Opinión

Monterrey / Cinefilia con derecho

 

Como a todo este país, los hechos violentos del colegio de Monterrey me sacudieron y entristecieron, en lo general como mexicano que ama a sus connacionales y como un ciudadano más del mundo que respeta profundamente la otredad; en lo particular, como padre, me provocó lágrimas porque mi hijo pudo ser uno de esos alumnos, porque yo pude estar en el lugar de la maestra. ¿Alguien tiene la culpa? Me temo que todos; y vuelve a ser menester citar Fuenteovejuna ¿Quién ha provocado estos lamentables hechos? México, todos nosotros.

Mientras pensaba cómo pergeñar estas líneas, me rehusaba una y otra vez a usar Elephant de Gus Vant Sant, me negaba y lo rehusaba porque no podía concebir que nos equiparáramos a los gringos ¿En verdad podemos comparar a los locos armados norteamericanos cuyas pistolas son ya no digamos como celulares, sino como la leche o el pan, el básico en cada casa? Esta manía absurda por las armas los lleva a tener matanzas en escuelas como la narrada en esta película, donde en un colegio de Columbine perdieron la vida 15 adolescentes a manos de dos de sus compañeros. Sobre la pasión de las armas, sus consecuencias y estos mismos hechos, Michael Moore realizó la interesante Bowling for Columbine (2002).

En Elefante, cinta ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2003, vemos recreada con una maestría que espanta los hechos de este homicidio colectivo en Estados Unidos; el director utiliza una fotografía perfecta e impactante para seguir a los adolescentes, inmiscuirnos en su vida diaria en el colegio, y sí, narrar lo sucedido en tan lamentables hechos. Es tan real e impactante la trama, que algunos la califican de semidocumental.   

La peli en el fondo es sintomática de lo que pasa de forma común en nuestro vecino del norte. Creo firmemente, lo espero, que el caso nacional sea un hecho aislado, porque todos los días dejo a mi hijo en su escuela y veo a los demás alumnos, a los demás papás, sé que son ciudadanos ejemplares, gente que lucha todos los días, que se enfrenta a los problemas de diario.

Tenemos un fuerte problema con las armas, son los narcotraficantes y la mafia que las usa como mecanismos de violencia; pero veo dos méxicos, el de esos que ven en el mal una forma de sustento y aquellos que luchan a diario ya vendiendo algún objeto en una esquina, trabajando en una empresa, como burócratas; en suma gente decente, estoy seguro que son la mayoría los millones que deseamos la paz, que aunque alguna vez hemos pensado en poseer una arma de forma legal o ilegal, renunciamos a ello ya no tanto porque confiemos en nuestras autoridades, sino porque creemos en los demás mexicanos. Por todo ello, debemos rechazar por estúpida la iniciativa de un senador para ampliar el derecho a poseer armas.

Quien me haya leído sabrá que soy un optimista a ultranza, a veces, cosas como esta, me causan un pesar hondo, en ocasiones, incluso tengo la tentación de asumirme crítico, rechazar por rechazar, culpar a los que no leen o a los que votan por tal o cual partido, decepcionarme del sistema educativo, tantas cosas que hacen lo que comúnmente llamamos como chairos; prefiero seguir creyendo que México es más que las cosas malas que nos suceden, y entonces desde mi pequeña trinchera sigo pensando que vamos a salir adelante.  

Deseo con fervor que los heridos se recuperen, desearía que el agresor no hubiera tenido los problemas que lo llevaron a cometer tamaña tontería; sí, también deseo que viviera. Odio (como dijo mi editor, Edilberto Aldán, son imbéciles) a los que usaron el video como nota informativa, por esa misma razón he pensado tantas y tantas veces emprender acciones legales colectivas en contra de medios de información amarillistas.

No sé si por fin hemos tocado fondo, lo cierto es que hace bastantes años que nuestras crisis recurrentes (económica, social de valores, educativa, de gobierno) nos han llamado (sea cual sea nuestra ideología, religión o partido) a un verdadero pacto, a un necesario renacimiento de lo mexicano, la pregunta, difícil en verdad, es quién y cómo, porque del cuándo no queda duda: tiene que ser ya.

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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