Opinión

Bailarina: realización personal y maximización de los derechos humanos / Cinefilia con Derecho

 

Luego de la reforma de 2011 en materia de derechos humanos, quedaron establecidas algunas características intrínsecas de estas potestades, elevadas a rango constitucional; una de ellas es la indivisibilidad de estas prerrogativas personales, consistente en la imposibilidad de que existan de manera cabal “los derechos humanos” si uno solo de ellos es vulnerado; de tal suerte que al crecer el disfrute de cualquiera de nuestros derechos, como efecto cascada crecerán los demás. Esto dejó atrás las corrientes que clasificaban los derechos humanos en generaciones lo que implicaba de facto la idea de una graduación; en teoría constitucional mexicana clásica, los autores mexicanos (Burgo y Tena Ramírez) llegaron incluso a llamar a los derechos económicos, sociales y culturales, como programáticos, en la medida de que eran un “programa” de los gobiernos y estaban sujetos a que tuviera recursos, teoría que por suerte se ha ido abandonando.

Los derechos de los niños son de esas necesidades sociales impostergables, que con la evolución de la humanidad se han visto favorecidos con un mayor reconocimiento; las razones son muchas, quizá una de las principales sea el hecho de que los niños, como proyecto de factor de cambio en la sociedad debe crecer en paralelo físicamente y en la conciencia de su papel en el entorno social, exigiendo sus derechos, pero también cumpliendo cabalmente con sus obligaciones, jugando el fair play, teniendo reparo en el otro, en la existencia de sus derechos y la necesidad de respetarlos y defenderlos como si fueran propios.

Desde que se es papá de niños pequeños, los gustos cinéfilos, o mejor dicho, las posibilidades de acudir al cine, cambian de género y anda uno buscando las películas de caricaturas, de animación, de temáticas infantiles; en fin, ayer tocó el turno de cazar una película que ni siquiera está anunciada en la cartelera física del cine (si fuera chairo, diría que es un complot del imperio de Walt Disney en contra de este cine independiente), sin embargo, una búsqueda previa nos invitó a descubrir Bailarina (2016) una producción franco canadiense acerca de Felici, una huérfana que junto con su mejor amigo y compañero de aventuras escapa del orfanato en que se encontraba desde poco después de su nacimiento para buscar cumplir sus sueños, el de ella: ser una bailarina de ballet, profesional; él, convertirse en un inventor.

Película basada en el París de los años finales del siglo XIX, muestra el esplendor del edificio insigne denominado la Ópera; retrata también a la Torre Eiffel en plena construcción, la misma sirve como escena de muchos de los momentos clave de la trama, resultando además un personaje importante el propio Gustave Eiffel, el que paradójicamente, no aparece físicamente en ningún momento; cualquiera que haya subido a lo alto de su cima, mientras recorre la mole de acero y aprecia el infinito, no podrá sino imaginar la increíble labor de su obra. Luego, no es nada raro usar la edificación del ícono por excelencia de la Ciudad de las Luces para simbolizar la transformación de una niña que no tiene nada, pero que se enfrasca en lo imposible para terminar de construirse.

París es un objeto de deseo y admiración para gran parte de la población mundial, en Guatemala, por ejemplo, tienen su propia torre, la del Reformador, que es bastante similar a la Eiffel, aunque en mucho menor escala. En nuestro México, por ejemplo, ha existido siempre una atracción especial por esa cultura, Porfirio Díaz con la réplica en las avenidas de la capital de Les Champs Eliseès; tenemos además el modernismo, esa corriente literaria tan importante en nuestro país por su originalidad, pero en la que en todo momento se hace alusiones a la elegancia y ensoñación de la capital francesa.

No peco de spoiler, ya sabemos que todas estas cintas tienen un final feliz, así que Felici, termina convertida en bailarina, hace sus sueños realidad. Esta clase de cintas nos muestran estas premisas de las que hablábamos: la necesidad de que todos los derechos sean cubiertos plenamente, pero además que en el caso de los niños, esa base fundamental de nuestra sociedad, se haga un esfuerzo aún mayor para lograrlo.

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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