Opinión

La pasión del futbol / Cinefilia con derecho

Conocer el estadio Omnilife me dio una sensación de estar en un moderno espectáculo estilo gringo: los grandes espacios, la limpieza, decenas de tiendas con ítems chivistas, harta cerveza, todo tipo de comidas que lo mismo incluyen las inigualables guasanas de los altos de Jalisco (con su limón, sal y chile) que tortas ahogadas, sopas Maruchan o unas vistosas piernas de pavo con o sin hueso. No cabe duda que el dueño sabe a lo que se dedica: a hacer dinero, no solo el alto costo de las entradas, sino la venta ad nauseam de productos de toda clase, hasta el famoso Chiva-TV, parodiada brillantemente en esa serie que trata precisamente sobre la parafernalia del futbol mexicano: Club de Cuervos. La serie de Netflix es muy divertida, sobre todo su segunda temporada, trasciende de la mano de dos excelentes actores, la guapa Mariana Treviño y el hidrocálido Luis Gerardo Méndez, cuyo estereotipo del fresísima y mamón papalord ha trascendido desde su aparición en Nosotros los nobles (2013).

Mientras veía el futbol y la pasión que despertaba, por un lado, las Chivas, uno de los dos equipos que marca la dualidad futbolera del país, jugando en casa, con un estadio que parecía ser todo él de color rojo y azul y por el otro los Pumas, con un pequeño pero muy animado público gritando a coro las goyas, aun a pesar de la adversidad de la derrota, no pude dejar de visualizar el imaginario colectivo de estos días escenificado en el estadio Omnilife, sobre todo en el eufórico festejo de los goles, incluidos los que resultaron no serlo por haber ocurrido en fuera de lugar, pero más particularmente al finalizar el juego, como ganadores los de casa con un canto de guerra que decía algo así como “en dónde están, en dónde están, esos gatitos que nos iban a ganar”, lo que es, no sólo festejar la victoria, sino, más aún, la derrota del oponente. Y es que acudir a estos espectáculos con fanáticos es divertido, de un lado mi esposa Marcela Leticia López, totalmente Puma grite y grite ese incomprensible (al menos para mí) cachún cachún ra ra, por el otro los penalistas y chivistas Sergio Rodríguez Prieto y Eduardo Astrain.  

Parte de ese mismo ideario de lo mexicano, tiene dentro de sus adagios más populares, aquel de que se hace leña del árbol caído, en ese sentido Octavio Paz hace un interesante análisis de esa característica joditiva en nuestro ser mexicano, a través de su ensayo Del Pachuco y otros Extremos contenido en el Laberinto de la Soledad en que desarrolla un estudio sobre los orígenes de ese tan paradigmático verbo azteca “chingar”. Y es que efectivamente, el humor negro y mordaz, forman parte de los temas preferidos para alegrarnos los días, las tiras cómicas, los moneros, el relajo entre amigos es más jocoso si se trata de burlarse de alguien más.

Éticamente hablando esta característica es reprobable, no hace conciencia de la fraternidad, de la tolerancia, del respeto a las diferencias y la promoción a los derechos humanos; y sí, efectivamente es lo más natural que en los partidos de futbol se haga sorna del contrincante, de ahí esa paradigmática polémica en el mundial de futbol más reciente, despertó la FIFA en contra de México al respecto del grito de guerra que acompañado de un movimiento rítmico de manos, que en la multitud pretenden enviar malas vibraciones que impidan un buen despeje a los porteros de los equipos contrarios, sin embargo, lo malo radica en que el apasionamiento que despierta el futbol, en todos los clubes, es el mismo que pudimos ver en días pasado en los videos que muestran hordas enardecidas de ciudadanos del común, saqueando comercios al por mayor, pretextando el aumento de gasolinas y robando cajas con pantallas planas o muñecas barbies, lo que difícilmente ayudará a atacar de fondo el problema energético económico a que nos enfrentamos.

Con lo anterior no pretendo pretextar el gasolinazo, lo que sí considero necesario que revisemos, es la respuesta que cada cual otorga a estas acciones que la globalización y el neoliberalismo han hecho indispensables en la coexistencia económica. Nosotros debemos transformarnos para que “lo mexicano” evolucione para bien, para que, como en grandes eventos como el temblor del 85, se vea de nueva cuenta la casta de solidaridad entre nosotros y sorteemos esta crisis como lo hemos hecho durante toda nuestra historia.
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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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