Opinión

Cómo vemos la figura femenina / Alegorías Cotidianas

En estos tiempo modernos la concepción de la figura femenina es estudiada sólo cuando se habla de feminicidios y pocas veces de equidad, sin embargo, no sabemos cuál es la percepción que tienen sobre sí mismas ni tampoco cómo construyen su identidad.

Para empezar, podemos decir que en Aguascalientes no hay representación real de las mujeres en ámbito alguno, los partidos políticos se ven obligados a integrar en sus candidatos a mujeres porque así lo dicta la ley sin que en verdad sea una convicción de los partidos la participación de la mujer en la política, pocas sobresalen y un número menor de ellas es el que no tiene maquillista y peinadora todos los días, o que no son clientas encubiertas en spas exclusivos donde se encargan de tenerlas en forma.

Lo mismo pasa en la televisión, pocas veces encontramos conductoras con maquillaje discreto o sin él y mucho menos llenitas. Un 95% de las mujeres que salen a cuadro son delgadas, están hiper arregladísimas (aquí es donde podemos incluir las exageradas cirugías plásticas) con vestidos cortos, raquíticos y pantalones que parecen pintados y peor aún en algunos canales deportivos pareciera que mientras más vulgares y menos ropa usan es más fácil ser vistas en las pantallas de todos los hogares de México, mientras que los comentaristas deportivos aparecen de traje y corbata ¿paradójico, no?

Román Gubern en su libro El eros electrónico afirma que la prostitución de la figura femenina se debe a las telenovelas donde las televisoras, en un esfuerzo por mantener el rating comenzaron a exhibir a sus actrices con el fin de conservar la fidelidad de la audiencia. La idea de ser visto para existir la concibieron los mercadólogos quienes con una visión exhibicionista-narcisista lograron colocar sus productos (telenovelas, cantantes, comunicadores, figuras pública) en el gusto y preferencia de los espectadores creando así la telecracia. El valor estelar de los conductores, actores o actrices satisfacen funcionalmente el plano de la fantasía de quien lo observa del otro lado de la pantalla y esto produce que su figura, pertinente o no, sea el ideal de las masas. Las mujeres por ende quieren parecerse a las protagonistas de las telenovelas, con cuerpos delgados y exuberantes, atractivos para tener suerte en el amor y el dinero con el sexo opuesto sin ningún esfuerzo sólo por el hecho de ser bellas y parecer muñecas todos los días.

Nicholas Mirzoeff en su estudio sobre el retrato actual El selfie establece que las mujeres se fotografían a sí mismas para ser vistas por los hombres de manera instintiva es decir, sin darse cuenta, y por ello posan de diferentes maneras para lucir atractivas. No se fotografían para sí mismas ni para beneplácito del recuerdo, sino para ser notadas.

Algunas mujeres inclusive han llegado a afirmar que en ocasiones, cuando se sienten tristes se arreglan provocativamente y pasan caminando de manera coqueta por donde saben que hay hombres que le pueden hacer piropos para elevar su autoestima.

Por otra parte el desarrollador de potencial humano y crecimiento personal Samer Soufi en su libro Lo que Freud le diría a Spielberg, ejemplifica el gran juego de la competición genética analizando la película animada de Walt Disney, La Cenicienta, basada en el cuento de Charles Perrault. Las hermanastras de nuestra protagonista se sentían en desventaja al notar que la hija de su padrastro era superior a ellas en belleza, creían que ser juzgadas por su apariencia por quienes las pudieran encontrar a las tres juntas, así que menospreciar a Cenicienta y dejarla encerrada el día del baile les daba a ellas mayor oportunidad para poder lograr emparejar con alguien o con el príncipe.

Actualmente las mujeres que tienen cargos altos en las empresas cuando se sienten en desventaja ante una solicitante a un puesto al apreciar, de manera personal, que es más bella, alta o inteligente que ella tienen a no contratarla y de hacerlo le hacen padecer el mismo trago amargo del menosprecio, tal como lo vivió Cenicienta. Este hecho también ocurre con los hombres quienes al sentirse inseguros ante la inteligencia y conocimiento de una mujer la relegan a cargos inferiores y la menosprecian todo el tiempo por su apariencia física o simplemente, por ser mujer.

Hoy en día las mujeres más vulnerables a la falsa percepción de sí mismas son las jóvenes entre los 12 y 35 años quienes crecieron con la niñera más falsa, dañina y tóxica que encontramos en los hogares, la misma que dicta el estereotipo de la mujer actual, no cercana a la ciencia y al conocimiento, sino al espectáculo, el drama y el vacío existencial.

Llamar la atención y ser vista es lo que interesa a las jóvenes, muchas de ellas inclusive deciden dejar los estudios para dedicarse a la farándula que le puede permitir su nivel económico, sin que la educación y la formación sean una opción de vida.

¿Cómo vemos la figura femenina en nuestra sociedad las mujeres? Es una pregunta difícil de responder si sólo nos enfocamos a la visión estética de nosotras mismas sin preocuparnos por llenar los espacios vitales de nuestra existencia, la autorrealización, el conocimiento, la manifestación artística, el ser y la indispensable inteligencia emocional.

Las mujeres estamos listas para ser partícipes de la vida política, de conocer y reconfigurar la sociedad a partir de la exposición de sus ideas y la implantación de las mismas.

El empoderamiento de la mujer de nada servirá si continuamos nuestros estilos de vida bajo el régimen de la telecracia donde hay completa impunidad sobre la imagen de la mujer como símbolo y no como realidad.

Para detener el machismo y continuar el camino de la equidad primero necesitamos saber cómo cada una de nosotras nos manifestamos en el mundo y lo que juntas, como sociedad queremos lograr.

 

Laus Deo

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Paula Nájera

Paula Nájera

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