Opinión

El virus comunitarista / El peso de las razones

 

 

Lo temido: Trump de un plumazo se ha salido del TPP. El TLC es su siguiente objetivo. En el marasmo de virulento nacionalismo que vive una parte significativa de la población de nuestro vecino del norte, alentada por su nuevo gobierno, es indispensable preguntarnos qué papel y actitud debe tomar México. De manera extraña, Enrique Peña y su séquito no se han escondido ni han salido de vacaciones: decidieron dar la cara, y de una manera agridulce posicionarse respecto a las acciones ya tomadas y por tomar por el gobierno estadunidense.

En su discurso inaugural, Trump dejó clara su agenda inmediata de gobierno, la cual tiene un solo tema: primero su país. La nación más cosmopolita del mundo se ha cerrado al mundo. Nos equivocaríamos si pensáramos que es un asunto meramente económico. La escueta agenda de Trump sugiere una concentración en las virtudes (¿los vicios?) comunitaristas y nacionalistas. Son días amargos para los ideales norteamericanos. Las protestas no se han hecho esperar, y algunos consideran (a mi juicio con una visión corta) que en éstas existe un tufo antidemocrático. Los días y las semanas serán largos para el mundo.

Permítanme un breve desvío. Hace un par de años leía con incredulidad la famosa lista de Sergio González Rodríguez sobre los mejores libros del año. Para Sergio, La alternativa. Perspectivas y posibilidades de cambio, de Luis Villoro, era lo mejor que se había escrito en 2015. El libro de Villoro, lo confieso, no sólo me pareció malo, me pareció profundamente peligroso. Villoro defendía el comunitarismo ramplón como la medicina que México necesitaba en estos tiempos aciagos. El que fuera asesor del EZLN, cercano a la izquierda conservadora mexicana e investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, decidía posicionarse fuertemente respecto al rumbo que debía tomar nuestro país: un rumbo bastante parecido al que Trump ha tomado en su país desde que fuera electo presidente. La verborrea de la “comunidad” es un virus que pocos se percatan que enardece a las peores ideologías. El comunitarismo: esa posición política tan cercana al nacionalismo, al racismo, a la xenofobia, a la intolerancia, a la soberanía alejada de los derechos humanos, al cierre de fronteras, al evitar nuestras responsabilidades globales… El comunitarismo: ese virus que acecha siempre que se invoca a la “nación”, al “grupo”, a lo “propio”, a lo “local”. El comunitarismo: la receta para inflamar los odios y las divisiones. ¿Acaso no le sorprenderá a Trump que su discurso nacionalista, más que unir a la nación, la ha dividido más que nunca? El virus comunitarista ha infectado a los Estados Unidos de Lincoln, de Roosevelt, de Obama. Ahora amenaza con contagiar a México.

Frente a este escenario lo que esperaba de nuestro gobierno era un mensaje franco y directo: si nuestro vecino se cierra al mundo, México se abrirá como nunca antes. Aunque Peña lo dijo, quienes lo precedieron en su discurso más bien hicieron de espejo al comunitarismo racista y xenófobo de Trump: primero México. Nuestro país requiere más que en otras ocasiones hablar de cosmopolitismo: esa posición política, esa virtud de las sociedades plurales y orgullosas de su pluralidad, tan cercana a los derechos humanos, a la unión, a la verdadera comunidad entre todas y todos los miembros de nuestra especie. El cosmopolitismo: entender que como animales humanos siempre compartiremos mucho más características de aquellas que nos alejan. El cosmopolitismo: tan cercano a eliminar las diferencias, a hacernos partícipes de los padecimientos del otro, sea o no sea un connacional.

Espero que nuestro gobierno esté a la altura de las circunstancias. Aunque desconfío de ello. Hace falta abrirse al mundo, aprovechar en verdad la coyuntura en la que nos ha colocado Trump. Hace falta, sí, diversificar nuestra economía, pero también tener más protagonismo en la región, y aprovechar todas las ventajas competitivas que han hecho de nuestro país un importante socio comercial de los estadunidenses. Hace falta no decirlo, hacerlo: y expresar públicamente no los qués, sino los cómos.

La principal preocupación en este momento es que nuestro gobierno carece de la credibilidad para afrontar uno de sus mayores retos políticos y económicos de las últimas décadas.

Nos esperan -deseo equivocarme- días, semanas, meses y años muy adversos.
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Mario Gensollen

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