Opinión

Oposición y gobierno / Política For Dummies

 

 

En las instituciones políticas hay múltiples clasificaciones, pero para fines de este ejercicio podemos hacer una distinción entre gobierno y oposición. El gobierno, en una democracia es la institución que dirige la política económica y social de un Estado, emanado de una elección popular y que puede provenir de un partido político o de una candidatura independiente. Por lo que si es de un partido político la estructura gubernamental y la política social y económica se alinea a ese partido político y la ideología de sus estatutos.

Sin embargo, precisamente por ser una democracia, el diseño legal e institucional contempla mecanismos para garantizar la pluralidad y la participación de todos los sectores sociales y políticos. Los legisladores, tanto diputados como senadores de representación proporcional cumplen esa principal función, de representar a los ciudadanos que votaron por un partido en específico convencidos de su ideología y con deseo de que sus intereses sean representados. Por eso la fórmula de representación proporcional resulta necesaria en una democracia.

En un ejemplo claro, un partido regional de origen indígena con pocos recursos económicos quizá nunca gane una elección de mayoría relativa por la inequidad en la contienda, pero puede recolectar votos significativos que concentren un porcentaje representativo que por no tener mecanismos de representación no tendrían voz en las instituciones formales de gobierno. En ese sentido la representación proporcional le daría, por ese porcentaje de votos, un porcentaje de representantes en el poder legislativo, que pongan los intereses de estos grupos en los escenarios políticos.

Así también el diseño de nuestras instituciones estableció mecanismos para que más de un partido conformara las Cámaras de Legisladores. En la actualidad, en México, la Cámara Baja se encuentra integrada por la representación de 9 partidos políticos y un candidato independiente. Ese poder legislativo, por naturaleza debe ser protagonista en el sistema de contrapesos: cuestionar al ejecutivo, pedirle cuentas, evaluarlo, criticarlo y corregir.

En México este modelo de sistema de contrapesos no se ha logrado consolidar a pesar de los múltiples esfuerzos, la cultura política arcaica y parroquial sigue presente gracias a un modelo histórico donde el PRI era una fuerza política hegemónica, que además de ser titulares del ejecutivo, dominaban el poder legislativo con una mayoría abrumadora sin pluralidad. Por lo que en la actualidad, el poder ejecutivo no ha podido consolidarse en ese modelo democrático de contrapesos, sino que sigue de cerca al modelo donde la oposición no tiene voz, presencia ni voto.

Los partidos que no son gobierno, se convierten automáticamente en oposición (si no forman parte de un acuerdo con el gobierno en turno), tengan o no espacios de representación, si tienen espacios de representación, su responsabilidad como oposición aumenta. Así en México el PAN, PRD, Morena y Movimiento Ciudadano tienen la responsabilidad de ser oposición. La oposición es necesaria para el gobierno, como le hemos mencionado ya en otra ocasión, el académico Luis F. Aguilar establece que los gobiernos no pueden solos porque no tienen los suficientes recursos, no solo económico sino intelectual, por lo que los ciudadanos deben asumir esa responsabilidad de cogobernar, pero la oposición también es protagonista en asumir esa responsabilidad de otorgar recursos para generar mejores acciones públicas en beneficio de la población en general.

Este concepto tiene una elevada complejidad. El gobierno tiene que reconocer que no puede solo y la oposición tiene que colaborar con el gobierno. Esto pareciera casi imposible, si habláramos de una colaboración cordial, sin embargo esa colaboración puede ser no cordial pero al final colaboración al diseñar soluciones viables a los problemas públicos. Sin embargo ser oposición y colaborar con el gobierno está directamente relacionado con los intereses electorales de los partidos políticos. La oposición, la mayoría de las veces prefiere resultados negativos y que la población se vea afectada por malas decisiones del gobierno del partido en turno, porque significa una sentencia de muerte electoral que genera soluciones porque no es electoralmente rentable.

La oposición se orquesta alrededor de las urnas, y si ese es el gran mal de la modernidad y de la democracia, que el fin último de la vida pública es ganar una elección y no el bien común de la sociedad. Ser oposición es tener responsabilidad social y política sobre el futuro de la sociedad y dejar de lado los fines electorales. Los votantes que depositaron la confianza en los partidos de oposición y que permiten que estos reciban financiamiento público esperan que vigilen sus intereses y verse protegidos por la oposición.

En México hay dos casos emblemáticos en la actualidad: la oposición tibia de Andrés Manuel López Obrador y Morena al renunciar a sus cargos en la Asamblea Constituyente y al alejarse de diseñar soluciones para los problemas públicos y otro caso el de Enrique Alfaro en Jalisco, que es alcalde de oposición y que al construir soluciones ha presionado al gobierno para discutir esas soluciones y dinamizar la agenda política en el beneficio de la ciudadanía.

Son dos casos opuestos sobre la oposición como catalizador del diseño de soluciones para los problemas públicos.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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