Opinión

Las dietas de Año Nuevo / Análisis de lo cotidiano

Uno de los propósitos más comunes de nuestra sociedad actual es jurar que comenzando el nuevo año habrá de someterse a dieta, para mejorar su imagen y de paso también su salud. Esta costumbre inició en la Grecia Antigua aunque no tenía nada que ver con la figura ni tampoco con la salud, sino con aspectos económicos. Resulta que los cultivos de cereales y frutos se hacía en los meses de septiembre y octubre, se almacenaba y tenía que durar todo un año. En los meses de invierno las familias se recogían en casa y sitios públicos a conversar y compartir, lo habitual era que comían abundantemente con dietas ricas en calorías para poder soportar el frío. Al comenzar el año se hacían el propósito de administrar muy bien los alimentos para que no se terminaran antes de tiempo y pasaran hambre. Sobre todo cuando no tenían ninguna seguridad de que su agricultura fuera exitosa, ya que estaban sometidos a muchos riesgos como lluvias excesivas, sequías o guerras que podían llevarlos a la hambruna. Desde entonces apareció el vegetarianismo, erróneamente conocido como “dieta pitagórica” que no tenía nada que ver con la salud, sino era más bien una cuestión religiosa y ecológica. El enfoque religioso, era la natural aversión al derramamiento de sangre, sobre todo en un pueblo tan guerrero como lo fueron todas las naciones de la Era Antigua y además el concepto de la transmigración de las almas. Temían que al comerse un animal, pudieran estar devorando a un pariente o amigo. Y quizás la más fuerte de las razones era que no existía el concepto de la ganadería tal como lo conocemos ahora. Las vacas y toros eran animales de trabajo, que jalaban arados y carretas, no eran para comerse. Caballos, mulas y burros eran para el transporte. Pero si criaban ovejas, cabras y cerdos y su dieta si incluía la carne de estos animales. Sin embargo, era más fácil tener a la mano vegetales como los granos, frutas y verduras. Les resultaba más cómodo hacer aceite de oliva que usar la grasa del cerdo. Y desde luego la pesca que tenían al alcance de la mano, rodeados de mar por todos lados. ¿ Y por qué no pensaban en la salud ? Porque hacían mucho ejercicio, dormían temprano, bebían poco vino y no conocían el tabaco ni otras drogas. Siendo así, por qué habrían de temer que la comida les hiciera daño. Pitágoras nunca dijo que habría que comer sólo verduras. En su comunidad filosófica en la ciudad de Crotona comían bastante sabroso, con abundancia de higos, moras, uvas, quesos, pan de trigo, centeno, cebada y otros granos. Bebían vino de sus propias cosechas, comían pescado cordero y cerdo. Su yerno Milón que era atleta olímpico y militar, comía carne de buey para ser fuerte y a los gimnastas se les daba cabra para que fueran ágiles. Hipócrates en su tratado sobre la dieta de las enfermedades efectivamente afirmó que “Tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento” pero nunca dijo que había que comer sólo verduras o que solamente debía uno curarse con hierbas. No hay que olvidar que en su tiempo existían muy pocos medicamentos. De manera que si es usted vegetariano, vegano, lactovegetariano, ovolactovegetariano, naturista o macrobiótico, pues felicidades y que lo disfrute. Merece usted todo el respeto de los carnívoros y omnívoros. Así como usted seguramente también respetará a quienes gustan de la carne. Y usted que no profesa ninguna de tales religiones y en ocasiones se ve forzado a seguir recomendaciones de amigos y familiares, no olvide que lo sano siempre es divertido. De manera que si no le gustan los brócolis, los espárragos y los chayotes, pues no los coma que seguramente su salud ni cuenta se dará. Cuando escuche hablar de lo terriblemente devastador que es el gluten de trigo, recuerde que fue el primer alimento cocinado que inventó la humanidad desde la remota Babilonia y Egipto. Estamos comiendo pan desde hace siglos y no nos hemos extinguido. La quinoa y el amaranto son exactamente lo mismo y al igual que la chía existen desde hace centenares de años y no por eso los incas y los aztecas fuimos más altos, más fuertes ni más inteligentes. El nopal es delicioso en gorditas, tacos y guisados, pero no cura la diabetes ni cura nada. Vamos a comerlo porque es nutritivo y rico. Saboree el mole, la birria y el pozole sin complejo de culpa. Ahora que si tiene sobrepeso mórbido y usted sabe, sin necesidad de que se lo digan, que ello está afectando a su salud, pues tómelo en serio y vaya con un médico internista que además tenga la especialidad en nutrición y no ponga en manos de empíricos y consejeros que quizás tienen muy buenas intenciones, pero no tienen buenas informaciones.
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Héctor Grijalva

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