Opinión

Se nos ha olvidado el sexting / Piel curtida

A principios de este año se estableció como imputable “difundir o publicar sin consentimiento mediante cualquier medio tecnológico, imágenes o grabaciones con contenido erótico o sexual obtenidas con o sin autorización de quien sufre la afectación”, de acuerdo al adendum al artículo tercero de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Aguascalientes; lo cual marca un avance en materia legislativa respecto a las problemáticas emergentes derivadas de las nuevas formas de interacción en la llamada sociedad de la información.

Sin embargo, aún no se han realizado acciones para responder a otra adición realizada al artículo 48, que en su fracción decimocuarta establece que se debe “informar del uso de tecnologías de la información, para evitar la grabación, transmisión y manipulación de imágenes sexuales o eróticas distribuidas sin consentimiento de quien sufre la afectación” como parte del Programa Estatal para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia de Género contra las Mujeres.

Es así que en Aguascalientes, a pesar de que se ha tipificado una conducta “contemporánea” de violencia, el sexting, la práctica erótica de riesgo que coloca mayormente a las mujeres en una situación de vulnerabilidad, todavía no se ha posicionado como parte de una agenda pública de prevención.

De acuerdo a un estudio realizado en 2011 en el Instituto de Educación del Estado de México, se identificó que el ocho por ciento de los jóvenes estudiantes mexicanos han enviado imágenes suyas desnudos o semidesnudos a personas conocidas o extrañas, pero el 80 por ciento ha visto de este tipo material en medios sociales, el 20 por ciento se tomó fotografías o videos sexualmente sugestivos, el 45 por ciento compartió material erótico recibido por teléfonos móviles y el 55 por ciento de los encuestados dijo conocer a alguien que guarda fotografías o videos de sus parejas.

Es decir, a pesar de que se ha logrado reconocer como una problemática actual la publicación de material erótico o sexual que puede afectar a la reputación de una persona y menoscabar su autoestima, todavía no se habla del sexting en las escuelas, ni en los espacios públicos, y en caso de comentarse se suele realizar de manera punitiva; lo cual es congruente en una sociedad que en vez de cuestionar los actos de violencia suele enjuiciar a la víctima.

El tomarse fotografías o videos eróticos, sexuales o “sugestivos” es, por así decirlo, una práctica emergente a causa de la interacción mediada que se ha establecido en la sociedad, pero no es nociva por sí misma, ya que compete a una actividad que, en teoría, debería ser consensuada por las partes bajo un acuerdo previo, ya sea manifiesto o tácito, de protección mutua. Sin embargo, la violencia persistente en diferentes ámbitos de la experiencia humana también se expresa en estas formas contemporáneas de actuación, donde las parejas de adolescentes son las más involucradas.

El flirteo y los romances de una noche han dejado de presentarse únicamente en lo presencial para llegar a los dispositivos de comunicación, fijos y móviles, posibilitando su resguardo, duplicación y transmisión inconmensurable. Aunque en su momento parecía una alternativa más segura para experimentar el erotismo, innegable en los seres humanos, al evitar el contacto cuerpo a cuerpo anteponiendo una fría pantalla que alejaba a los usuarios de posibles enfermedades de transmisión sexual y les dotaba de mayor poder para interrumpir o finalizar la sesión de manera rápida y sin excusas, incluso bajo el anonimato para evitar futuros bochornos al saludar en algún momento a un desconocido no tan extraño; los internautas se olvidaron de esa corrupción persistente que por venganza, divertimento o conducta patológica ejerce violencia al hacer escarnio de la sexualidad tan común y corriente, pero aún tan perseguida. Es así que, de forma aparente, hacemos frente a las dificultades de nuestra sociedad, pero olvidando, nuevamente, que las mayores acciones deben partir desde la prevención, propugnando por la libertad, la dignidad y el sano desarrollo de los individuos, en vez de hacer escarnio de la víctima. ¿Recuerda a Lady Coralina?, un asunto de pareja que llegó al juicio público bajo la mirada machista.

En julio, la prensa nacional alertó que México ocupaba el primer lugar en América Latina en sexting, y desde entonces no se habla de este tipo de problemáticas, de la extorsión por material erótico/sexual o del grooming. Será que, como en el tema del VIH/Sida, el virus de papiloma humano, la violencia sexual, la pornografía infantil o el acoso callejero, ¿preferiremos hacer oídos sordos, alarmarnos cuando el escenario sea trágico y volver al casto silencio que tanto nos está costando?
[email protected] | @m_acevez


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Juan Luis Montoya Acevez

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