Opinión

Benthamistas, o sobre leyes y gobiernos

 

En nuestros días, sabemos o intuimos que ni todo lo legal es justo ni todo lo justo es legal. Mucho menos en sistemas de gobierno donde la democracia no se consolida todavía en 2017. A Jeremy Bentham (1748-1832), economista y filósofo inglés, niño precoz de una familia acomodada de juristas, se le recuerda sobre todo por ser el padre de ideas tan extendidas después como el “panóptico” penitenciario, pero también por ser el creador de la corriente llamada “utilitarismo”. Un buen día, el joven Bentham, alumno de Oxford, acuciado por la curiosidad y por su amigo John Lindel, emprendió la tarea de escribir: los comentarios al “Comentario sobre las leyes de Inglaterra” del famoso jurista en retiro Blackstone, que había sido su profesor en Oxford, además de un personaje muy influyente en la política inglesa de su tiempo. Ya para 1776, lo que empezó como unos comentarios a la obra de Blackstone, terminó siendo su obra: Un fragmento sobre el gobierno. El trabajo de Bentham era una crítica demoledora a las leyes e instituciones del gobierno de Inglaterra, donde por ejemplo Blackstone justificaba en su obra el abuso de poder, la tiranía y el fundamento del deber de obedecer a la ley y al gobierno bajo el sofisma de que “cada cosa en el Estado es como tiene que ser”. Por lo tanto, según Blackstone, no había necesidad de modificar la estructura de un gobierno, ni las leyes. En cambio Bentham -además de criticar el servilismo de su profesor-, predicó la tesis de que las estructuras y leyes se deben analizar “no sólo como son, sino como deben ser”. Sostuvo en su obra que los pueblos deben detectar aquello que provoca a los miembros de la sociedad sufrimiento y dolor; para enseguida demoler, limpiar y construir un nuevo orden legal y estatal. Bentham recomienda que al levantar los cimientos del nuevo modelo de estado  se procuren las soluciones -políticas públicas y leyes- que produzcan el máximo beneficio a un número mayor de personas, pues la utilidad de las soluciones debe ser en función del grueso de la población y no de un puñado de privilegiados -nobles y cortesanos- que aplauden al gobierno para sacar ventaja de ello.

Luego, en su libro Introducción a los Principios de Moral y Legislación de 1789, explicó los principios del utilitarismo, que muy resumidamente podría ser definido como la preconización de que todo acto humano, norma o institución, deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas. A partir de allí, proponía formalizar el análisis de las cuestiones políticas, sociales y económicas sobre la base de medir la utilidad de cada acción o decisión. Así se fundamentaría una nueva ética, basada en el goce de la vida y no en el sacrificio ni el sufrimiento. Después, desarrolla una posterior teoría del derecho penal, donde el código penal debía ser el primero de una colección de códigos que constituirían el pannomion utilitario, un cuerpo completo de leyes basado en el principio de utilidad, cuyo desarrollo iba a involucrar a Bentham en el trabajo de toda una vida, para incluir luego cuestiones civiles, procesales y de derecho constitucional. Así, en los intersticios entre los subcódigos de este vasto edificio legislativo, los escritos de Bentham abarcaban la ética, la ontología, la lógica, la economía política, la administración judicial, la reforma carcelaria, el derecho internacional, la educación o las creencias religiosas. También por cierto las instituciones, la teoría democrática, el gobierno y la administración. En todas estas áreas hizo aportaciones importantes que continúan destacándose en las discusiones sobre el utilitarismo, especialmente sus formas morales, legales, económicas y políticas. Sobre todo ello descansa la reputación de Bentham como uno de los grandes pensadores en la filosofía moderna.

El objetivo último de lograr “la mayor felicidad para el mayor número” le acercó a corrientes políticas progresistas y democráticas, e incluso la Francia republicana surgida de la Revolución le honró con el título de ciudadano honorario en 1792, donde el utilitarismo ejerció su influencia sobre toda una generación de políticos. Bentham influyó o intentó influir sobre los gobernantes y líderes de las nuevas repúblicas americanas. Se sabe con certeza que mantuvo correspondencia con el libertador Simón Bolívar, por ejemplo, o con los padres fundadores de la nueva república norteamericana Adams y Madison. Del mismo modo, nos legó un concepto de la deontología muy utilizado en leyes y códigos posteriores.

Bentham dio a conocer al mundo occidental, en síntesis, un programa de desmantelamiento de los viejos esquemas legales que no sólo permitían el acrecentamiento de la riqueza de unos cuantos en detrimento de muchos, sino que impedían el progreso intelectual de la sociedad inglesa.

P.S. En el pensamiento de Bentham, las leyes son políticamente efectivas para la tiranía cuando mantienen en el poder a aquéllos que lo ejercen y crean una conciencia falsa de la realidad. Cualquier parecido con otras épocas y realidades, es mera coincidencia.

@efpasillas

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Enrique F. Pasillas

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