Opinión

Janus Trump / Taktika

By  | 

 

Nueva York, Unión Americana. 3 de enero de 2017. Al fin y al cabo tuitero de corazón, el presidente electo de los Estados Unidos, Donald J. Trump, envía, mediante su cuenta de Twitter, el amenazador mensaje: “General Motors está enviando sin pagar impuestos en la frontera su modelo Chevy Cruze hecho en México a distribuidores de Estados Unidos. Háganlos en Estados Unidos o paguen un fuerte impuesto fronterizo”.

La escena arriba descrita se relaciona con el presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca representa un final y un comienzo en la relación bilateral México-Estados Unidos.

El dios romano Jano -Janus, en latín- tenía dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil. Los romanos le asignaron el oficio de janitor -portero- del Cielo y le dedicaron el mes de enero –Januarius– porque abre la puerta del año. Por ello, Jano era el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Finalmente, conocía lo pasado y lo porvenir.

El viernes 20 de enero de 2017 Donald J. Trump habrá de poner su mano sobre la Biblia para jurar como el presidente número 45 de los Estados Unidos de América. Su gestión representará, tal y como lo era Jano para los antiguos romanos, un final y un comienzo en la relación bilateral México-Estados Unidos.

¿Qué es la relación bilateral México-Estados Unidos? Es historia: para los que somos y nos sentimos mexicanos significa recordar el sacrificio de seis jóvenes que “como renuevos cuyos aliños un viento helado marchita en flor, así cayeron los héroes niños ante las balas del invasor”; ver izado el odiado pabellón de las barras y las estrellas sobre Palacio Nacional; la hazaña de Francisco Villa de incursionar en suelo yanqui; y de esa mujer, “brava como un león herido”, llamada Elisa Griensen que, a punta de balazos y enarbolando el lábaro patrio, expulsó a los soldados de la Expedición Punitiva en Parral, Chihuahua.

También es geografía: ambas naciones comparten una frontera común de tres mil doscientos kilómetros. Es asimismo economía:

La Unión Americana es el principal socio comercial de México -tres cuartas partes de nuestras exportaciones tienen como destino el hogar del Tío Sam- y nuestro país es el tercer asociado productivo de los Estados Unidos. Esto es muy importante, pues los norteamericanos exportan más a México que a Japón, Corea del Sur, Alemania, Francia y Reino Unido combinados.

Es demografía: un millón de ciudadanos estadounidenses viven en México, muchos de ellos se concentran en zonas como la Ciudad de México, San Miguel de Allende y la zona del lago de Chapala. Por su parte, México es la principal fuente de inmigrantes -legales e ilegales- a la Unión Americana. El once por ciento de la población estadounidense es de origen mexicano. Es decir 35.8 millones de personas, las cuales se concentran principalmente en los estados de California, Texas, Nuevo México y Arizona. Por último, los mexicanos son el noveno grupo más numeroso de estudiantes extranjeros en las universidades norteamericanas.

La magnitud de la relación bilateral se refleja en la cuestión diplomática: la embajada estadounidense en la Ciudad de México es una de las cinco más grandes del mundo. La Unión Americana opera nueve consulados generales y nueve agencias consulares en la República Mexicana.

Mientras tanto, la representación diplomática de México en Washington DC es nuestra embajada más importante. Asimismo, la Secretaría de Relaciones Exteriores opera cincuenta consulados generales y agencias consulares en el vecino país del Norte.

Después de enumerar lo anterior, habrá que explicar por qué el arribo de Donald Trump representa simultáneamente un fin y un comienzo. Significa un final pues la piedra angular de esa relación, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), va a sufrir una modificación a petición del próximo gobierno encabezado por Donald Trump, quien considera que el tratado en cuestión es desventajoso, especialmente en el sector automotriz, para los Estados Unidos.

Asimismo, es una conclusión en la cuestión migratoria, pues las políticas que pretende implementar Trump -la construcción del cacareado muro y que México pague por él, y la expulsión de migrantes- habrán de tensar la relación bilateral y desenterrar rencores y odios ancestrales.

De igual manera es un comienzo, pues el TLCAN no será destruido -tal y como en un principio lo pretendía Trump- sino que será renegociado. Esto le presenta una oportunidad a México para tratar de corregir aspectos desfavorables para el país -agricultura y transporte- y tratar de defender los aspectos ventajosos para el -sector automotriz.

También es un inicio pues México debe darse cuenta que, en el aspecto económico, no puede seguir dependiendo del mercado estadounidense y que debe buscar otras alternativas allende nuestras fronteras: China, Corea del Sur, África, Medio Oriente, etc.

Sin embargo una cosa debe quedar clara: Donald Trump no fue, es o será amigo de México. El multimillonario es una de las mayores amenazas que México ha enfrentado en dos siglos como nación independiente. De igual manera, en las negociaciones venideras por el TLCAN, la construcción del muro y la cuestión migratoria, México debe preservar su dignidad y soberanía, y defender a nuestros connacionales en la tierra del Tío Sam.

La vieja relación México-Estados Unidos está a punto de fenecer, otra surgirá de sus cenizas, pero la gestación será difícil y sinuosa.

Aide-Mémoire.- Calígula nombró cónsul a su caballo; José López Portillo decía que su hijo, José Ramón, era “el orgullo de mi nepotismo”; y Donald Trump designa a su yerno, Jared Kushner, como su asesor.

 

¡Participa!