Opinión

La aristocracia y la salud mental / Análisis de lo cotidiano

La aristocracia es el gobierno de los mejores, que durante mucho tiempo en las primeras civilizaciones se manejó como el gobierno de los viejos sabios. El consejo de los ancianos era muy respetado porque los añosos varones impartían justicia, daban orientación y determinaban el futuro del pueblo con base en su sabiduría. Esto devino posteriormente en la monarquía, en la cual se confundió el mando por los mejores, con el mandato por los hijos de los sabios. El gobierno comenzó a pasar de padres a hijos que no necesariamente eran tan sabios como sus ancestros y así nació el faraón, el rey, el emperador y a su descendencia se le llamó La Nobleza. Para conservar la pureza de la sangre comenzaron a casarse entre parientes, incluso en el antiguo Egipto se casaban entre hermanos, lo cual lejos de dar mejores individuos transmitió las taras y aumentaron las enfermedades congénitas. Es bien sabido que los hijos de los reyes no se han ganado el respeto por ser precisamente inteligentes, sabios ni buenos gobernantes y para no ir muy lejos tenemos a las vergonzantes monarquías actuales en Inglaterra y España. Lo que ocurrió es que se confundió el gobierno de los mejores con el gobierno de los ricos o plutocracia. Y hasta la fecha. Los gobernantes de todo el mundo llegan al poder gracias a su riqueza o si no la tienen, eso sí, en cuanto están en el poder procuran hacerse ricos a la brevedad posible. Lo dramático del asunto es que la riqueza sí da poder y entonces personas o grupos que detentan la mayor cantidad de dinero o bienes, pueden llegar a considerar que son los más adecuados para conducir a un pueblo o nación. El gobierno de los sabios o sofocracia quedó en el olvido. Ahora todos los sabemos porque lo hemos experimentado en carne propia, no se necesita ser sabio para llegar a gobernante. Pero sí es imprescindible tener la aristocracia financiera, la aristocracia militar o la aristocracia del grupo, ya sea un grupo de amigos ricos, o un conjunto de amigos poderosos o un pequeño clan de hábiles diplomáticos que suelen ser muy inteligentes aunque no necesariamente cultos o sabios, a eso se le llama Oligocracia o sea el poder en manos de unos pocos. Y así como la ciencia y la cultura no suelen ser ni requisitos, ni características ni acompañantes de los mandatarios, resulta que la salud mental, tampoco es necesaria. Un millonario hombre de negocios puede llegar a ser presidente de una de las naciones más poderosas del planeta con una personalidad megalomaniaca, un país isleño puede soportar medio siglo a un presidente con evidentes delirios de grandeza y todavía considerarlo héroe, una nación sudamericana rica en petróleo y recursos naturales puede llevar al poder a dos psicópatas con pasmosos delirios de persecución y creer que están en lo correcto. Es muy buen tiempo para analizarnos a nosotros como sociedad, aceptar los errores que hemos cometido al elegir a nuestros propios trastornados como funcionarios y en la próxima elección tomar la decisión correcta. Ya los conocemos, ya sabemos como son los mesiánicos, los incultos, los ambiciosos, los alcohólicos y los adictos, los broncos y los torpes ¿ Por qué los hemos elegido ? Eso ya no importa mucho, es historia, lo que sí interesa es que sabiéndolo no volvamos a equivocarnos. Somos nosotros quienes lo llevamos a esos puestos ¿ O no?
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Héctor Grijalva

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