Opinión

Los delirios del rey desnudo / Opciones y decisiones

Es asunto de nuestra dignidad y orgullo, dijo el canciller Luis Videgaray, en rueda de prensa desde Washington al darse a conocer la cancelación del encuentro en la cumbre de los presidentes Enrique Peña Nieto y Donald Trump de los Estados Unidos. (El titular de la SRE señala que la medida no se puede aceptar por ‘dignidad’. https://goo.gl/LkUYkF).

Se trata del corolario a una cadena comunicativa sostenida entre ambos mandatarios. “Esta mañana hemos informado a la Casa Blanca que no asistiré a la reunión de trabajo programada para el próximo martes con el @POTUS”. Sería el punto de ruptura de esta meteórica carrera por celebrar el intempestivo encuentro presidencial México-Estados Unidos, mismo que se debió al tempranero tuit de Trump, con reacción al anuncio de su homólogo Peña Nieto, de la noche anterior, en que afirmó “lamento y repruebo la decisión de EE.UU de continuar la construcción de un muro que lejos de unirnos, nos divide, (…) México no pagará por ningún muro”. A la que siguió la estentórea respuesta de Donald Trump.

“Si México no está dispuesto a pagar el muro tan necesario, entonces sería mejor cancelar la próxima reunión”’. Publicó Trump en su cuenta de Twitter un día después de que a través de una orden ejecutiva ordenara la construcción del muro a lo largo de la frontera binacional (https://goo.gl/vIJP1V).   

Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, miembro de la misión preparatoria de la reunión presidencial, reafirma que es fundamental para México mantener la relación con Estados Unidos.

El análisis de esta coyuntura política descansa en un principio teórico-metodológico que se enuncia como sigue: La esfera política por naturaleza está determinada por los símbolos del poder; así como la cultura tiene como esencia la manifestación del poder de los símbolos, y ambas esferas se intersectan y se relacionan en el ámbito del poder económico que no es sino el fundamento y piso de las relaciones de producción y reproducción de los satisfactores esenciales de las necesidades de toda sociedad.

Probablemente parece complejo este esquema que funda las relaciones sociales, pero se hace más evidente y significativo cuando se aplica a la lectura de asuntos y casos como el que nos ocupa. Permítame explicarlo,  partiendo desde la esfera de la cultura.

Si retomamos el texto de mi pasada entrega (El Marquesado… noticias de un imperio. LJA. 21/01/2017), establecía yo de manera simbólica que la pretensión imperial, del que se autoasume ahora como tal regente, acababa de crear la nueva marca, a partir de su frontera sur con México y haciéndola extensiva por todo el resto del continente de América hasta la Patagonia, es decir América Latina, lo que sabemos que culturalmente así ocurre y es verdad histórica. Solamente que no se trata sólo de una designación tradicional, ya que intencionadamente segmenta, y por tanto acorta geográfica y geopolíticamente la parte restante de Norteamérica a los Estados Unidos y Canadá. Racialmente visto, quedamos segmentados entre anglosajones y amerindios de habla y cultura hispánica. El pretendido muro es, por tanto, más una cuestión de división ideológica imperial en interés económico-financiero con un socio tradicional y septentrional a modo, Canadá,  relación continental que forzosamente pasa por la esfera geopolítica de dominación central.

Echemos hacia atrás un poco el tiempo transcurrido. Trump a todo lo largo de su contienda política por la presidencia exhibió desmesuradamente la cabeza de playa que planeaba conquistar frente a México y el mundo, a partir del levantamiento de “su muro” bajo pago inexcusable de los mexicanos. A esta pretensión la hizo su eslogan de campaña, su objetivo y misión emblemática de llegar a la presidencia. Para ello, no tan solo endureció su lenguaje contra los mexicanos, sino envileció el lenguaje más elemental de la diplomacia al endilgar epítetos tan altisonantes como generalizados: criminales, violadores, instigadores a la drogadicción de nuestros hijos, extranjeros ilegales/ilegal aliens, etc., etc. Se regodeó en lanzar este tufo pestilente.

Llegado que hubo a la presidencia de dicha potencia mundial, urdió con irrefrenable urgencia, poner su pica en la frontera mexicana, haciendo verdad su profecía anunciada: el muro se levanta y los mexicanos lo pagan con su sangre, sudor y lágrimas. Un patético trofeo de caza para exhibir al resto de las naciones, y con ello demostrar su poderío incuestionable. Al mismo tiempo, iba a exhibir al desnudo al primer presidente latinoamericano que se paraba a sus puertas, las de la Casa Blanca, como un mero subsirviente de sus intereses hegemónicos, ahora ya incuestionables; como lo dije: urbi et orbi, ante la Ciudad de Washington y el mundo.

La trampa y la inicua maquinaria estaba montada. So pretexto de iniciar la renegociación del TLCAN/NAFTA, abrió negociaciones de estado entre el canciller y secretario de economía de México con el jefe de gabinete y staff presidencial, para hacer los preparativos de su encuentro. El número clave de su agenda secreta era imponer a toda costa el compromiso mutuo por el muro, con lascivo y pestilente cargo a los mexicanos. Sin embargo, El radar mexicano de los símbolos de poder –investidura presidencial- se prendió en alerta y el mandatario de México zanjó el diferendo sentado en su escritorio y desde su oficina, para emitir un asertivo mensaje de no pagar por dicho muro bajo ninguna circunstancia; lo que ocurre apenas unas doce horas antes de que las agendas presidenciales se sincronizaran. El primero en desactivar tal sincronización fue Trump, quien leyó correctamente la nota de su contraparte mexicano y expresó la inutilidad de una reunión que probaría ser “infructuosa/fruitless. A lo dicho, el presidente de México cancela ante la Casa Blanca su visita.

Puesto en términos simbólicos (aquí hacemos un corte sagital y entramos a la esfera simbólica/ o de la cultura, y analizamos el poder de los símbolos), digamos que Trump –eregido en señor imperial y puesto su rubio penacho- quiso emular aquel acto del que sería Marqués del Valle de Oaxaca, Hernán Cortés, quien consumido febrilmente de avaricia por hacerse con los supuestos magníficos tesoros del imperio, redujo al último Tlatoani azteca Cuauhtémoc/ Cuāuhtémōctzīn (el sufijo -tzīn se usa para designar una dignidad similar a “Don” o “Señor” en español); para humillarlo y con una tea encendida atenazar sus pies ungidos de aceite, y así hacerle confesar dónde se escondían sus tesoros, para despojarlos como botín de guerra/spoils system. La fecha estaba ya comprometida en la agenda bilateral y sólo faltaba su llegada a término, para erigir en gran Teocalli la Casa Blanca, y consumar así, simbólicamente, el humillante sacrificio del nuevo tlatoani mexicano, para declarar mundialmente su hegemonía indiscutible, comenzando por la marca Latinoamericana.

Al respecto, el presidente de Bolivia, Evo Morales leyó correctamente este discurso simbólico cuando expresa: “Hago un llamamiento a nuestros hermanos mexicanos a mirar más al sur, (a) construir unidad en base a nuestra identidad latinoamericana y caribeña”, (https://goo.gl/5RWNd9)

Este trance simbólico cae como un veloz Cuāuhtémōctzīn, águila que desciende para posarse nada menos que en la esfera económica real entrelazada y anudada entrambas naciones por el TLCAN/NAFTA, cuyas condiciones nada simbólicas sino efectivas en dinero y especie, estatus que habrá de quedar en un suspenso negociador, para discutir su redefinición y, en su caso, re-actualización operacional.

Cabe cuyo tratado habrán de acortarse las distancias matemáticas macroeconómicas de un déficit en el intercambio que se estima actualmente así: “Las exportaciones estadounidenses hacia México (2015) sumaron 236,377 millones de dólares, mientras que las exportaciones mexicanas totalizaron 294,741 millones de dólares, con una balanza comercial positiva de casi 60,000 millones de dólares”, (https://goo.gl/PXbzRT).

En términos comparativos México arrastra un déficit comercial global (2015) en % del PIB de -2.14% en tanto que Estados Unidos lo ubica en -4.45%, (https://goo.gl/myUrJm), es decir el doble de nuestro país, y esto según Trump abona a que la relación comercial con México no se trate de un juego limpio. O sea, esta diferencia a favor de México irrita al regente de los destinos de Estados Unidos, quien replica que México debe dar un trato justo/ a fair trait to the United States, y mostrar (a él, Estados Unidos) “respeto”. ¡Órale! Sin embargo es desde dentro de la unión americana que sus principales demonios andan sueltos, y es sólo cuestión de tiempo para que su real pandemonio interno se torne más visible y menos simbólico, lo que habrá de poner en su justa dimensión sus sueños imperiales. En verdad quiere vernos como una economía subsirviente de sus arcas del Tesoro. Y al presidente de México como un encomendero fustigante en el vasto territorio de su pretendido marquesado latinoamericano. Quae cum ita sint/ Puestas así las cosas, en verdad es imperativo “ver hacia el sur” y también ver hacia el Pacífico donde las fronteras oceánicas se tornan más oxigenantes y menos asfixiantes.

[email protected]  

The Author

Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

No Comment

¡Participa!