Opinión

Aguascalientes, ciudad que se inventa / Análisis de lo cotidiano

Grandes ciudades mexicanas como Puebla, Morelia, Oaxaca, Cuernavaca y la CDMX fueron fundadas en sitios donde ya había una población indígena. Muchas otras fueron creadas como colonias donde los conquistadores españoles consideraban que había manera de hacer un buen negocio, tales como las ciudades asentadas junto a una mina como sucedió con Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas. La nuestra fue creada como una necesidad de paso. Aquí en terrenos donde ahora vivimos no había nada, solo un río de aguas calientes que quedaba a mitad del camino entre la mina de plata de Zacatecas y la villa de Santa María de los Lagos. Entonces se vio la necesidad de inventar un lugar para que descansaran las caravanas y qué mejor sitio, que junto a un río de aguas cálidas. Nuestra ciudad La Villa de Nuestra Señora de la Asunción fue inventada como una estación hace 442 años. Pero como no era suficiente dar servicio a los viajantes que por esas fechas eran muy pocos, los colonizadores Don Juan de Montoro, su esposa Doña Catalina de Ayala y sus amigos inventaron las huertas y crías de ganado vacuno y porcino. Los indios bárbaros no dejaban de incomodar a los pacíficos labriegos, con sus robos y trapacerías. Había que inventar algo más y entonces se creó el pueblo de indios de San Marcos para que los feroces chichimecas vieran que era posible la convivencia armónica entre españoles y naturales. La Villa fue agrícola durante trescientos años y como la población seguía creciendo, había que inventar algo más. Entonces en 1884 apareció el ferrocarril, no solamente entraron los trenes, ahora se fabricaban locomotoras y carros en esta ciudad, que se convirtió en un emporio rielero. Las vías facilitaron la llegada de nuevos negocios y también de nuevo pobladores, porque se necesitaba mano de obra. Se inventaron entonces las nuevas minas, la empresa Guggenheim crea la Fundición Mexicana. El ferrocarril también logró que los bordados y deshilados caseros se convirtieran en industria porque podían enviarse a otras regiones del país. Aguascalientes se ha mantenido ajena a las grandes revoluciones sociales, lo que le vale el título de “Tierra de la Gente Buena” pero para no parecer tibios, se inventa como un sitio de acuerdos y paz y por ello se realiza aquí la Soberana Convención Revolucionaria en 1914. Otra industria nacida al amparo del tren es la viti-vinícola, los coahuilenses encuentran tierras fértiles para su ya poderosa negociación y se funda aquí una extensión de sus negocios, los viñedos y los vinos. La ciudad recibe un nuevo invento, en 1973 se funda la Universidad Autónoma de Ags. y la vida cambia totalmente, los muchachos ya no saldrán a estudiar a ciudades lejanas y crecerá la oferta profesional, crecen también los mercados de trabajo. Ahora se requieren más empleos y en 1980 el gobernador Landeros inicia la industrialización del estado, se ha reinventado otra vez a la región que de agrícola pasa a industrial. Ahora al inicio del Siglo XXI, ya no somos una estación de paso, ni pequeña minería, ni siquiera un gran productor agrícola, tampoco tenemos tren, ni los bordados son fuente importante de ingreso.

¿Cómo hemos inventado actualmente nuestra entidad? Somos industriales de la metalmecánica, de la automotriz y de la cibernética. Somos también una ciudad universitaria con una sorprendente oferta de academia de alto nivel. La Feria de San Marcos no es una fiesta religiosa, es una importante fuente de ingresos para el Estado ¿Qué inventaremos mañana? Seguramente la carrera inventiva no se detendrá, toda nuestra historia ha sido de estarnos creando constantemente y cambiando nuestras fuentes de vida. Ya somos así, tenemos el ánimo dispuesto a cambiar y adaptarnos, los aguascalentenses somos creativos, emprendedores y entusiastas, lo hemos hecho durante cuatro siglos. Seguramente Don Juan de Montoro nuestro fundador, desde allá el lugar privilegiado en el que se encuentra mirará satisfecho su obra diciendo: “Mira nada más lo que empezamos, de una pequeña colonia de granjeros a esta gran ciudad”. Y sonreirá.

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Héctor Grijalva

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