Opinión

El precio de la gasolina y lo que exigimos a quienes nos gobiernan / Disenso

 

Por años, una bandera de casi todos los gobernantes ha sido la desaparición de la tenencia. Este impuesto, nacido de circunstancias muy particulares hace casi 50 años, es el impuesto más justo de todos. El que, sin vueltas ni complejidades técnicas, permite que pague más quien más tiene y menos quien menos tiene. Que los gobiernos necesitan recursos para la administración pública es una obviedad que no merece discusión y que hace que los impuestos sean necesarios. También es verdad -dolorosa y triste- que en México muchos de esos recursos se dilapidan en corrupción y en ineficiencia.

Traigo a colación el tema de la tenencia como bandera política porque es un fiel reflejo de lo que demandamos como sociedad. Exigimos a la clase política -desde sus candidaturas hasta sus administraciones- políticas que van a favor de una clase privilegiada (seguramente la nuestra), y que no permiten avanzar en un piso parejo para los más desaventajados en una sociedad. Cuando hablamos de mantener un subsidio a gasolinas no nos damos cuenta que luchamos por perpetrar una injusticia: que las personas que más tienen salgan beneficiadas directamente por ese subsidio. Así, el dueño del auto deportivo recibe un enorme beneficio por mantener una vida de excesivo lujo. Esto nos lleva a la dimensión de la regresividad: algunos de nuestros subsidios y proyectos gubernamentales (muchos tal vez) terminan favoreciendo directamente en mayor medida a quienes más tienen que a los más necesitados. Inclusive buena parte de la infraestructura de vanguardia como los puentes y segundos pisos sigue favoreciendo más a quienes más tienen. Perpetramos un desequilibrio en la sociedad en que la que, en mi opinión, no debe buscarse a ultranza la igualdad, pero sí condiciones más justas, de piso parejo, para sus miembros.

Cuando se propuso la reforma hacendaria me mostré de acuerdo con ella: me parece bien que los refrescos, el alimento para mascotas y los bienes inmuebles tengan impuestos altos. Es la única forma de garantizar que los más afortunados aportemos más para dejar mejores condiciones para los que menos tienen. Uso el plural porque si usted lee esto, es altamente probable, desde que tiene internet, que pertenezca a esa clase privilegiada. Si usted gana más de 6 mil pesos al mes está entre la mitad más afortunada de Aguascalientes. Si gana más de 10 mil entre el 10% más afortunado del país. Dimensionada la terrible distribución a que asistimos, no podemos seguir alimentando un sistema que perpetra la pobreza de esta forma. La desigualdad debe de estar a favor de mejores condiciones para todas y todos.

El problema, por supuesto, de la Reforma Hacendaria, tiene que ver con la distribución que se hace de esos nuevos ingresos. Mientras las estructuras públicas sigan alimentando una nómina poco eficiente y mientras no combatamos de manera frontal la corrupción, de poco sirve que recaudemos más eficientemente, o más, a secas.

Por otro lado, está el problema de nuestras demandas y la poca información de la que solemos echar mano para elaborarlas: quitar el subsidio a gasolinas es sin duda justo, pero sólo si va acompañado de medidas adecuadas. Quienes aducen que el precio debe regularse por el libre mercado caen en una respuesta reduccionista, pues hay que revisar la infraestructura que tenemos para que ese libre mercado pueda ser funcional para todas y todos. La gasolina más barata la conseguimos en Estados Unidos (porque no tenemos capacidad de refinar, porque tenemos un índice de productividad bajísimo, porque los gobiernos históricamente han dilapidado Pemex con concesiones a discreción y una estructura de compadrazgos y corrupción) si el precio se ajusta de manera natural al mercado, es evidente que tendremos gasolinas más baratas en el norte y mucho más caras en el sur: por motivos tan simples como la distancia y la carencia de carreteras adecuadas. ¿Alguien ve aquí la regresividad?

Finalmente, está en la obsesión que se han generado los gobernantes por dar resultados visibles. A veces, en este afán, se invierte en infraestructura de relumbrón que poco aporta a la mayor parte de la sociedad. Los proyectos de largo plazo son castigados por la ciudadanía y por lo tanto, poco socorridos por los gobernantes. Nos urge pensar en proyectos trans-sexenales que permitan plantear una infraestructura que haga posible un mejor precio para los combustibles: trenes, carreteras y, evidentemente, el impulso a la movilidad alternativa.

Las respuestas no pueden ser casi nunca tan sencillas, pero para elaborarlas de manera más complicada y hacer demandas más precisas requerimos mucha información. No es algo que nos distinga como pueblo. Tampoco que pongamos el dedo en la llaga de manera precisa. La discusión pública tiene que mejorar. La organización social tiene que fortalecerse. La exigencia a nuestros gobiernos tiene que multiplicarse. La indignación tiene que canalizarse. Si no podemos hacerlo, ni siquiera en tiempo de elecciones, el futuro es oscuro.
/aguascalientesplural


Vídeo Recomendado


The Author

Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

No Comment

¡Participa!