el haber considerado a la homosexualidad como una enfermedad, respaldando actos de exclusión y terapias que atentaban a la dignidad y la vida de varios individuos; o la aún señalada “disforia de género”, pues a pesar de que sea utilizado el término para apoyar los procesos de empoderamiento de personas trans, algunos profesionistas de la salud todavía consideran a las identidades sexuales fuera de la heteronormatividad como una desviación al seguir presente la referencia en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM).

Sin embargo, es necesario reconocer que no se ha reconocido la importancia de fomentar la salud mental en los diferentes sectores de la sociedad, como el educativo; por ejemplo, brindar herramientas a las y los niños para fortalecer su capacidad de resiliencia o la llamada inteligencia emocional, que más allá de los discursos románticos y simplones de seres humanos totalmente libres, cínicos, emprendedores y que se ostenten como exitosos con el simple hecho de existir, representaría la oportunidad de que más personas puedan reconocer diferentes tipos de violencia, superar procesos traumáticos, separaciones, pérdidas o fracasos a lo largo de su experiencia.

Para Aguascalientes, el tema del suicidio es algo alarmante al sobrepasar cada año las cifras locales y nacionales, y tal vez sería más efectivo iniciar por lo básico en vez de exponer causas simplistas, como la última discusión con la pareja, el último regaño recibido por los padres o el último distanciamiento con los amigos, lo cual sólo evita visibilizar la necesidad de fomentar la salud mental desde una perspectiva científica e integral; pues incluso posibilitaría el combate a otras problemáticas, como la violencia machista, que también debería ser reconocida como un problema de salud pública mental.

Con sus claroscuros, la práctica clínica en torno a la salud mental debe ser reconocida como una necesidad para la población, pues más allá de identificar trastornos graves que representan un riesgo para la vida de quien los padece o sus familiares, también la normalización de la atención sicológica impulsaría la construcción de una sociedad con más herramientas para el desarrollo pleno de sus individuos, donde lo afectivo y lo personal pueda sobrellevarse de manera adecuada en momentos de tensión. No se trata, por ejemplo, de popularizar la depresión y simplificarla a situaciones cotidianas de tristeza o melancolía, sino a reconocernos como humanos, que no sólo actúan de manera racional, pero que podrían mejorar su vivencia al contar con las habilidades para poder superar de la mejor manera esos malestares y baches de la propia experiencia.

[email protected] | @m_acevez


Vídeo Recomendado


The Author

Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

No Comment

¡Participa!