Opinión

El Grito de Córdoba y la UAA / Tlacuilo

 

En este, que es el último Tlacuilo, comenzaremos por referirnos a los tres símbolos patrios que, de acuerdo con nuestra Constitución política, tenemos en México: el Escudo, la Bandera y el Himno nacionales. La fecha destinada para honrar el símbolo de la Bandera en todos los rincones de la Nación, es el día de hoy.

Aniversario de la UAA. Pero en este día debería conmemorarse, además, otra fecha relevante: la transformación del Instituto de Ciencias en Universidad Autónoma de Aguascalientes, mediante la ley orgánica correspondiente que fue insuficientemente analizada y aprobada con correcciones mínimas por el Congreso, después de lo cual fue avalada por el gobernador, quien ordenó promulgarla mediante su publicación en el periódico oficial, órgano del Gobierno Constitucional del Estado, el domingo 24 de Febrero de 1974; eso significa que la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Aguascalientes quedó en vigor en esa fecha. Por tanto, el día de hoy cumple 43 años de edad.

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Sin embargo, cuando preguntamos a estudiantes y profesores de esa institución académica cuál es la fecha de su fundación, los que parecen mejor informados nos dicen que el 19 de junio del pasado año 2016 cumplió 43 años y que el presente año cumplirá 44.

Ya tenemos una discrepancia con los funcionarios de la UAA respecto de la fecha de su origen histórico, porque ellos se niegan a reconocer que la fundación del Instituto ocurrió en 1849.

Pero hasta ahora también, los funcionarios de la UAA insisten en que el Instituto fue fundado dieciocho años después.

Y la misma actitud han asumido los funcionarios de la UAA desde hace 43 años con la fecha de su transformación porque, puerilmente, se niegan a celebrar sus conmemoraciones anuales en la que legalmente les corresponde -como es probable que tampoco lo hagan el día de hoy- pues para ellos su fundación válida la siguen situando el 19 de junio de 1973, ocho meses antes de la promulgación de su Ley Orgánica, con lo cual han manifestado, permanentemente, desprecio por los organismos del Estado, sin cuya participación no existiría la institución que les da el sustento.

¿Pero cuál es el hecho que para ellos tiene mayor significado que la fecha en que el Instituto fue transformado legalmente en Universidad?

Megalomanía. La explicación, simple, la encontramos en otro párrafo del discurso de toma de posesión del actual rector, en el que afirmó: “A nivel global, vemos cómo se disparan los fanatismos religiosos y políticos; pero hay otro fanatismo igualmente preocupante: la megalomanía.”

El 19 de junio de 1973 el último rector del Instituto entregó a cada uno de los miembros del Consejo Directivo un grueso paquete que contenía -según la nota periodística del día siguiente- los documentos fundacionales de la futura universidad que en el transcurso de dos horas les explicó verbalmente.

Por otra parte, los integrantes del propio Consejo, sin haber tenido la oportunidad de leerlo previamente y mucho menos analizarlo ni discutirlo, aprobaron su contenido en una actitud acrítica y sumisa, es decir, antiuniversitaria. Al menos así lo describió la misma nota periodística por la que tuvimos que enterarnos que un asunto de tal magnitud se estaba fraguando en secreto al margen de la comunidad universitaria -estudiantes y profesores- a la que nos atañía como directos interesados.

A partir del año siguiente, 1974, el mismo rector celebró el primer aniversario de la UAA el 19 de junio, a pesar de que, de acuerdo con la ley, debería celebrarse el 24 de febrero de 1975. Y desde entonces se hace lo mismo cada año, en un aparatoso y extravagante culto a la personalidad. A eso se le llama megalomanía, palabra que según el diccionario de la lengua española significa “manía o delirio de grandezas”.

Con ésta, entonces, son ya dos mentiras congénitas sostenidas por los funcionarios de la UAA, pero ya no tenemos la intención de proponerle nada al ciudadano rector porque nos queda claro que al no darnos respuesta a la primera, su posición será la misma de los anteriores: al tomar posesión de sus cargos prometen actuar con “…humildad, confianza, respeto, cordialidad, pluralidad, sensibilidad, compromiso, congruencia, inclusión y diálogo” pero como tienen un miedo cerval a la manifestación del pensamiento crítico, guardan cauteloso silencio cuando los mensajes no van envueltos en incienso.

Atcon, o el imperialismo universitario. Rudolph P. Atcon fue un agente del gobierno estadounidense en la Unesco, donde a partir de 1958 se dedicó a deformar universidades públicas de algunos países latinoamericanos, pero sabía que mientras no lograra su propósito en universidades mexicanas le sería difícil continuar penetrando en otros pues ya empezaba a esparcirse la fama de su perniciosa influencia.

Lo que él hacía era sustituir el propósito de servicio a la nación de la universidad latinoamericana e imponer el criterio mercantil de las empresas de enseñanza superior en los Estados Unidos, específicamente las departamentales, que le dan prioridad a la organización administrativa por sobre la organización académica, pues lo importante es reducir costos para competir con ventaja a fin de obtener la máxima ganancia; por otra parte, destruía el sistema de escuelas y facultades o por lo menos les cambiaba la terminología para unificarla con las del imperio estadounidense, con lo cual los estudiantes y profesores de nuestras naciones se van olvidando de nuestras prioridades e identificando con las del imperio, a cuyo servicio se adaptan más fácilmente.

A míster Atcon no le resultó fácil la tarea en México; repentinamente, sin embargo, encontró buena acogida por parte de un rector de mentalidad empresarial que aceptó gustoso su proyecto: el de Aguascalientes, a quien por la experiencia de los rechazos que había sufrido seguramente le recomendó que no lo mencionara y nos dijera que el novísimo sistema departamental era de su invención.

Pero he aquí que de una visita relámpago en la que vino a supervisar su obra resultó un minúsculo reportaje publicado en El Sol del Centro, que nos alertó de inmediato a José Antonio Chávez Paura, que había conocido la nefasta obra de Atcon en Chile y a mí, que la había conocido en Honduras; la estudiamos y llegamos a la conclusión de redactar un desplegado que se publicó en el mismo periódico el domingo 24 de junio, en el que reconocimos la habilidad del rector para conseguir abundantes recursos, pero lo combatimos en cuanto a sus escasos conocimientos académicos universitarios que lo condujeron a adoptar aquél modelo extranjerizante y lo exhortamos a difundir el texto del proyecto de ley orgánica para corregir el error de no haberlo sometido a consideración de la comunidad universitaria, aprovechando que el gobernador le había regresado el que le entregó, con el mismo propósito.

Nada se consiguió; el gobernador evadió el enfrentamiento y el Instituto perdió automáticamente su afiliación a la UNAM al transformarse en universidad aparentemente departamental. Y coincidencia o no, la educación universitaria en México se deterioró a tal grado que en treinta años, de una docena de buenas universidades públicas y si acaso tres privadas que había en la República, con la changarrización académica promovida por Vicente Fox, en 2003 aparte de varios cientos de registradas en la SEP -muchas de las cuales no reunían los requisitos mínimos de calidad- había también más de mil 800 no acreditadas, vulgarmente conocidas como “universidades patito, que también expedían títulos fraudulentos” y continuaron aumentando con Felipe Calderón.

El grito de Córdoba. Para quienes estén interesados en la historia de la Universidad para aplicarla a su realidad, les recomiendo estudiar la Reforma Universitaria que arrancó en la provincia de Córdoba, Argentina, en 1918 y se extendió rápidamente a toda la región latinoamericana. Después de la reforma napoleónica que arrebató a la Iglesia católica el control de la enseñanza al derrotar al Sacro Imperio Romano Germánico en 1806 para entregarla al Estado bajo la ideología liberal, pública, laica, profesionalizante y expedidora de títulos; o de la idealista alemana de Guillermo de Humboldt en 1810, enfocada a la unidad enseñanza-investigación que convirtió a Prusia en una potencia científica de primer orden, la reforma latinoamericana de Córdoba dirigió todo su potencial a independizar a la Universidad no solo del control de la Iglesia sino también del control del Estado mediante la autonomía y el autogobierno que le permitan avocarse a la organización del saber con un enfoque social humanista para beneficio de la sociedad, sin presiones de ninguna naturaleza.

Revolucionó a la intelectualidad latinoamericana de la época; en México inspiró a José Vasconcelos en su etapa más productiva al frente de la Secretaría de Educación Pública y estimuló la lucha por la autonomía de la Universidad de México, alcanzada a medias en 1929 y en forma completa en 1933, es decir, autogobernarse sin intervención externa alguna; pero eso no podía durar: en 1945 el gobierno de Miguel Alemán intervino para “reorganizar” la UNAM y en ese fatídico momento aprovechó para introducir un elemento perturbador que acabó con la democracia que con tanto esfuerzo se había alcanzado en 1933: la Junta de Gobierno, nocivo instrumento copiado por Alfonso Caso de los Boards of Trustees (Comités administrativos) de universidades empresariales estadounidenses. La palabra “autonomía” continuó en el texto de la ley orgánica, pero solo como elemento ornamental.

Y en 1964 el Instituto de Ciencias de Aguascalientes uniformó su Ley Orgánica con la de la UNAM, al incorporar también la malhadada Junta de Gobierno que acabó con su autonomía. Así pues, al tranformarse el Instituto en Universidad Autónoma de Aguascalientes simplemente le heredó la autonomía de fachada que ya tenía, que es simplemente decorativa porque no son los estudiantes ni los profesores -únicos elementos insustituibles de la Institución- sino el ínfimo grupito que integra la Junta de Gobierno quien designa a sus “representantes y autoridades” y los que en un momento pueden mover el fiel de la balanza a favor de intereses externos indeseables. Los procesos electorales solo son una farsa a la que todos se prestan ingenuamente.

Actualmente, las universidades públicas latinoamericanas no solo sufren carencias: padecen intromisión de los centros de poder económico y político nacionales y extranjeros. Necesitamos liberarlas de tan funesta presión, empezando por suprimir su principal instrumento que es la Junta de Gobierno.

Para ello tenemos la herencia del Grito de Córdoba que no se ha extinguido; está latente y se manifiesta de tiempo en tiempo, como cuando los estudiantes de todo el mundo se manifestaron en 1968 a la vez en Europa, en Asia, en Estados Unidos o en América Latina y especialmente en México, no sólo por la autonomía universitaria sino también en contra de la guerra y la represión, así como en defensa de los derechos humanos.

El año próximo se cumplirá un siglo del Grito de Córdoba. Bien harían los estudiantes y profesores preocupados por el futuro de la Universidad, comunicarse con los estudiantes y profesores libres de toda América Latina para conmemorar el acontecimiento y estudiarlo para aplicarlo en su realidad en todo aquello que consideraran conveniente. Con la ventaja de que ahora cuentan con la tecnología necesaria para hacerlo sin necesidad de trasladarse físicamente.

Tlacuilo se despide. Pero queda su testimonio en la sección Opinión de La Jornada Aguascalientes, en el enlace http://www.lja.mx/?s=Tlacuilo para quien desee asomarse a su producción, en su mayor parte crítica, que quizás otros continúen. El autor agradece a Jorge Álvarez Máynez y a Manuel Appendini, la gentileza con que lo recibieron al incluir su colaboración desde el primer viernes de su aparición en Aguascalientes; a Francisco Miguel Aguirre Arias, su actual director, en quien ha encontrado fraternal comprensión y apoyo; a Edilberto Aldán, su actual director editorial, por su paciencia y don de gentes no para tolerar sino para atender y resolver con atingencia y cordialidad cuanto problema le planteé. Y para todos los compañeros de la empresa que de una u otra forma participan en la diaria tarea de entregar un número más, para contribuir al desarrollo cultural de nuestra patria chica.

 

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

 

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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