Opinión

Aguascalientes, ¿vamos bien? / Agenda urbana

 

Hace algunas semanas, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y el Infonavit dieron a conocer el Índice de Prosperidad Urbana (CPI, por sus siglas en inglés) que elaboraron conjuntamente para medir el progreso actual y futuro de las ciudades mexicanas. El CPI es una herramienta multidimensional de medición que pretende resolver las formas ineficientes, insostenibles y disfuncionales con que fueron planificadas muchas ciudades del siglo pasado (ONU-Habitat 2016). En este sentido, el índice busca proveer a los gobiernos estatales y municipales de información precisa y rigurosa para identificar áreas prioritarias para las políticas públicas e informar el diseño de intervenciones urbanas que impacten positivamente en el bienestar ciudadano.

El CPI comprende un conjunto de indicadores agrupados en las siguientes seis dimensiones de prosperidad: productividad, infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental. y gobernanza y legislación urbana. El valor máximo del CPI es de cien, y se logra cuando los factores evaluados presentan niveles muy sólidos y las políticas urbanas están bien consolidadas. De un total de 136 ciudades mexicanas evaluadas, el municipio de Aguascalientes se ubica en la posición número 26, con una escala de prosperidad moderadamente débil y un puntaje global de 53.5, que demuestra la necesidad de fortalecer las políticas que tienen incidencia en la prosperidad urbana del municipio.

Con herramientas como el CPI, los gobiernos cuentan con más y mejor información para orientar el gasto público, los esfuerzos e iniciativas hacia la solución de problemas prioritarios y concretos de nuestras ciudades. Al mismo tiempo son una llamada de atención. Por ejemplo, veamos dónde el municipio de Aguascalientes tuvo sus peores resultados. Primeramente, la dimensión más crítica fue la sostenibilidad ambiental, que mide el equilibrio entre el crecimiento económico y el medio ambiente. El uso y la generación de energías renovables fue el factor más débil, pues la proporción de la electricidad producida en la ciudad mediante energías limpias es prácticamente nula. Dentro de la misma dimensión, la recolección y disposición de los residuos sólidos también obtuvo una calificación muy débil, lo que indica una baja proporción de viviendas con recolección de residuos respecto al total de viviendas particulares habitadas.

La segunda dimensión con los peores resultados para Aguascalientes fue la gobernanza y legislación urbana. El factor más débil de esta dimensión fue el de la expansión urbana, que refleja la incapacidad para mantener un equilibrio entre el ritmo de crecimiento de la población y el de la superficie urbana. En efecto, entre 1980 y 2010, la población de la Zona Metropolitana de Aguascalientes aumentó 2.59 veces, mientras que la superficie urbana aumentó 6.14 veces (Sedesol 2012); es decir, la superficie urbana creció más del doble que la población durante el mismo periodo. Esto sugiere que el crecimiento de la ciudad ha sido expansivo y disperso, lo que está generando consecuencias negativas en la eficiencia del uso de suelo y en la calidad de vida de la población; por ejemplo, al incrementar la necesidad de trasladarse, y aumentando las distancias y los tiempos de traslado.

La movilidad urbana registró los resultados más bajos de la dimensión de infraestructura. La aplicación de políticas públicas de movilidad urbana en el ámbito municipal y metropolitano, como menciona el CPI, ha sido débil y escaso, y “Ha resultado en la insuficiencia de transporte masivo, en la existencia de altos índices de fatalidades de tránsito y en crecientes niveles de motorización que impactan negativamente en la prosperidad de la ciudad”. La reducción del uso del automóvil a través de la mejora de la calidad de otros sistemas basados en el transporte público masivo y no motorizado, así como la integración del transporte con la planeación del desarrollo urbano, debiera ser, por lo tanto, una prioridad de la administración estatal y del municipio capital.  

Por último, a pesar de que el estado ha registrado niveles importantes de crecimiento económico en el sector manufacturero, de comercio y de servicios, en su dimensión de productividad, el índice sugiere que la distribución del valor agregado de la producción en el municipio no está siendo proporcional al tamaño de la población. Más aún, la ciudad tiene una muy débil concentración espacial de las actividades productivas, lo que tiende a “minimizar la especialización económica e impide reducir los costos de los bienes y servicios debido a la proximidad geográfica”. Finalmente, si bien el empleo en Aguascalientes obtuvo un puntaje moderadamente sólido, el predominio de empleo de baja remuneración se registró como una de las áreas prioritarias que se deben atender.

El Índice de Prosperidad Urbana es solamente un esfuerzo más que se realiza para ayudar a diseñar políticas públicas, planes, programas y proyectos más oportunos y pertinentes que mejoren la calidad de vida en nuestras ciudades. Con herramientas como éstas, en Aguascalientes nuestros gobiernos tienen cada vez menos margen para no hacer bien las cosas, al mismo tiempo que la ciudadanía está más y mejor informada para exigir acciones que respondan de mejor manera a las necesidades de nuestra ciudad.

 

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@fgranadosfranco

 

Referencias:

ONU-Habitat (2016). Índice Básico de Prosperidad Urbana, Informe Final Municipal: Aguascalientes, México.

Sedesol (2012). La Expansión de las Ciudades 1980-2010.

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Fernando Granados

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