ENTREVISTAS

El Chalequero, primer asesino serial mexicano / Entrevista a Bernardo Esquinca

Entrevista a Bernardo Esquinca, acerca de Carne de ataúd, segunda entrega Toda la sangre

 

  • Las novelas de la saga Casasola mezclan brillantemente los géneros narrativos del horror, la fantasía y la novela policial

 

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Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) ha revolucionado el género del terror en México con una imaginación poderosa y un bagaje cultural que lo mismo se nutre de la fascinación por las películas de Serie B producidas en Estados Unidos en los años setenta y ochenta del siglo pasado, como en su libro de cuentos Los niños de paja (Almadía, 2008) o de la nota roja mexicana, de la cual se han nutrido las tres últimas novelas que ha publicado el escritor, que conforman la saga del periodista Casasola, que dio inició con La octava plaga, (Ediciones B, 2011), en donde el periodista vio cómo su vida dio un vuelco y paso de escribir sobre cultura mexicana para conocer el horror y la fascinación de los hechos más extraños e inverosímiles que sólo en las páginas de la llamada nota roja pueden encontrar espacio. En la segunda entrega de la novela de la saga Toda la sangre, publicada por la editorial Almadía en el 2013, Eugenio Casasola se enfrenta al “asesino ritual”, quien va dejando huellas en el centro de la Ciudad de México, siempre en espera del advenimiento del apocalipsis.

Las novelas de la saga Casasola mezclan brillantemente los géneros narrativos del horror, la fantasía y la novela policial, para generar en el lector una tensión permanente. El mundo de Casasola es el mundo ordinario, real, pero en donde existen “recovecos por donde se cuela el mundo de lo inexplicable”, como nos dijo el autor en entrevista sobre la más reciente entrega de la saga Casasola Carne de ataúd, publicada también por la editorial Almadía, y en la cual el protagonista ya no es Eugenio, sino su abuelo del mismo nombre, quien tendrá que lidiar ahora con los demonios que andan sueltos en la Ciudad de México de principios del siglo XX, en donde no pasa nada sin la venia del dictador Porfirio Díaz.

Eugenio Casasola, el abuelo, es también periodista y trabaja para el periódico porfirista El Imparcial, pero su labor y su vida darán un vuelco cuando la mujer que ama, Murcia, sea cruelmente asesinada por el Chalequero, el primer asesino serial mexicano. O el primero que fue retratado por los incipientes medios de comunicación de la época, para dar inicio así a lo que ahora conocemos como la nota roja.

La pujante y desordenada Ciudad de México de finales del siglo XIX y principios del XX será retratada por la mirada del novelista, quien decidió reconstruirla a través de las palabras para permitirle al lector adentrarse en ese universo en el que conviven monstruos como la Bestia, otro asesino serial que anda suelto, pero que casualmente solo asesina a personas que critican al dictador, junto a los inventos modernos que sorprendían a los ciudadanos de la ciudad, como el telégrafo, la luz eléctrica, mientras que prácticas como el espiritismo se extendían y se hacían populares en las clases altas y educadas, y que le permitieron a Eugenio Casasola comunicarse con su amada Murcia y entender más de los peligros que lo acechaban en medio de toda esa sociedad vibrante pero injusta y desigual:

“Me interesaba mucho la época del Porfiriato y ya estaba coqueteando con la idea de escribir una novela histórica, pues he escuchado muchas historias familiares sobre la época, estas historias forman parte de todos nosotros, es el México en donde entra la modernidad, el telégrafo, el ferrocarril, pero al mismo tiempo sigue en un umbral donde las antiguas supersticiones siguen a flor de piel y se habla de la mulata de Córdoba, de la Llorona, de Don Juan Manuel, y la gente en los cafés aún hablaba de estas cosas, y ese umbral del México que está entrando a la modernidad y dejando atrás sus antiguas tradiciones, y empecé a investigar y cuando encontré el dato de que la nota roja nace en esa misma época eso fue la pinza que detonó la idea de hacer una novela histórica que se incluyera en la saga Casasola, y decidí que el personaje principal sería el abuelo de Casasola que me permitía darle una profundidad mayor a la exploración de la nota roja que había hecho en las dos novelas anteriores porque esto me permitía a hablar de los inicios de la nota roja.” Nos contó Bernardo Esquinca en entrevista cuando le preguntamos sobre el origen de esta última entrega de la saga Casasola.

Javier Moro Hernández (JMH): La fascinación por el centro de la Ciudad de México es una de las líneas narrativas que unen las tres novelas de Casasola, pero ahora el personaje del abuelo, al ser un andariego, te permite reconstruir la ciudad.

Bernardo Esquinca (BE): Era muy importante reconstruir bien los escenarios y darles una atmósfera, conocerlo muy bien, situarme dentro de la ciudad, y para eso recurrí a los cronistas de la época como Ciro B. Ceballos, que fueron de gran ayuda para mí, porque conocieron de primera mano esa ciudad, detalles como las farolas de luz, las iglesias, las calles, me permitían que mis personajes pudieran caminar, comieran, olieran esa ciudad, también era muy importante para mí poder reflejar los bajos fondos de la ciudad, la suciedad de ella, necesitaba que estuvieran los potreros del sur de la ciudad, la ruta de las pulquerías de la zona de La Villa, llenas de lodazales, todo eso me daba un sabor a mí y un color que me permitía narrar pero eso es algo que quería transmitirle al lector, situarlo dentro de las fondas y decirle que era lo que se comía en esa época, lo que bebían como el tequila, el pulque o el fosforito que se bebía cuando ya no traías dinero pero era importante darle todo ese color y además eso extiende mi exploración de la ciudad, que sin duda, es el personaje principal de esta saga.

JMH: Las leyendas populares, como La mulata de Córdoba, La llorona, sirven como trasfondo de la novela, pero también se enhebran por un lado con el personaje de la Bestia, este asesino que es mitad animal, mitad demonio, que anda suelto por la ciudad, pero también con el espiritismo, que es uno de los temas de esta novela, porque funciona como hilo entre el Casasola abuelo, protagonista de Carne de ataúd, y el Casasola protagonista de Toda la sangre y de La octava plaga.

BE: Eso tiene que ver con las supersticiones, creo que en México somos una mezcla de pensamiento mágico, religioso y supersticioso desde la época prehispánica y en la épica colonial, aunque no nos ha abandonado, ni mucho menos, necesitamos respuestas y las buscamos a través de las supersticiones, queremos seguir hablando con el mundo de lo invisible y el esoterismo es una herramienta que permea muchas áreas de nuestra vida cotidiana, es uno de mis temas como escritor, creo que está en el ADN de los mexicanos, todas estas figuras, todas estas leyendas tienen un influjo en este momento histórico, pero además están las anécdotas de los nombres de las calles, desde Luis González Obregón, Artemio del Valle Arizpe, por ejemplo, el mismo Héctor de Mauleón, cronistas que rescatan todas estas memorias que parece que se desmoronan ante nuestros ojos pero que están ahí, vivos, presentes y nos dicen de dónde venimos y quiénes somos, y en la época del Porfiriato estaban muy a flor de piel, y es que además estos espectros jugarán un papel en la novela que cerrará el ciclo Casasola, pero estos mitos como La mulata de Córdoba, La llorona, entre otros, estarán presentes en la siguiente de la saga, entonces era importante mencionarlos acá para hilarlos en la siguiente etapa.

JMH: El espiritismo jugó un papel sumamente interesante a lo largo de este cambio de siglo, aquí aparece Francisco I. Madero como uno de tus personajes, que va a dar pie a la modernidad política a través de la Revolución, es un practicante del espiritismo, lo mismo que Casasola abuelo, es decir no parece haber contradicción entre ser un hombre racional, de tu tiempo y querer comunicarte con el más allá.

BE: Claro, es algo que en otros lugares ocurría un poco antes, por ejemplo en la Londres victoriana estaba muy presente hubo detectives de sillón, que eran mujeres espiritistas, que trataban dar con la identidad de Jack el Destripador vía el espiritismo y en México llegó poco después, era algo que estaba en el ambiente, porque si bien era un mundo que estaba abriéndose a la modernidad que sin embargo no tenía respuestas claras, era un choque entre la ciencia, que estaba naciendo, y las antiguas supersticiones, el mundo material con el mundo inmaterial, pero en el Porfiriato la élite en el poder eran seguidores de la teoría del Positivismo pero de burla eran llamados Los científicos, es decir, era un mundo que se abría, que abrazaba a la modernidad y todo lo que está conllevaba pero que a la vez no dejaba atrás a los fantasmas, que es algo que me gusta mucho, por más que ya existía la ciencia como una disciplina que explica el mundo todavía existen mucho recovecos que la ciencia no alcanza para explicar el mundo y es justo eso lo que a mí me interesa, esos recovecos por donde se cuela el mundo de lo inexplicable y de lo que aún no tiene respuesta, y en ese cambio de siglo estaba a flor de piel.

JMH: Los personajes de Carlos Roumanag, el policía que intenta explicar los comportamientos criminales a través de una ciencia que se estaba construyendo y que en realidad estaba llena de prejuicios raciales y sociales y el Chalequero, el primer asesino serial mexicano, en eso que serían los inicios de la nota roja en nuestro país.

BE: En el caso de Carlos Roumanag me parece un personaje histórico muy interesante, es el pionero de la criminalística en México, pero como muchos de los pioneros en muchos campos estaba errado en sus ideas pues se basaban mucho en el prejuicio de cómo era tu aspecto físico y que tu aspecto delataba que eras un asesino nato, algo que sabemos gracias a la ciencia de que es errónea, pero que en ese momento histórico, durante el gobierno de Porfirio Díaz, estaba muy en boga porque le permitía al régimen justificar la enorme brecha económica que se estaba produciendo entre la élite privilegiada por el dictador y el pueblo, y por supuesto bajo esta teoría cualquier persona del pueblo era un criminal en potencia, esto les daba las supuestas bases científicas para criminalizar al pueblo, para alejarlos y entonces abrazaron estas teorías porque ayudaba a justificar la violencia con la que la dictadura reprimía, y el mismo periódico El Imparcial, cercano a Porfirio Díaz, le dio un gran despliegue a la historia del “Chalequero”, porque era el paradigma de esta cuestión, el tipo que venía justo de ese estrato y era un asesino sanguinario, entonces las teorías criminalísticas funcionaron herramienta para mantener al pueblo a raya.

JMH: ¿Cómo llegaste a la historia de este primer asesino serial mexicano, el Chalequero? Un asesino que, como nos cuentas, fue muy famoso en su momento, pero que después fue borrado por la historia y sustituido por Goyo Cárdenas de este puesto del “primer asesino serial mexicano”.

BE: Cada época tiene un asesino que es emblemático de ese momento y que funciona como un reflejo de ese periódico histórico y Goyo Cárdenas fue el asesino emblemático del Alemanismo, lo que le permite tener una mayor visibilidad mediática, del Chalequero hay datos pero además refleja claramente los vicios del Porfiriato en todos los sentidos, tanto, es una síntesis de su época y di con él navegando en internet pero lo que me llamó la atención es que empieza a asesinar en el mismo año en el que Jack el Destripador está desatando el terror en Londres, 1888, y ambos mataban prostitutas, lo que me hizo suponer que nosotros tuvimos a un monstruo parecido a Jack el Destripador, rondando en nuestras calles, esa casualidad me llamó poderosamente la atención.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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